Un acuario no es el océano



Amigos de la Tierra analiza los impactos de las plantaciones sobre la soberanía alimentaria

Durante el Foro Social Mundial, además de la actividad que se desarrolló para analizar el rol de las plantaciones y los mecanismos de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD) a comienzos de la semana pasada, se llevó a cabo un taller en el que se puso sobre la mesa el impacto de las plantaciones sobre la soberanía alimentaria. A modo de mesa redonda, distintos ponentes de grupos de Amigos de la Tierra compartieron las experiencias en sus países con los participantes del taller, que fueron a su vez expresándose sobre la situación en sus regiones una vez terminadas las exposiciones de los activistas ambientalistas.
Durante el taller, desfilaron las realidades de Colombia, Brasil, Uruguay, Argentina y Costa Rica, en una charla amena donde las distintas experiencias fueron mostrando las aristas de un problema global, que se ha impuesto con ferocidad en América Latina.
Terminada la actividad, Radio Mundo Real pudo conversar con dos de los expositores de la misma: Eduardo Sánchez, de Amigos de la Tierra Argentina, y Diego Cardona, de CENSAT- Agua Viva, el grupo colombiano de la federación ambientalista.
Sánchez hizo énfasis en que una plantación en carácter de monocultivo era muy diferente a un bosque, dado que “la biodiversidad natural y cultural que tiene un bosque nunca va a ser igualada por una plantación”. Explicó a su vez que las plantaciones son en general de una sola especie, que tiene la misma edad, y que tiene un fin exclusivamente comercial, mientras que un bosque “encierra una cantidad de valores espirituales para las comunidades”, y su riqueza es muy amplia en términos sociales y ambientales.
Este punto también fue abordado por Cardona, quien declaró que “decir que una plantación –como dice por ejemplo la definición del convenio de cambio climático- es un bosque, es como afirmar que una pecera es el océano”. Por más grande que sea una pecera “no va a poder tener allí toda la diversidad de vida que uno va a encontrar en el océano”, afirmó.
Señaló a su vez que lo mismo pasa con las plantaciones. “Por más que se quiera poner una plantación de eucaliptos o de pino (…) nunca, nunca, va a ser similar en términos biológicos a un bosque. Pero lo que es peor aún, y es la diferencia más fuerte, es que nunca va a poder representar culturalmente, espiritualmente, organizativamente, políticamente, lo que representan las selvas para las comunidades locales, que viven y dependen de esas selvas”, indicó.
Cardona marcó a su vez que las plantaciones en régimen de monocultivo amenazan a la soberanía alimentaria, porque compiten por el territorio con las comunidades. Indicó que las comunidades locales “precisan del territorio, y precisan de la tierra, para poder hacer efectiva la soberanía alimentaria”.
Asimismo, el activista se refirió al marco legal, al que consideró acorde con las necesidades de las empresas del agronegocio, que adaptaban las leyes a su conveniencia, y obtenían beneficios que nunca llegan a alcanzar las comunidades.
No obstante, Sánchez explicó que en Argentina existe una legislación –conocida como “Ley de Bosques”- que frena los desmontes o la destrucción del monte nativo. Sin embargo, el activista afirmó: “uno de los problemas, y creo que es una jugada política de algunos sectores apoyados por las grandes empresas, es que esa ley no se reglamente, o se reglamente omitiendo puntos de la ley que son fundamentales, como la participación de las comunidades, de las personas y de las organizaciones de la sociedad civil, en el ordenamiento territorial de las provincias”.
Y agregó: “Evitando eso, van a tener vía libre para zonificar el territorio a conveniencia de las empresas que hoy lo ocupan, con el aval de los gobiernos locales”.
Foto: http://www.flickr.com/photos/matt_hintsa/

Entradas populares de este blog

Científicos declaran oficialmente el fluoruro (flúor) como una neurotoxina

Francia: ‘Mi orina contiene glifosato, ¿y la tuya?’ Denuncia contra el polémico herbicida

Japón decidió deshacerse de todos los hornos de microondas en el país antes de finales de este año