Algunas recetas adecuadas
La receta adecuada para combatir el individualismo es cooperar con los demás, e incluso antes de eso confiar en los demás. Viniendo de donde venimos esto no es fácil, pues todos desconfiamos de los demás, incluso les tenemos miedo. Pensamos que si abrimos las puertas de nuestra casa a un extraño nos robará. No se trata de ser ingenuo y confiado, peor sí creer que nos irá mejor si trabajamos todos en común, y si comprendemos que todo el mundo hace falta para conseguir una transición viable. Buscar culpables y víctimas, incluso aunque los haya, no mejora nuestra situación. Para construir una relación de confianza, el primer paso es aportar más que lo que nos ha dado el otro para demostrar nuestra buena voluntad. Quizá comenzar por sonreír sea un paso en la buena dirección, y también rebajar nuestro nivel de reactividad y aguantar un poco hasta ver si el otro quiere también colaborar o no.
La receta adecuada para combatir la ruptura del contrato intergeneracional es recuperar la idea de que el bien de los hijos es lo más importante, de que nosotros sólo estamos de paso gestionando lo que tendrán que disfrutar los que nos seguirán, y recuperar el sentimiento de autocontención que ha de surgir naturalmente cuando lo que nos vemos impulsados a hacer contradice los intereses de nuestros descendientes. Es una lucha ardua, pues contradice de manera directa muchos de los mensajes publicitarios, orientados al consumo aquí y ahora.
La receta adecuada para combatir la pérdida del sentido del bien común es fijar unos objetivos que desde un punto de vista racional y moderno tengan sentido, más allá de motivaciones abstractas o de carácter religioso. Esos objetivos pueden ser de sostenibilidad, en el sentido propio y no prostituido de la palabra, o el de construir una sociedad resiliente capaz de adaptarse a los retos del siglo XXI o cualquier otro objetivo que para la comunidad donde se adopte tenga sentido. Un aspecto clave es que este objetivo común no sea agresivo o irrespetuoso con los derechos de otras comunidades; por desgracia, los ideales de bien común y trascendente que más prosperan hoy en día tienen más que ver con la guerra, santa o no, que con el respeto y ayuda a los demás.
La receta adecuada para combatir la alienación de la propia responsabilidad en la gestión pública es la relocalización, cosa no sólo necesaria a nivel de la producción y la asignación de recursos, sino también en la toma de decisiones: los centros de decisión han de estar próximos al ciudadanos y éste tiene que implicarse personalmente en las cuestiones que les atañen.
La receta adecuada para fijar correctamente el objetivo de nuestras vidas no existe, o al menos no es única: cada persona debería buscar la suya. La clave es mirar en nuestro interior e intentar descubrir que es aquello que nos hace íntimamente felices, aquello que nos gusta hacer y en los que nos gusta ocupar nuestro tiempo. Girar completamente el objetivo de nuestras vidas y en vez de aceptar un objetivo único y uniforme para cada uno de nosotros, que es el de vivir para trabajar, debemos por el contrario trabajar para vivir, y el tiempo que no trabajemos simplemente vivir, haciendo aquello que a cada uno nos gusta hacer y que es para cada uno de nosotros diferente.
Fuente: Fragmento de ubn editorial de: Crashoil - Imagen: globedia.com - www.haikudeck.com

