Hasta cuándo permitimos que la historia se repita?



Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida.
No hay necesidad de escarbar demasiado en la historia mundial para percatarse de cómo se realizaron la mayor parte de las conquistas territoriales y por el control de recursos. Con contadas excepciones, estas se llevaron adelante arma en mano y a punta de engaños. Se podría concluir también que no hay conquista armada sin la compañía de “guerra sucia”. Es mas, en muchas ocasiones esta hasta vuelve innecesarias las armas. O sea, como se dice elegantemente “todo vale” para conseguir el suculento botín. Valen los “caballos de Troya”, valen los pactos secretos y tratados a ser incumplidos, valen los montajes, las intrigas y asesinatos de figuras clave, el espionaje, la mentira y corrupción, las alianzas con enemigos y hacer causa común aprovechando divisiones, ambiciones personales, envidias y otras bajas pasiones y visiones contrapuestas entre los lugareños. No en vano el slogan principal del Imperio Británico era “dividir para reinar”, el que llevado a la práctica les permitió mantener el poder en buena parte del planeta por siglos.
El actual mundo globalizado no es una excepción en esta forma de actuar. Aunque ahora los caballos de Troya, los espejitos, los tratados desechables, tienen otra apariencia. En eso no cabe duda que sí hemos evolucionado. Igualmente la corrupción, los disfraces, traiciones y divisionismo tal vez ya no tengan la apariencia de antaño y hoy llegan envueltos en forma de convenios, marketing, cheques y “lobbystas”.
Por desgracia, tampoco ha cambiado mucho a lo largo de la historia la ingenuidad de lugareños y estupidez de estados locales que suelen seguir tropezando con las mismas piedras y cayendo en las mismas trampas, a pesar de siglos de aprendizaje. Con eso suelen llegar a perderlo todo y convertirse con o sin querer en cómplices y súbditos de los invasores.
Nuestra particular realidad regional en todo esto tampoco es una excepción, con empresas forestales, mineras, pesqueras, salmoneras y de servicios, foráneas y megaproyectos refinadores de aluminio y represas hidroeléctricas que se pasean como por su casa a la sombra de una institucionalidad gubernativa permisiva a la medida y espectadora.
Así es como actualmente se puede observar empresas eléctricas dedicadas a impartir talleres de un cuanto hay, financiando hasta la implementación de aboneras, áreas verdes, edición de libros y espectáculos diversos, regalando desde poleras deportivas y uniformes de bomberos hasta electrobisturís y ambulancias, a lo cual últimamente se agregan unos “fondos concursables de fortalecimiento de organizaciones sociales”. Todo este actuar de “viejito pascuero” suele ir acompañado de su respectivo comunicado en que junto a algún simpático gerente aparecen la autoridad, los dirigentes y/o vecinos “beneficiados”.
Junto a “beneficiar” a municipios, juntas de vecinos y otras organizaciones sociales o deportivas, pequeños empresarios, sindicatos recién aparecidos y pobladores siempre necesitados, en este reemplazo del paternalismo estatal, las empresas provocan una contaminación psico-social y división en las comunidades no despreciable.
Esta claro que este proceder es para nada ético ni socialmente responsable, ni por parte de las empresas en su actuar corruptivo ni por parte del Estado en su “hacerse el leso neutral”.
Val preguntarse además que tan legal es. Eso, porque según ya se pronunció la Contraloría, servicios como las Municipalidades que son revisoras de estudios de impactos ambientales, no pueden hacer convenios con las empresas en evaluación. Y si en esos mismos estudios las empresas por ley deben especificar como compensarán los impactos que provocarían ¿qué tan licita es la “compensación adelantada” cuando esta tiene por objeto ganarse, corromper y dividir a quienes deben evaluar, son afectados o son críticos a sus proyectos? En lo demás ¿Cómo se justifica el que empresas con giro de generadora eléctrica realicen labores de pseudo fundación filantrópica, educacionales, editoriales, gubernamentales y varios otros totalmente ajenos a su quehacer?.
Sin lugar a dudas, es triste esto de constatar como se repite el mismo actuar a lo largo de la historia y constatar que autoridades y dirigentes que se supone tienen madurez cívica y cultural se presten por acción u omisión a caer en el mismo juego sucio que ha hundido a civilizaciones completas.
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