La cara oculta de la energía nuclear

¿Alguna vez has oído que las centrales nucleares no contaminan? ¿Que no emiten CO2? Esto es una verdad extremadamente parcial, que sólo tiene en cuenta el uso puntual del combustible para obtener energía eléctrica en una central nuclear, no durante todo el ciclo de vida de la central, el combustible y su desmantelamiento.

Por: Clemente Álvarez

Pero la realidad es que la electricidad nuclear no surge de la nada sino que necesita de largos y contaminantes procesos hasta llegar producir la electricidad, y posteriormente de desecho de los residuos generados, que en su vida entera sí que suponen las emisiones de ingentes cantidades de gases de efecto invernadero y residuos.
Como ya hemos visto en Eco Lab con un aerogenerador o una placa fotovoltaica, para medir de la forma más rigurosa posible el impacto de cualquiera de estas instalaciones hay que tener en cuenta todo su ciclo de vida: la extracción de los materiales, la construcción de la planta, la gestión de los residuos producidos… Ahí sí se emite CO2.
Por supuesto, hay muchos otros aspectos relevantes sobre el impacto ambiental de una central nuclear aparte de las emisiones de efecto invernadero (medidas en CO2 equivalente). Pero esta cuestión es ya de por sí tan compleja que requiere analizarse de forma separada.
¿Cuánto CO2 emite una central nuclear a lo largo de todo su ciclo de vida? Paradójicamente, si esta pregunta resulta tan compleja es por el gran número de estudios que han querido darle respuesta. Pues sus resultados suelen ser muy dispares. Por un lado, la industria nuclear defiende que esta tecnología tiene una huella de carbono por kilovatio producido tan baja como la eólica (en torno a los 5-15 gramos de CO2/kWh). Pero por otro, algunos trabajos encuentran valores mucho más altos, muy por encima de cualquiera de las energías renovables (incluida la energía fotovoltaica). ¿Con qué versión quedarnos?
Un investigador de la Universidad Nacional de Singapur, Benjamin Sovacool, se propuso identificar los estudios más actualizados y transparentes. Su trabajo, publicado en 2008 en Energy Policy, cubría 103 análisis de ciclo de vida sobre emisiones de centrales nucleares, de los que fue descartando los más antiguos (anteriores a 1997), los que fuesen poco accesibles y aquellos que siguiesen una metodología que no pudiese compararse con el resto o que generasen dudas. Al final, se quedó con 19 estudios(1), con una horquilla de resultados bastante amplia: Nada menos que entre 1,4 y 288 gramos de CO2/kWh. A partir de todos estos trabajos, el investigador de Singapur calculó para la huella de carbono de una central nuclear un valor medio de 66 g CO2/kWh, lo que estaría por encima de todas las energías renovables, aunque todavía bastante por debajo del gas o el carbón.
“Lo de los 66 g CO2/kWh es un promedio, pero muchas plantas nucleares, como las de Asia, obtienen peores resultados, pudiéndose acercar a las emisiones de las instalaciones eléctricas de gas”, asegura vía email este investigador, que lo achaca a la baja calidad del mineral de uranio empleado para el combustible nuclear de estas centrales.
Para conocer realmente las emisiones de un reactor nuclear habría que estudiar cada caso concreto, en cada país concreto. Sin embargo, en España no se han realizado estudios de este tipo, como asegura el Foro de la Industria Nuclear.  Esto requeriría analizar las emisiones de efecto invernadero generadas en todas las etapas de una central española: en la extracción del uranio y en la elaboración del combustible nuclear, en la construcción de la planta, a lo largo de sus cerca de 40 años de funcionamiento, en su desmantelamiento al final de su vida útil y en el confinamiento de sus residuos radiactivos.
Se estima que para construir un reactor nuclear tipo, de agua a presión (PWR) y 1.000 MW de potencia, se necesitan unas 170.000 toneladas de hormigón, unas  32.000 toneladas de acero, unas 1.363 toneladas de cobre y otras 205.464 toneladas de otros materiales, algunos de los cuales requieren de mucha energía. Se trata de instalaciones muy robustas y complejas. Sin embargo, según los valores medios de los 19 estudios seleccionados por Sovacool, esta etapa de construcción sería justamente la que menos CO2 generaría en toda la vida del reactor, siendo la que más la fabricación del combustible nuclear, y luego el desmantelamiento de la planta y la gestión de los residuos radiactivos (calculado para un periodo de 100 años hasta su confinamiento, que se supone que dura mucho más tiempo).
En el caso de España, como especifica el Foro Nuclear, el uranio para las centrales viene todo de minas de otros países, principalmente de Rusia (45%), Australia (22%), Níger (20%), Kasajistán (6%), Canadá (5%)… El proceso para convertir ese mineral en las barras que se introducirán en un reactor nuclear es mucho más laborioso de lo que corresponde a su simple extracción. El isótopo utilizado para su fisión en los reactores nucleares es el U-235, que en la naturaleza se encuentra en concentraciones muy bajas, y por ello el mineral de uranio debe seguir un proceso de enriquecimiento.
Así pues, el viaje continúa hasta el sureste de Francia, hasta la planta de Eurodif, donde después de transformar el concentrado de uranio U3O8 en gas UF6 se procede a su enriquecimiento para aumentar la proporción de isótopo 235. Como explica la empresa española Enusa Industrias Avanzadas, tras esto hay que volver a pasar el uranio de estado gaseoso a sólido, lo que esta vez se suele realizar en el Reino Unido, en Springfield, en la planta de Springfield Fuels Limited (SFL). Desde ahí, se envía a la fábrica de Enusa en Juzbado (Salamanca), donde se transforma en pequeñas pastillas de uranio (las de la imagen) que son introducidas en las barras que componen los elementos de combustible nuclear que se cargarán en cada central cada 12, 18 ó 24 meses.
Aunque se espera que las centrales nucleares más modernas aprovechen mejor el uranio disponible, algunos autores creen que las emisiones asociadas a la energía nuclear se incrementarán al requerirse cada vez más energía para extraer mineral de calidad. “Para el futuro, estoy de acuerdo en que la huella de carbono de la energía nuclear aumentará por el mineral de uranio, por la edad de las centrales –cuya edad media es ya de 25 años– y por las necesidades de energía para la gestión y almacenamiento de los residuos”, comenta Sovacool.
Otro estudio de investigadores belgas todavía más reciente, publicado en Energy Policy en 2009, compara tres trabajos sobre emisiones de CO2 de centrales nucleares: uno de Bélgica de 1998 y 2000, que encontraba de resultado 7,72 g CO2/kWh; otro del Gobierno de Australia de 2006, que estimaba 57,69 gramos; y otro de 2005 encargado por el Grupo Verde del Parlamento Europeo, cuyos cálculos superaban los 117 gramos. Estos trabajos fueron escogidos por ser representativos de lo que se pueden encontrar en la literatura científica. Y de nuevo arrojarían un valor medio similar al estimado por Sovacool. Tras repasarlos todos, el investigador belga Jef Beerten, de la Universidad de Leuven, encuentra diferencias en la metodología empleada, así como en suposiciones y estimaciones, que cambiarían de forma significativa los resultados.

Fuente: http://blogs.elpais.com/eco-lab/2011/02/el-co2-generado-por-la-energia-nuclear.html - Imagen: ‪Eldiario.es‬
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El CO2 generado por la energía nuclear

Esta historia de Uran, un átomo de uranio, nos permite conocer el proceso de generación de la energía nuclear, con sus diferentes fases y consecuencias, y así hacernos una idea de qué hablamos cuando hablamos de la nuclear.

Marisa Castro Delgado
Ecologistas en Acción.


Si quieres saber la historia completa del ciclo nuclear, te invito a leer la historia que nos cuenta (el malvado) Uran, quien un día se despertó en una beta de uranio en Australia, a más de 100 metros bajo tierra.

La vida de uran
“¡Hola! Soy Uran, un átomo de uranio. Os voy a contar la historia de mi vida, que comenzó hace más de siete millones de años. Cuando me desperté estaba en un sitio muy oscuro, caluroso y lleno de otros átomos. Era un agobio estar allí tan aplastado de átomos diferentes y muy feos. Además hablaban de una forma muy rara y no entendía nada.
De repente oí un ruido muy fuerte, la tierra tembló… y apareció un poco de luz. Siguieron sonando los ruidos y de repente apareció muchísima luz ¡Qué liberación!  Vi una cosa gigante que se llevaba a muchos de los otros átomos, soplaba el viento y había más sitio ¡Qué bien librarnos de tanta peña molesta!
Eso sí, no debía de ser muy agradable donde se los llevaban, porque se oía chillar a todos los que agarraban y luego tirarlos en otro sitio. “A ver si tengo suerte, no me agarran y me dejan en este sitio fresquito!”, pensé mientras me repantingaba.
Pero no… rápido vinieron y me recogieron, fue un viaje de vértigo, nos agarraron, nos zarandearon y por fin nos tiraron en otro sitio. Iba cambiando de lugar todo el rato, y cada vez veía a átomos diferentes, pero seguía sin entenderles.
De repente empezó a caer un líquido que quemaba y hacía desaparecer a muchos átomos raros y nos fuimos juntando muchos átomos iguales. Quedaban todavía algunos raros, pero de repente éramos un polvo en el que había muchos como yo, todos amarillos, ¡y les entendía lo que decían! Me enteré entonces de que era un átomo de Uranio y que cada 3 nos juntamos con otros raros más pequeños. Ahora parecíamos una torta amarilla. Por fin nos libramos de los apestosos raros, cuando tiraron casi todo a la basura, por cada kilo de uranio que nos quedamos, tiraron más de 600 kg del material extraído, cientos de toneladas de agua con ácido sulfúrico, nítrico, amoniaco, metales pesados y que permanecen liberando radiactividad al ambiente durante miles de años. Recogieron la torta y nos llevaron a otro sitio, ¡donde nos echaron algo que nos hizo volar !
Ahí me di cuenta de que yo era un poco distinto a los demás. Después nos dieron muchas vueltas y nos separaron en 2 grupos diferentes, yo era del grupo más fuerte, que había muy poquitos y podíamos disparar y acabar con los demás más fácilmente y con las vueltas me fui encontrando en un lado donde cada vez había más como yo , al principio éramos muy pocos, 7 de cada mil, y luego éramos 30. Nos habíamos enriquecido mucho. Al final tiraron al otro grupo (que era más grande) a la basura, y a nosotros nos llevaron a un sitio donde nos dijeron que iban a hacer “ combustible nuclear ” y nos convirtieron en potentes barras sólidas.
Ahí todos éramos iguales y nos entendíamos bien. No había asquerosos átomos distintos y si nos juntábamos podíamos empezar a soltar radiactividad y hacer mucho daño a todo lo que tocáramos. Por el camino dejamos un agujero enorme en la tierra, y toneladas y toneladas de piedras y agua contaminada y emitiendo radiactividad. Parte de ese material se pudo utilizar después incluso para hacer armas con uranio empobrecido. Para ello, además de todos los materiales que dejamos atrás (el 85% del material que se procesa más los residuos), fue necesario utilizar una gran cantidad de energía para todo el proceso desde la mina hasta el combustible utilizable más el transporte de todos los materiales de la mina hasta donde se hizo el enriquecimiento y encapsulado hasta la central.
Después hicimos un viaje muy largo, cruzando el mundo, hasta un sitio que oí que se llamaba central nuclear. Después de la época de zarandeos hasta que nos juntamos todos, vivimos una buena experiencia. Vivíamos en un hotel de lujo, caliente, sin fuertes golpeteos y nos decían que podíamos generar energía buena para los humanos que me sacaron de la tierra, y entonces viviríamos mejor y con más lujo, generando "beneficios caídos del cielo" y mucho dinero a la empresas propietarias. La central era muy grande, con gruesas paredes de hormigón y plomo, que debió costar mucho tiempo, energía y trabajo construir.
Sabíamos que cambiaríamos cuando nos golpeara un neutrón, y que entonces pasaríamos a una vida mucho mejor. En este grupo muchos éramos iguales, y no había un neutrón para cada uno, y teníamos una enorme pelea por ser el átomo al que consiguiera un bonito neutrón.
Por cada kilo de uranio que nos quedamos, tiraron más de 600 kg del material extraído.
Cuando a algún átomo le golpeaba un neutrón, entonces cambiaba, se partía en dos partes más pequeñas y empezaba a golpearnos con más neutrones que hacían cambiar a otros, con más partículas y radiaciones que hacían daño y seguían expulsando mierda y hacía mucho calor, por lo que tenía que pasar agua para enfriarnos. Vamos, que lo que nos habían dicho tampoco era tan bonito. Pero no tuve suerte de probar cómo era la vida de los que habían conseguido un neutrón, que vi que pasaban a golpear fuerte, dar mucho calor y se partían en dos. Nos convertimos una pastilla que estaba tirando cosas todo el tiempo y olía muy mal.
Después de un año, vinieron y nos sacaron del reactor y nos pusieron en una piscina para que nos fuéramos enfriando. En cuanto veíamos a alguien, atacábamos con radiaciones alfa y beta, volviendo incluso radiactivo todo lo que tocábamos, hasta las paredes del reactor, la ropa que llevaban… Éramos tan peligrosos que nadie se atrevía a acercarse a nosotros. Estábamos encerrados en un sitio vigilado todo el tiempo. Desde que entramos en el reactor, nadie se acercó a nosotros. Estábamos encerrados en un sitio vigilado todo el tiempo. Cada año venían y traían más barras como la nuestra a la piscina. Luego cerraron la central y no trajeron más barras.
Luego nos llevaron a lo que llamaron Almacén Temporal Individualizado, o ATI, decían. Después nos llevaron a otro sitio, Almacén Temporal Centralizado, ATC, y luego hicieron un almacén geológico profundo o AGP. El tiempo ahora se hacía muy largo, sin diversión, enfriándonos y aburriéndonos mucho. De vez en cuando, uno de nosotros de repente se partía en dos y emitía radiación que hacía mucho daño. Y así llevo miles de años, aprendiendo todo lo que realmente he contaminado y la amenaza que somos para todos los seres vivos del planeta.
Con todo lo aprendido, pienso que me habría gustado ser un átomo de silicio, que puesto en una célula solar, puede generar energía del sol durante muchos años, sin necesitar ningún cuidado ni estar encerrado y solo. Ahora, cuando recuerdo mi vida activa,  antes de estar encerrado, entiendo porqué hubo tanta lucha antinuclear , tantas voces que gritaban: “¿Nuclear? No, gracias”.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/desconexion-nuclear/la-cara-oculta-de-la-energia-nuclear
Imagen de portada: Pegatina de 1977.

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