El declive de los grandes depredadores daña todo el ecosistema
La pérdida de la cúspide de la cadena trófica
facilitan la expansión descontrolada del resto
MIGUEL ÁNGEL CRIADO
Es un error pensar que la estabilidad de una pirámide depende sólo de la solidez de su base. Al menos, en el caso de los ecosistemas, su cúspide no es un elemento ornamental. Si los depredadores y los grandes herbívoros desaparecen, todo el sistema se resquebraja.
Un equipo internacional de 24 investigadores se ha fijado en algo poco estudiado aún, al menos a escala global: el impacto del declive de los grandes depredadores y herbívoros, la cúspide de la cadena trofica, en todo el ecosistema sobre el que se asientan. Una visión sesgada de la ecología los veía casi como aristócratas que vivían a costa de los demás animales y plantas. Sin embargo, son tan esenciales como la simple hierba. Su investigación, publicada en la presente edición de Science, sostiene que la pérdida de los consumidores de la cúspide de los ecosistemas "puede ser la influencia más decisiva de la humanidad sobre la naturaleza". Su declive está provocando cambios en todos los ecosistemas terrestres y marinos. "Al observar los ecosistemas casi siempre de abajo a arriba, los científicos y gestores de recursos se han centrado sólo en una parte de una ecuación muy compleja", dice el profesor de ecología y evolución en la Universidad de California en Santa Cruz, James Estes, coautor del trabajo. "Estos hallazgos demuestran que los mayores consumidores en la cadena alimentaria son factores de enorme influencia en la estructura, función y biodiversidad de la mayoría de los ecosistemas naturales", añadió.
La cúspide la forman animales los grandes felinos, lobos, bisontes, tiburones y ballenas y suelen ser grandes, de larga vida, y no se prestan fácilmente a su estudio en laboratorio. Como resultado, los efectos de su eliminación de los ecosistemas no son fáciles de medir. Sin embargo, esta degradación trófica, que han documentado analizando decenas de investigaciones previas, revela una extensa serie de efectos en cascada en los ecosistemas de todo el mundo, especialmente cuando se ven agravados por factores como las prácticas de uso de la tierra, los cambios climáticos, la pérdida de hábitat y la contaminación causados por el hombre. Este trabajo recoge algunos de los efectos negativos de la eliminación de la aristocracia ecológica. La disminución de la población de leones y leopardos en África subsahariana, por ejmplo, ha provocado que la población de babuinos, una de sus presas preferidas, aumente. Esto ha traído un aumento de la transmisión de parásitos intestinales de los babuinos a los humanos.
También, la caza industrial de ballenas en el siglo pasado dio lugar a la pérdida de una gran cantidad de grandes ballenas consumidoras de plancton. Ahora se sabe que ejercían un gran papel en la captura de carbono en las profundidades del mar mediante la deposición de sus heces. El resultado ha sido la transferencia de aproximadamente 105 millones de toneladas de carbono a la atmósfera que podrían haber sido sido absorbidas por las ballenas, lo que ha contribuido al cambio climático. "Tenemos que asumir que la eliminación de los grandes depredadores y herbívoros de la parte superior de la cadena trófica tendrá efectos significativos en el futuro de los ecosistemas", alerta la directora del Instituto de Ciencias para la Conservación de los Océanos de la Universidad de Stony Brook, Ellen Pikitch, organización que ha impulsado la investigación. Y añade: "Los esfuerzos para gestionar y conservar la naturaleza tiene que incluir a estos animales. Un viejo paradigma ha cambiado y aquellos que cuestionan esta teoría ahora tienen la carga de probar lo contrario".
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El tigre de Tasmania, perseguido por los pastores, no estaba dotado para cazar ovejas
El tigre de Tasmania tenía una mandíbula demasiado débil para derribar y matar a una oveja adulta. Este hallazgo, hecho por un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, pone en evidencia una injusticia ecológica: la persecución de una especie debido a un crimen que no pudo cometer. De hecho, su incapacidad para cazar presas grandes puede haber acelerado su desaparición.
Aunque las causas exactas de la extinción del Thylacinus cynocephalus -conocido también como tigre de Tasmania, tilacino y lobo marsupial- todavía son debatidas, se sabe que los colonos europeos de la isla pusieron precio a su cabeza y lo cazaron tenazmente. Los pastores de ovejas que se asentaron en Tasmania, donde habitaba la última población de este marsupial carnívoro superviviente para principios del siglo XX, lo acusaron de atacar y diezmar a sus rebaños. Fue ofrecida una recompensa por cada ejemplar de lobo marsupial al que se diera muerte.
M.R.G. Attard, U. Chamoli, T.L. Ferrara,T.L. Rogers, S. Wroe, de la Escuela de Ciencias Biológicas, de la Tierra y Medioambientales de la Universidad de Nueva Gales del Sur, estudiaron los factores de riesgo que han estado implicados en la extinción reciente de algunas especies, entre ellas el tigre de Tasmania. Uno de estos factores es la especialización de la dieta, que puede ser evaluada a partir del rendimiento biomecánico del cráneo del animal estudiado.
Para evaluar este aspecto del tigre de Tasmania, el equipo analizó elementos finitos tridimensionales de los cráneos en relación con los de dos marsupiales carnívoros que aún existen, cuyas dietas ocurrieron simpátricamente con la del tigre: el demonio de Tasmania, Sarcophilus harrisii, y quoll de cola manchada, Dasyurus maculatus.
En el abstracto del estudio, cuyos resultados han sido publicados en la revista arbitrada Journal of Zoology, los autores señalan que en los experimentos el cráneo del demonio de Tasmania produjo grandes fuerzas de mordida para su tamaño, pero las tensiones inducidas fueron sorprendentemente altas. En cuanto al quoll, mostró una fuerza de mordida relativamente alta y un cráneo relativamente rígido, lo que podría permitirle atacar a presas de tamaños variables.
En comparación con estos animales, el cráneo del tigre de Tasmania estaba menos adaptado para resistir fuerzas impulsado únicamente por su mandíbula y su musculatura de cierre. Para los científicos, estos hallazgos sugieren que el tigre de Tasmania consumía una presa más pequeña en relación a su tamaño.
Con una alzada de 60 centímetros y un peso de entre 20 y 30 kilogramos, difícilmente podría haber abatido a una oveja adulta. La dependencia de presas más pequeñas, objetivo de otros depredadores, pudo haber dificultado su supervivencia. La persecución de los pastores quizá fue la estocada final.
Vía | onlinelibrary.wiley.com
Fotografía | E. J. Keller
Fotografía | E. J. Keller

