EEUU: Mientras continúa la guerra contra Irán, una ley climática europea podría estar en riesgo
Los principales grupos de presión (lobbies) del sector del petróleo y el gas están aprovechando la escasez de energía durante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán para pedir a la Unión Europea que pause sus regulaciones sobre el metano, un potente contaminante climático. De tener éxito, el retraso podría allanar el camino para una marcada expansión de la infraestructura de combustibles fósiles en todo Estados Unidos.
Por: Emily Sanders (DESMOG)
Dos grupos industriales, la Asociación Internacional de Productores de Petróleo y Gas (IOGP) y Fuels Europe, instaron a los legisladores a principios de marzo a detener las próximas fases de implementación de la ley hasta que se puedan realizar «ajustes específicos». Los grupos citaron un estudio de Wood Mackenzie, encargado por la IOGP, que concluyó que hasta el 43% de las importaciones de gas de EE. UU. podrían no cumplir con los estándares de la ley.
«La UE no puede permitirse un choque de suministro regulatorio provocado por ella misma, y menos aún en el contexto geopolítico actual», afirmó en un comunicado François-Régis Mouton de Lostalot, director general de IOGP Europa, cuyas empresas miembros incluyen a Chevron, Exxon, Shell y BP.
EE. UU. es el mayor exportador mundial de gas natural licuado (GNL), y las empresas de petróleo y gas, junto con sus grupos comerciales, han pasado años presionando para debilitar la ley de metano de la UE en nombre de la seguridad energética. Ahora, los ataques a la infraestructura de gas en Oriente Medio y el aumento de la escasez de energía en Europa añaden urgencia a la ofensiva de la industria.
Mientras las empresas de gas de EE. UU. se preparan para obtener beneficios extraordinarios de la guerra, comunidades de todo el mundo se ven atrapadas en el conflicto.
Muchos proyectos de GNL propuestos en EE. UU. —desde Luisiana hasta Texas y Pensilvania— están a la espera de decisiones finales de inversión, y el aumento de la demanda de la UE podría ser un factor decisivo. Aunque la nueva capacidad podría no entrar en funcionamiento a tiempo para resolver la actual escasez de energía en Europa, ecologistas afirman que el posible impulso a los proyectos de GNL en EE. UU. tendrá un impacto duradero en la salud de los residentes locales, en sus bolsillos y en el clima global.
Tal como está redactada, la ley de la UE impone nuevos requisitos al gas importado a partir de 2027, lo que dificultará la comercialización de proyectos de gas estadounidenses altamente contaminantes.
«Al sector del petróleo y el gas le encantan las crisis desde el punto de vista económico, pero también para forzar cambios políticos», señala Justin Mikulka, analista de la industria energética y director de comunicaciones del grupo de vigilancia ambiental Oilfield Witness. La economía global del mercado de GNL no justifica invertir en más exportaciones de gas de EE. UU., «así que esta es una situación de emergencia para ellos».
Defensores de EE. UU. apelan a la UE
Los científicos afirman que frenar las emisiones de metano de las operaciones de gas es esencial para evitar las consecuencias más desastrosas del cambio climático. A pesar de los intentos de la industria por vender el GNL como «verde» y respetuoso con el clima, su huella de gases de efecto invernadero es un 33% mayor que la del carbón a corto plazo, según un estudio revisado por pares de Robert Howarth, científico ambiental de la Universidad de Cornell.
«Los políticos y la industria hablan de ello como si el gas se moviera mágicamente de EE. UU. a Europa, a Bangladesh o a donde quiera que vaya», explica Howarth, quien ha documentado las emisiones asociadas al proceso de transporte, producción, licuefacción y envío del gas estadounidense.
La ley de metano de Europa exige que el gas importado cumpla con sus requisitos de medición, notificación y verificación, así como con las exigencias para mitigar las emisiones derivadas de fugas y quema en antorcha (flaring). Pero las exportaciones de GNL de EE. UU. son tan intensivas en energía y tan contaminantes que los expertos creen que es poco probable que lleguen a cumplir los requisitos de la UE.
«Es difícil asimilar cuánto [metano] se escapa en estas terminales de GNL», cuenta Sharon Wilson, de Oilfield Witness, quien rastrea las emisiones de las instalaciones de petróleo y gas en Texas y en todo el país. El venteo y la quema de metano son rutinarios en cada etapa de la producción de gas en EE. UU., y las emisiones de metano están drásticamente subnotificadas según los propios informes de la industria. Wilson espera que los legisladores europeos acudan a ver el proceso por sí mismos a través de su cámara óptica de imágenes de gas.
Mientras la administración Trump trabaja para desmantelar por completo la regulación de gases de efecto invernadero, las comunidades han quedado vulnerables ante los intensos desastres climáticos y los impactos en la salud local por la expansión de la infraestructura de combustibles fósiles.
En Pensilvania, la extracción de gas se ha vinculado con reacciones asmáticas más graves y tasas elevadas de cáncer infantil poco común en las comunidades cercanas. Las operaciones de fracking a veces han provocado el vertido prolífico de residuos tóxicos y, a menudo, radiactivos en las vías fluviales locales, explica Chris DiGiulio, química ambiental de Physicians for Social Responsibility Pennsylvania. Detalla que su familia enfermó por la contaminación del gasoducto Mariner East, de 563 km de largo, que atraviesa Pensilvania y exporta líquidos de gas natural para la producción de plástico en Europa.
DiGiulio veía las regulaciones de metano de Europa como una barrera contra nuevos proyectos de exportación de gas, como la instalación de GNL de 7.000 millones de dólares propuesta en las comunidades de clase trabajadora de Chester y Eddystone Borough, en Pensilvania. Asegura que sintió un nudo en el estómago cuando leyó que los lobbistas de la industria del gas pedían a Europa que suspendiera la ley.
Los requisitos de importación de la UE eran «nuestro consuelo», cuenta DiGiulio. «No hay forma de que podamos cumplir con sus estándares de emisiones. Desearía que [nuestros políticos] dijeran: ‘El fracking es malo para la salud de las personas en Pensilvania’, pero les importa un bledo».
Cada terminal de exportación de GNL operativa en EE. UU. ha violado los permisos de contaminación al menos una vez en los últimos años, según un análisis realizado el año pasado por el grupo de vigilancia sin fines de lucro Environmental Integrity Project.
En la costa del Golfo de Luisiana, la expansión de las terminales se suma a un paisaje creciente de infraestructura contaminante que perjudica a la industria pesquera mientras encarece los precios del gas natural en todo el país. La infraestructura también es propensa a explosiones, como la que ocurrió en el gasoducto Delfin LNG en la parroquia de Cameron el mes pasado.
«Nuestro estado y este gobierno federal están en manos del petróleo y el gas», apunta James Hiatt, ex trabajador del sector que ahora lucha contra las terminales de GNL en Luisiana a través de su grupo local For a Better Bayou. «Estamos fuera de control, pero Europa todavía parece tener la cabeza sobre los hombros y podría contraatacar y detener estos daños que están ocurriendo aquí».
Más presión para asegurar la expansión
La guerra contra Irán da a la industria del gas una mejor oportunidad para consolidar proyectos a largo plazo. La semana pasada, la empresa estadounidense de GNL Venture Global aseguró 8.600 millones de dólares en financiación para la expansión de su instalación de exportación de GNL en el suroeste de Luisiana, que la empresa calificó como «un proyecto estratégicamente importante para el suministro y la seguridad energética global».
En la conferencia de la industria energética CERAWeek en Houston esta semana, las empresas continúan argumentando que la expansión del GNL combatirá la escasez de energía en tiempos de guerra. «Llevamos años defendiendo que el GNL estadounidense es la forma de energía más fiable del mundo, primero, porque se produce y suministra en una parte del país que es segura, y segundo, porque cuenta con el respaldo del ejército más fuerte del mundo», señalaba Toby Rice, CEO de la energética EQT, uno de los mayores productores de GNL de EE. UU., en una entrevista con Bloomberg el lunes.
«Hay una serie de proyectos que aún están pendientes, y las oportunidades para una mayor expansión siguen ahí para intentar asegurar contratos a largo plazo o acelerar la financiación», afirma Ethan Buckner, director del programa de energía de la organización de defensa sin fines de lucro Earthworks. Cuanto más dure la guerra y los cierres de GNL en Oriente Medio, dice, «más influencia tendrán los exportadores de GNL». Construir una terminal de exportación de GNL en EE. UU. lleva entre tres y cinco años, según Global Energy Monitor, lo que podría no ser lo suficientemente rápido para cubrir las necesidades energéticas a corto plazo.
Las empresas de petróleo y gas de EE. UU. y sus grupos comerciales, incluidos el American Petroleum Institute (API) y la Cámara de Comercio de EE. UU., llevan mucho tiempo citando preocupaciones de seguridad energética en sus presiones para debilitar los requisitos de metano de la UE y expandir la construcción de GNL, según informes del grupo de investigación sin fines de lucro InfluenceMap.
Durante su campaña presidencial, Trump se reunió en Mar-a-Lago con los directores ejecutivos de muchas de las empresas de gas que ahora se benefician de la guerra de Irán, prometiéndoles favores a cambio de donaciones para su campaña. El año pasado, su administración exigió que la UE eximiera por completo al gas estadounidense de sus regulaciones sobre el metano.
En su agenda política de enero, el API dijo que se aseguraría de que las leyes climáticas, incluida la ley de metano de la UE, «no pongan en desventaja a los productores estadounidenses». El grupo comercial también planeaba «promover el GNL estadounidense a través de la acción coordinada del Departamento de Energía y el Departamento de Estado, utilizando una diplomacia energética proactiva para apoyar a los aliados, fortalecer la seguridad energética global y reforzar el liderazgo económico de EE. UU.».
Días antes del ataque de EE. UU. a Irán, funcionarios de la UE dijeron a ejecutivos de la industria del gas de EE. UU. que los países europeos seguirían comprando grandes cantidades de GNL estadounidense, según informó E&E.
Un patrón similar se dio tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando los grupos de presión de la industria y las empresas trabajaron para explotar los temores sobre la seguridad energética para promover una mayor inversión en infraestructura de gas, según una revisión de redes sociales de DeSmog en 2023 y un informe de Greenpeace. Los lobbistas y funcionarios de la industria también utilizaron la invasión de Ucrania para atacar las políticas climáticas y presentar la flexibilización de las regulaciones como esencial para la independencia energética, según halló InfluenceMap.
El cabildeo actual es «parte de una estrategia más amplia para asegurar la dependencia a largo plazo del GNL estadounidense», detalla Eszter Matyas, responsable de campañas regionales de gas para Greenpeace Central and Eastern Europe. Durante la guerra en Ucrania, dijo, la industria ha «argumentado a favor de la expansión de las importaciones de GNL y nuevas infraestructuras mientras desviaba la atención de las alternativas renovables».
En una conferencia de la industria del gas en abril de 2025, Alex Whittington, ejecutivo de la empresa de GNL Cheniere Energy, explicó por qué EE. UU. podría influir en los legisladores europeos sobre las normas.
«Cuando se diseñó la regulación europea del metano hace muchos años, creo que la Comisión veía un mundo en 2030 inundado de gas, de GNL, donde podían descartar proveedores si estos no cumplían con sus estándares de limpieza», dijo en una grabación compartida con ExxonKnews y DeSmog. «Ese no es el mundo en el que se encuentran en 2025, y no es el mundo en el que se encontrarán en 2030». Cheniere Energy no respondió a una solicitud de comentarios al momento del cierre de esta edición.
Durante la actual guerra en Irán, los países europeos más dependientes del gas han visto los mayores picos de precios, mientras que España, Francia y Portugal se han visto protegidos por su mayor dependencia de las energías renovables. Si la UE quiere evitar esos precios por las nubes y una mayor dependencia de un gobierno de EE. UU. cada vez más inestable, afirman los defensores, tal vez no muerda el anzuelo de la industria.
Fuente: https://climatica.coop/guerra-iran-ley-metano-europa-riesgo/

