¿Dónde van a morir los ideales cuando los abandonamos?





GUILLERMO LUCIANO

Dicen los que saben que no existe droga mas adictiva que el poder, poder
en serio, con mayúscula, no del poder ramplón y acotado de un policía o un
funcionario, sino del poder de un gobernador ó un presidente, por ejemplo,
que puede modificar para bien o para mal la historia de decenas de miles e
incluso de millones de personas.
Y algo así pasa, porque absolutamente todos los que lo ejercen alguna vez,
después persisten reiteradamente en intentar volver a tenerlo con un afán
y determinación absoluta, mas pertinazes en su intento, que los adictos a
las drogas duras o al sexo. Mas allá de los métodos y de la ética, de los
costos humanos y económicos, mas allá de todo.
Pero hoy lo que nos inquieta no es eso sino el para qué quieren el poder.
Si uno les preguntase a los “damnificados” por este vicio
contestaran, como lo hacen invariablemente, que aspiran poseerlo por una
infinita vocación de servicio y sacrificio, para lograr construir una
sociedad y/ó un mundo mejor.
Por eso cuando, y solo a modo de ejemplo, en el desarrollo de sus
responsabilidades se quedan con “vueltos” y hacen “negocios” con los
fondos públicos, explican que no lo hacen para ellos, sino porque “para el
partido, porque para hacer política se necesita plata” entonces “roban
para la corona”.
Pero hoy lo que nos interesa es hablar de lo que ocurre con los ideales.
La herramienta de seducción al electorado, para acceder a los cargos, es
ofrecerles un ideario a los electores que los convenza que si votan al
oferente, se cumpliran todos los sueños, para alegría de todos.
Aunque inexorablemente, una vez electos, los ataca una severa epidemia de
“posibilismo” y los ideales, se postergan porque “por ahora y dadas las
condiciones objetivas no es posible concretarlos”
Esto es lo habitual, aunque a veces pasa peor, como el interregno en que
gobernó el caudillo de las patillas, en la última década del siglo pasado,
que asumió recitando libretos patrioteros y nacionalistas, prometiendo
salariazos y bendiciones varias, para inmediatamente asumido, hacer
exactamente lo contrario a lo prometido mientras aclaraba con absoluto
desenfado…”si les hubiera dicho lo que realmente iba a hacer no me
hubiera votado nadie”, mientras tanto sus adláteres, “robaban para la
corona” bebíendo alegremente pizza con champan.
Lo mismo pasa en Uruguay.
Cuando el presidente Vázquez estaba en campaña, prometía que “nunca los
países del norte rico vendrán a instalar sus industrias basura a
nuestros países del sur”.
Para una vez asumido ser el soldado mas eficaz
en la defensa de la intrusión de estos intereses coloniales en la patria
charrúa. Mas allá de la dignidad incluso, como cuando pidió a BOTNIA que
detuviera la construcción de la pastera por unos días y los
finlandeses le hicieron pito-catalán y siguieron impertérritos con sus
planes.
Su  sucesor, el Pepe Mujica, ídem de ídem, antes de subir a la
magistratura, prometió en reservada reunión, a algunos interlocutores
calificados, que… “si se demuestra que BOTNIA contamina la cierro”.
Luego se demostró el desastre que esta haciendo y no la cerró.
Ahora, y mientras el “Pepe” le tiene que explicar a su almohada, las
razones por las que envió la policía a reprimir a los empleados
públicos de su país, empleando la fuerza, después de toda una vida de
defender los derechos de los trabajadores, Vázquez ha iniciado su camino a su segundo
período, mostrando que también lo ha picado el bichito de la ambición de
poder. Entonces nos encontramos nuevamente con la pregunta del título
¿Donde van a morir los ideales cuando los políticos los abandonan?
Como diría mi tía Pancracia:…”nadie carajo lo sabe”

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