Eco- Activismo

Así como una vez dijo el escritor ya fallecido, Ed Abbey, “Sentimiento sin acción es la ruina del alma.” Nosotros estamos de acuerdo. La acción toma muchas formas, desde conservar los paisajes amenazados hasta educar a la próxima generación de ambientalistas. Cuando las actividades industriales egoístas y sin visión del futuro—esencialmente, el mal desarrollo—amenazan con sabotear nuestras iniciativas de conservación, nos sentimos impulsados a enfrentarlos y luchar.

La combinación de acciones legales y la presión ciudadana ha ganado muchas campañas, protegiendo los logros de conservación para las generaciones siguientes. A diferencia de muchas fundaciones dedicadas a la conservación, nosotros nos unimos a las campañas y apoyamos el activismo de vanguardia para proteger a los lugares y las criaturas silvestres que amamos, y nos oponemos a la globalización económica y las mega-tecnologías que están acelerando la crisis eco-social global.
Educar a la gente en torno al activismo sirve para fortalecer no solo a campañas específicas, sino también al movimiento ambiental en su totalidad, construyendo de esta manera la infraestructura intelectual para el cambio ecológico. Por esta razón, publicamos libros que resumen y presentan los hechos trascendentales, que justifican las mismas campañas y en otras ocasiones apoyamos a grupos y activistas líderes.
A pesar de que hablar abiertamente del tema siempre provoca controversia, consideramos que es necesario impulsar el debate en torno al futuro de nuestros "bienes naturales".

Fuente: www.tompkinsconservation.org
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Los Ecologistas logran vencer en un 27%de los litigios ambientales mundiales
Los movimientos ciudadanos de todo el mundo logran detener un 27% de los conflictos ambientales para prevenir daños ecológicos (como los que comportan presas, minerías, talas u otros perjuicios a la biodiversidad), según un estudio del ICTA-UAB. Pero a la vez, los activistas son víctimas de violencia en el 18% de los conflictos, y se dan casos de asesinatos en el 13% de estos litigios, cifras que aumentan cuando intervienen poblaciones indígenas.

Los activistas que protestan ante las injusticias ambientales que tienen lugar en todo el mundo son víctimas de altas tasas de criminalización, violencia y asesinatos. Así se pone de manifiesto en un estudio del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) que presenta el mayor análisis de conflictos ambientales efectuado hasta ahora. El estudio destaca que estas consecuencias son especialmente frecuentes entre las poblaciones indígenas del Planeta y en conflictos relacionados con la minería y el uso de la tierra.
Los investigadores del proyecto Environmental Justice (ENVjustice) han analizado 2.743 casos de conflictos ambientales de todo el mundo registrados en el Atlas Global de la Justicia Ambiental (EJAtlas), un mapa interactivo que identifica y sitúa los conflictos ecológico-distributivos existentes. El estudio, publicado en la revista Global Envieronmental Change, es un salto adelante en el campo de la ecología política estadística y csomparativa.
El movimiento mundial por la justicia ambiental está compuesto por activismos locales contra la extracción de combustibles fósiles, la minería a cielo abierto, las plantaciones de árboles, las represas hidroeléctricas y otras industrias extractivas, así como contra la evacuación de residuos en vertederos o en la incineración. “Este es el ecologismo de los pobres y los indígenas”, explica Joan Martínez-Alier, economista del ICTA-UAB e investigador principal del proyecto ENVjustice. Arnim Scheidel, investigador principal del estudio indica que “para apoyar a los defensores ambientales de manera efectiva, es necesario conocer mejor los conflictos ambientales subyacentes, así como los factores que permiten a los activistas movilizarse con éxito por la justicia ambiental”.
Los investigadores han caracterizado los conflictos ambientales y a los defensores involucrados, así como las estrategias de movilización que han tenido resultados exitosos. Los datos analizados muestran que los activistas son, en su mayoría, miembros de grupos vulnerables que emplean formas de protesta no violentas. Sin embargo, el activismo tiene un coste elevado para sus vidas. En el 20% de los casos, los activistas tienen que hacer frente a altas tasas de criminalización, y sus acciones de protesta tienen consecuencias en forma de denuncias, multas, litigios y penas de cárcel. En el 18% de los casos son víctimas de violencia física, y en el 13% de los conflictos hay asesinatos. Estas cifras aumentan significativamente cuando están involucradas poblaciones indígenas, alcanzando el 27% en criminalización, el 25% en violencia y el 19% en cuanto a asesinatos.
En el 11% de los casos, las protestas contribuyeron a detener proyectos ambientalmente destructivos y socialmente conflictivos, defendiendo el medio ambiente y los medios de vida. “La combinación de estrategias de movilización preventiva, la diversificación de protestas y los litigios puede aumentar significativamente esta tasa de éxito hasta en un 27%”, explica Juan Liu, co-autora del estudio. El estudio también destaca el papel de las mujeres como líderes de las movilizaciones (en el 21%), quienes suelen estar afectadas en mayor medida por los impactos ambientales y de salud generados por los conflictos.
Las movilizaciones promovidas por la sociedad civil a favor de usos más sostenibles y socialmente justos del medio ambiente tienen lugar en todo mundo, en países de todos los estratos socioeconómicos, “lo que demuestra la existencia de diversas formas de ecologismo de base como una fuerza prometedora para la sostenibilidad global y la justicia ambiental”, concluyen.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/natural/20200603/481584703466/berta-caceres-icta-federico-demaria.html


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