Flujo de agua dulce en el Ártico podría cambiar la Corriente del Golfo

Los científicos están monitoreando una gran piscina de agua dulce -por lo menos 7.500 kilómetros cúbicos- en el Océano Ártico que podría derramarse en el Atlántico y potencialmente alterar las corrientes oceánicas principales que dan a Europa occidental su clima moderado. De suceder esto, el resultado que más se notaría en la costa Atlántico de Europa probablemente sería un invierno mucho más frío, pues ya no no llegarían las corrientes oceánicas que traen calor desde los trópicos a través de la llamada cinta transportadora oceánica.
El nombre de esta cinta en oceanografía física es circulación termohalina, una circulación que transporta calor desde los trópicos hasta el Atlántico Norte, impulsada por las diferencias en el contenido de sal y los patrones de viento. El agua caliente del sur gana en la salinidad y se hace más pesada cuando se enfría. En su extremo norte, la corriente es aún más enfriada por el aire frío y se hunde, calentándose de nuevo y aumentando a medida que viaja hacia el sur.
Toda este agua dulce procede sobre todo del derretimiento del permafrost y el aumentando las lluvias, lo que está aumentando los flujos en los ríos siberianos que desembocan en el Ártico, como el Obi y Yenisei. Más agua proviene de la fusión del hielo marino, de acuerdo con Laura de Steur, científica del Real Instituto Holandés de Investigación Marítima citada por New Scientist, quien está vigilando la acumulación de agua. El seguimiento está siendo llevado a cabo como parte del Proyecto Clamer, en el que están involucrados 10 países europeos, para analizar el impacto del cambio climático en las aguas que rodean Europa.
El calentamiento global tiene su papel en esta historia, pues el derretimiento del hielo en el Ártico aumenta el riesgo de que se acumule aún más agua dulce, lo que podría hacer que las consecuencias de una eventual desembocadura en el Atlántico fuesen mayores, de acuerdo con de Steur.
Como explica New Scientist, hace unos 13 mil años se produjo un enfriamiento en el Atlántico Norte que sumió a la Tierra en una ola de frío breve conocida como la era Dryas reciente, que duró unos 1.300 años. Este fue el resultado de un influjo de agua dulce más grande del que se está acumulando ahora, pero algunos modelos climáticos sí que predicen que la circulación podría debilitarse en décadas venideras. El descubrimiento de esta piscina de agua dulce en el Ártico podría ser una muestra de cómo ocurriría este debilitamiento.
Vía | www.newscientist.com
Fotografía | RedAndr, Wikipedia