La fiesta del fin del mundo, con Natalia Castro Picón
Si el fin del mundo es hoy el imaginario por defecto la cuestión es ¿Cómo hacer otro fin del mundo posible: Conviene reconocer que, en 2026, la idea del fin del mundo no tiene el sex-appeal que guardaba para el paleocristianismo romano o para el pueblo milenarista de Müntzer. Como resulta que hoy el fin del mundo puede ser mañana, la cosa no acaba de tener buena prensa. Desgajada de la idea de salvación sólo queda un declinar (lento, triste) o la fantasía de una eutanasia inmediata (un meteorito estrellándose en tu frente, por ejemplo). Y sin embargo la cosa apocalipsis tiene al mismo tiempo cierta ubicuidad entre nosotras/os. Es insistentemente omnipresente. En nuestros temores íntimos. En el lenguaje en que articulamos la política. En las ficciones y las narrativas que disfrutamos. Raúl Royo y David Vila Habitados por este exceso distópico se ha hecho sentido común la idea de que en el relato apocalíptico no encontramos, aunque sea de manera ínfima o deformada, el atisbo de un ...