La huella invisible de tus pantallas: hallan químicos de cristal líquido en cerebros de delfines

Un estudio científico detecta químicos de pantallas LCD en el cerebro de delfines y marsopas, revelando el impacto de la basura electrónica en los ecosistemas marinos; Los científicos suelen decir que los océanos guardan pistas sobre la salud del planeta. En esta ocasión, esas pistas aparecieron en un lugar inesperado: el cerebro de los delfines. Un estudio reciente encontró químicos de pantallas en delfines, sustancias utilizadas en televisores, computadoras y teléfonos que terminaron acumulándose en tejidos de estos mamíferos marinos. El hallazgo vuelve a poner sobre la mesa el problema de la basura electrónica en el océano y sus efectos en los ecosistemas marinos.

por Carolina Gutiérrez Argüelles

Químicos de pantallas: un hallazgo inesperado en el cerebro de los delfines
La investigación fue publicada en la revista científica Environmental Science & Technology y estuvo liderada por investigadores de la City University of Hong Kong. El equipo analizó tejidos de delfines jorobados del Indo-Pacífico y marsopas sin aleta, especies que habitan el mar de China Meridional. Las muestras fueron recolectadas entre 2007 y 2021 y se examinaron diferentes órganos: grasa, músculo, hígado, riñón y cerebro. El objetivo era buscar monómeros de cristal líquido (LCM), compuestos químicos fundamentales para el funcionamiento de las pantallas LCD.

Los resultados mostraron algo claro: 62 tipos diferentes de LCM estaban presentes en los tejidos analizados. La mayor concentración apareció en la grasa subcutánea, algo relativamente común en contaminantes lipofílicos. Sin embargo, los científicos encontraron pequeñas cantidades en otros órganos, incluido el cerebro. Ese detalle es el que ha llamado más la atención en la comunidad científica.
¿Qué son los monómeros de cristal y por qué están en el océano?
Los monómeros de cristal líquido son moléculas que permiten controlar la forma en que la luz atraviesa las pantallas LCD. Gracias a ellos es posible generar imágenes claras y colores definidos en televisores, laptops o monitores. Durante años se pensó que estos compuestos permanecían encerrados dentro de los dispositivos. Sin embargo, con el desgaste, el reciclaje inadecuado o la descomposición de aparatos electrónicos, pueden liberarse al ambiente.

Investigaciones anteriores ya habían detectado estos químicos en polvo doméstico, aire interior y aguas residuales. Desde ahí pueden viajar hacia ríos y zonas costeras, donde terminan integrándose en los ecosistemas marinos. En regiones densamente pobladas o con actividad industrial intensa, como las zonas que rodean el mar de China Meridional, el flujo de residuos electrónicos puede facilitar esa dispersión.
¿Cómo estos contaminantes llegan a los delfines?
Los científicos creen que la vía principal de entrada de estos compuestos es la cadena alimentaria marina. Los LCM pueden ser absorbidos por organismos pequeños como invertebrados o peces. Estos animales, a su vez, forman parte de la dieta de depredadores superiores como los delfines y las marsopas. Este proceso se conoce como bioacumulación: los contaminantes se van concentrando a medida que suben en la cadena alimentaria.

Con el tiempo, especies que consumen grandes cantidades de presas terminan acumulando niveles más altos de ciertos compuestos químicos. El estudio encontró patrones químicos similares en peces e invertebrados, lo que respalda esta hipótesis. Además, los investigadores identificaron que muchos de los compuestos detectados probablemente provienen de pantallas de televisores y monitores, más que de teléfonos móviles. Esto se debe a que las pantallas grandes contienen mayores cantidades de estos materiales.
Cuando los contaminantes llegan al órgano más protegido
El cerebro está protegido por la barrera hematoencefálica, un sistema biológico que controla qué sustancias pueden pasar desde la sangre al tejido nervioso. Por eso, encontrar LCM en el cerebro de los delfines fue un resultado inesperado. Significa que algunos de estos compuestos son capaces de atravesar esa barrera protectora.

Aunque el estudio no detectó enfermedades concretas en los animales analizados, los investigadores realizaron experimentos complementarios en laboratorio. En cultivos celulares de delfín, varios LCM alteraron genes relacionados con la reparación del ADN y la división celular. Este tipo de efectos no confirma daños inmediatos en animales salvajes, pero sí sugiere que estas moléculas pueden interactuar con procesos biológicos fundamentales.
Una pista inquietante sobre el futuro de los mares
Los delfines y las marsopas suelen considerarse especies indicadoras del estado del océano. Como depredadores superiores, reflejan lo que ocurre a lo largo de toda la red alimentaria marina. Si un contaminante aparece en sus órganos vitales, significa que ya está presente en numerosos niveles del ecosistema. El estudio también detectó un patrón temporal interesante.

Los niveles de LCM en marsopas aumentaron durante los años de expansión de las pantallas LCD y comenzaron a disminuir ligeramente en los últimos años, coincidiendo con la transición hacia tecnologías LED. Esto sugiere que los cambios tecnológicos pueden modificar el tipo de contaminantes presentes en el ambiente.

Este estudio no plantea un escenario de alarma inmediata, pero sí una advertencia clara. Los materiales que hacen posible nuestra tecnología también forman parte del entorno natural, y sus efectos pueden extenderse mucho más allá de los dispositivos donde se originaron. Entender ese vínculo puede ser fundamental para cuidar los océanos y las especies que dependen de ellos.

Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/quimicos-pantallas-cerebro-delfines/

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