La educación ambiental, primer paso hacia la evolución






Hay algunas preguntas de las que comúnmente llamamos “existenciales” cuyas respuestas podrían ofrecernos mucha información respecto de cómo y por qué hemos llegado, como especie, hasta este punto que pareciera no tener retorno, y si seremos capaces de salir.
Nos referimos a preguntas del tono de ¿El Hombre al nacer es bueno o malo? (no es necesario para este análisis definir que es bueno y que es malo). ¿Nacemos con características de solidaridad o de individualismo?, ¿En nuestra herencia genética está compartir o somos egoístas por naturaleza?, ¿Somos intrínsecamente ambiciosos o tendemos hacia el altruismo?. Y así podríamos seguir con algunas otras.
Para comenzar este análisis, como primer término deberíamos poder distinguir con bastante precisión, cuáles son las características de nuestra personalidad con las que nacemos y cuáles nos van siendo inculcadas desde el nacimiento mismo, o quizás un poco antes, a través de lo que perciben nuestros sentidos del comportamiento de otros seres humanos.
Nuestro patrimonio genético no sólo determina nuestras características físicas, sino que además de eso contiene información que tiene que ver con nuestra personalidad, aptitudes, etc.
Sin embargo las experiencias y vivencias que vamos acumulando en nuestras vidas según el medio en que vivimos, la educación que nos proporcionan, y lo que perciben nuestros sentidos van forjando, en algunos casos acentuando y en otros “olvidando” algunas de las características de personalidad con las que nacemos.
Tal es así que por ejemplo un niño que ha sido abusado o golpeado de pequeño, al crecer tiene muchas mas posibilidades de convertirse en un abusador o golpeador. Quien se cría en un entorno violento, muy probablemente considere a la violencia como algo natural e incorpore esa característica a su comportamiento adulto. Por el contrario, quien durante su infancia esté rodeado de seres solidarios y altruistas tendrá mayores chances también de serlo.
Entonces podríamos inferir que, si bien nacemos con una gran cantidad de información genética, la influencia del entorno, especialmente durante los primeros años de nuestras vidas, tiene mucha importancia en las características de nuestra personalidad futura. Esto no significa que dos niños criados en el mismo ambiente tendrían la misma personalidad, ya que esta se va formando no solo por la información genética que traemos y el ambiente que nos rodea, sino también por una interrelación del niño con ese medio ambiente. 
Vemos de esta forma la verdadera importancia, para un cambio radical en la conducta social y ambiental del ser humano, de la educación.
La incorporación de valores ambientalistas en los niños, tanto por parte de las instituciones educativas como de sus propios progenitores y todo aquel con el que éste niño tenga contacto en su temprana edad, lo “convertirá” o al menos aumentará en un alto grado las probabilidades, de que sea un ser con un gran respeto por el cuidado del medio ambiente.
La esperada evolución del ser humano hacia una visión mas altruista, punto de partida obligado para transformar al mundo en un lugar mas justo y solidario, con conciencia ambiental y social, depende entonces en gran medida de la educación ambiental y social, tanto institucional como familiar que reciba.
Pongamos entonces nuestro mayor empeño en este rubro, sembremos en nuestros niños esas semillas y, mas pronto que tarde, nos daremos cuenta de que el cambio es posible y que ya está en marcha.

Ricardo Natalichio

www.ecoportal.net

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Concluyente: Los video games violentos hacen más agresivos a los niños


NOVA RES

Un reciente estudio que analizó más de 130 informes que involucraban a más de 130 mil niños y jóvenes en todo el mundo prueba concluyentemente que la exposición a juegos de video violentos los hace más agresivos, independientemente de su edad, sexo o cultura.

El estudio, dirigido por Craig Anderson, profesor de la Universidad del Estado de Iowa que ha dedicado buena parte de su vida a investigar sobre este tema, fue publicado en marzo de este año en Psychollogical Bulletin, un journal de la American Psychological Association.

Según afirma, la exposición a video games violentos es un factor causal de riesgo para aumentar los pensamientos y comportamientos agresivos y disminuir la empatía y los comportamientos prosociales de los jóvenes.

En el trabajo se analizaron investigaciones hechas en culturas orientales y occidentales con distintos métodos experimentales y en todos los casos se encontraron los mismos efectos perjudiciales: aumentan las posibillidades de comportamientos agresivos tanto en el corto como en el largo plazo. Además, aumentan los pensamientos y los sentimientos agresivos, disminuyendo los comportamientos positivos dirigidos hacia la sociedad.

El estudio fue conducido por un equipo de seis investigadores estadounidenses, entre los cuales estaba Hannanh Rothstein, destacada en el procedimiento meta analítico, y los dos principales investigadores japoneses sobre esta temática, Akiko Shibuya, de Keio University y Nobuko Ihori, de Ochanomizu University.

El equipo utillizó procedimientos meta analíticos, métodos estadísticos que se usan para analizar y combinar resultados procedentes de otros trabajos científicos. De este modo testearon los efectos de los video games violentos sobre los comportamientos, pensamientos y sentimientos de chicos desde la escuela primaria hasta aproximadamente los 18 o 19 años. La investigación también incluyó nuevos datos que confirmaban que los juegos violentos de video games son factores causales de riesgo a largo plazo.

El análisis encontró que los efectos negativos son significativos tanto en las culturas orientales como en las occidentales, en hombres y mujeres, y en todos los grupos etarios.

Los investigadores plantean que ya no hay que seguir preguntándose si estos juegos son o no negativos, ya que la evidencia es concluyente al respecto, sino más bien interrogarse sobre cómo hacer más fácil para los padres, dentro de los límites de la cultura, la sociedad y las leyes, brindar a sus hijos una niñez más sana.

Según Anderson, llevará tiempo crear e implementar nuevas políticas efectivas en torno a este tema. Y hasta entonces, son sólo los padres los que pueden hacer algo al respecto para proteger a sus hijos de estos nocivos video games. Así como los padres manejan la dieta de sus hijos en el ámbito de su hogar, también deberían controlar lo que consumen cuando de juegos de video se trata, y explicarles por qué ciertos juegos no son convenientes y no están permitidos. El mensaje en tal sentido debería ser que siempre hay que buscar soluciones más constructivas para enfrentar los desacuerdos y los conflictos y que la violencia no es un camino adecuado.

Para Anderson, que fue distinguido este año por la American Psychological Association, este fue su último estudio sobre los video games violentos, ya que está totalmentre segudo de que estos descubrimientos son concluyentes y definitos. Algo para que los padres y madres tengan en cuenta de aquí en más.

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