La acuicultura agota los océanos: un salmón de cultivo puede llegar a consumir más de seis veces su peso en peces silvestres

Los mostradores de pescado vacíos. Así se encontraron los compradores que llegaron al Mercado de la Paz de Madrid en septiembre pasado. No se habían agotado las existencias. Estaban ante una campaña publicitaria organizada por Apromar, la asociación empresarial de acuicultura española, que quería que la población imaginara un país sin pescado de cultivo. “Los productos de mar podrían convertirse en un lujo al alcance de unos pocos”, advertían. Para después decir: “La verdadera fortuna es vivir en un país donde existe la acuicultura y se garantiza pescado para todos”.

Ian Urbina

El mensaje que querían transmitir es sencillo: los consumidores quieren más pescado, las poblaciones silvestres están al límite de la extracción y la piscicultura es la forma de satisfacer esa creciente demanda y de frenar el colapso de los océanos. La misma lógica: producir más para capturar menos, impulsa una industria acuícola mundial de 270.000 millones de euros, el sector alimentario de mayor crecimiento en el mundo. Hoy la mitad de los productos de mar procede de la acuicultura. Y España es el mayor productor de la Unión Europea en términos de volumen.

Sin embargo, hay un problema. “El discurso de venta de la industria acuícola es incorrecto”, afirma Daniel Pauly, director del proyecto Sea Around Us de la Universidad de Columbia Británica. Los tipos de productos de mar de cultivo más populares en España y otros países (salmón, camarón, trucha, lubina y dorada) se alimentan de las mismas especies silvestres que la acuicultura asegura estar salvando, lo que acelera el agotamiento de los océanos. Dos tercios de la acuicultura mundial crían especies alimentadas con harina y aceite de pescado, ingredientes elaborados mediante la cocción y trituración de peces capturados en estado silvestre. Antes de llegar al mercado, un salmón de cultivo puede llegar a consumir, en algunos establecimientos, más de seis veces su peso en peces silvestres.
Una exhaustiva investigación de dos años realizada por The Outlaw Ocean Project, una organización periodística con sede en Washington DC, sacó a la luz diversos impactos asociados a esta industria, entre ellos la pérdida de empleos en la pesca artesanal, la exposición crónica a sustancias químicas, muertes laborales evitables y protestas violentas, generalmente provocadas por el insoportable hedor de las plantas de harina de pescado. La investigación concluyó que estos impactos sociales y ambientales imponen un coste que recae principalmente en los países más pobres donde se captura y procesa este insumo, lejos de los lugares donde se consumen los productos de mar considerados de lujo.
En Gambia y Mauritania, la investigación documentó cómo la industria agrava la inseguridad alimentaria, ya que los peces que antes sostenían a las comunidades locales son enviados, cada vez con mayor frecuencia, a fábricas de harina de pescado para su exportación. En las islas remotas del extremo oriental de Rusia y en la región de Xinjiang, en China, se reporta el uso de trabajo forzoso en embarcaciones, granjas y fábricas. En otros países, como India y Perú, esta industria estuvo vinculada a al menos 80 episodios de conflictividad social, algunos de ellos violentos, generalmente en forma de huelgas laborales y protestas comunitarias desencadenadas por la contaminación del agua o el hedor de fábricas que procesan miles de toneladas de pescado en descomposición.
Por ejemplo, el camarón vendido por importantes cadenas minoristas en España, como El Corte Inglés, E.Leclerc y Carrefour, y criado en granjas de Ecuador, se alimenta con harina de pescado procedente de plantas de toda América Latina que han sido vinculadas a al menos cinco muertes de trabajadores, 20 casos de pesca ilegal y más de media decena de manifestaciones por el hedor de las fábricas de harina de pescado, según Desde el anzuelo al plato (Bait to Plate), una herramienta en línea para rastrear la industria y las cadenas de suministro de productos de mar. El Grupo Carrefour señaló que había iniciado una investigación sobre las cuestiones relacionadas con su cadena de suministro y que “adoptará todas las medidas necesarias en caso de que se confirmen incumplimientos”, lo que podría incluir la exclusión de fuentes de suministro que no cumplan con sus estándares éticos y ambientales. El Corte Inglés y E.Leclerc no respondieron a las solicitudes de comentarios.
La investigación, que requirió dos años de trabajo, cartografió prácticamente toda la industria mundial de la harina de pescado, incluidas las más de 1.400 plantas existentes en 64 países, y rastreó las cadenas de suministro desde los buques pesqueros hasta las plantas de procesamiento, las fábricas de piensos, las piscifactorías y los minoristas de productos de mar.

Mujeres procesadoras de pescado clasifican pescado ahumado en Bargny, un suburbio de Dakar (Senegal). CLÉMENT TARDIF (GREENPEACE)

El estudio reveló que la industria de la harina de pescado contribuye a las tensiones geopolíticas. En 2021, por ejemplo, una decena de arrastreros de fondo turcos que pescaban ilegalmente en el mar Egeo intentaron embestir a un buque de investigación griego cuando los científicos comenzaron a filmar su actividad. En 2018, estallaron disturbios en Saint-Louis, Senegal, después de que un pescador fuera abatido por guardacostas de Mauritania, durante lo que las autoridades mauritanas describieron como una incursión transfronteriza de una embarcación vinculada a la industria de la harina de pescado.
Desde mediados de la década de 1970, Marruecos ocupa militarmente el Sáhara Occidental, una presencia considerada ilegítima por más de 10 fallos del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Aun así, buques marroquíes pescan de forma habitual en aguas del Sáhara Occidental para luego transformar su captura ilegal en harina de pescado en plantas ubicadas en ese territorio y exportarla a granjas acuícolas de todo el mundo etiquetada como marroquí. En 2020, un enfrentamiento violento a causa de varios camiones, muchos de ellos cargados con pescado y harina de pescado procedentes del Sáhara Occidental, provocó la ruptura de un alto el fuego de 29 años. Hasta 2024, una planta de harina de pescado del Sáhara Occidental suministraba este producto a Irida, empresa que fabrica piensos para muchas piscifactorías de Grecia, incluidas aquellas que abastecen de dorada y lubina de cultivo a Mercadona, la mayor cadena de supermercados de España. Irida y Mercadona no respondieron a las solicitudes de comentarios.
Gran parte de la harina de pescado utilizada por las piscifactorías españolas, unas 128.000 toneladas en 2024, procede del extranjero, lo que vincula a los consumidores españoles con estos impactos sociales ocultos y transfronterizos. El 70% de la acuicultura española corresponde a bivalvos, como almejas, ostras, vieiras y mejillones. Estas especies son comparativamente más sostenibles, ya que por lo general no necesitan piensos y requieren cantidades relativamente pequeñas de tierra y agua dulce.
Entre las especies cuya producción depende de la harina de pescado, las más comunes en España son la lubina europea y la dorada. España también importa anualmente más de 7.848 millones de euros en productos de mar. En 2025, esas compras incluyeron más de 734 millones de euros en salmón de cultivo, cuya producción depende en gran medida de la harina y el aceite de pescado, lo que aumenta aún más la implicación de España en estos impactos.
La investigación analizó más de 2.400 embarcaciones vinculadas a la producción de harina de pescado, que operan en aguas de al menos 30 países. La mayoría de las embarcaciones de la flota mundial de harina de pescado eran cerqueros o arrastreros, que utilizan redes de gran tamaño para capturar densos cardúmenes de peces, barriendo de forma indiscriminada con grandes volúmenes de captura incidental y especies no objetivo. Al menos la mitad de las especies desembarcadas por los buques analizados fueron clasificadas por estudios científicos como “sobreexplotadas”.
Productos más accesibles
La acuicultura moderna tiene también sus beneficios. En India, por ejemplo, es una fuente clave de empleo, especialmente para las mujeres. En Bangladesh, su expansión ha contribuido a una disminución de los precios, haciendo que los productos de mar sean más accesibles para los hogares de menores ingresos. Las emisiones de carbono de la industria son mucho menores que las generadas por la carne de vacuno o de cerdo.
El cultivo de bivalvos tiene una huella de carbono especialmente baja. Ya desde 2022, aproximadamente un tercio de la acuicultura mundial no requería aportes externos de alimento. Sin embargo, en la actualidad, más de dos tercios de los productos de mar de cultivo dependen de los piensos procedentes del propio mar. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, se prevé que el consumo mundial de harina de pescado aumente casi un 10% entre 2022 y 2032.

Un trabajador arroja harina de pescado en una piscifactoría en Tailandia en 2021. MAKO KUROKAWA

Consultada sobre las preocupaciones en torno a la sostenibilidad de su sector, Véronique Jamin, portavoz de la IFFO, la asociación internacional de la harina y el aceite de pescado, afirmó que la acuicultura es “el sistema de proteína animal más eficiente”. Añadió que “los marcos de sostenibilidad no funcionarán si ignoran la economía del mundo real”, y sostuvo que las empresas de productos de mar deben responder a “lo que la gente realmente quiere comprar y comer”.
Los investigadores han explorado fuentes alternativas de proteínas como algas, residuos de yuca, larvas de mosca soldado negra e incluso proteínas unicelulares derivadas de hongos o bacterias, pero ninguna resulta todavía asequible a gran escala. Por ahora, el patrón persiste: los peces silvestres son capturados y convertidos en piensos, mientras que los costes de esta producción se pagan en otros lugares.
La investigación reveló el papel oculto que juegan el trabajo forzoso y la apropiación de tierras en la expansión de la industria acuícola china. En 2025, España importó más de 141 millones de euros en productos de mar procedentes del gigante asiático, cuya industria acuícola se está expandiendo rápidamente. Actualmente, China cría más de cuatro veces la cantidad de pescado que captura. Una de las regiones de crecimiento más acelerado es el interior occidental montañoso y desértico, particularmente Tíbet y Xinjiang, dos zonas conocidas por su intensa represión política.
La investigación identificó más de 1.000 granjas acuícolas en Xinjiang y Tíbet que producen anualmente productos de mar de cultivo por un valor estimado de 436 millones de euros, gran parte de lo cual se exporta a más de una decena de países. El impulso de China a la piscicultura en estas regiones se ve facilitado por una fuerte represión estatal, que incluye la apropiación generalizada de tierras, una intensa vigilancia policial y el encarcelamiento de decenas de miles de personas. La legislación de la Unión Europea, aplicable en España, no señala específicamente a China, pero prohíbe la importación o comercialización de productos elaborados mediante trabajo forzoso en el mercado comunitario.
Las empresas del sector de los productos de mar afrontan crecientes desafíos legales derivados de problemas en sus cadenas de suministro. Desde 2020, se han presentado al menos nueve demandas por publicidad engañosa contra seis empresas de productos de mar en seis jurisdicciones de Estados Unidos. Las denuncias se centraron en un patrón común: declaraciones de marketing que presentaban los productos como sostenibles o de origen ético, acompañadas de evidencias en la cadena de suministro que sugerían lo contrario. Los demandantes cuestionaron expresiones como “sostenible”, “ecológico”, “totalmente natural”, “capturado en estado salvaje” y “de la costa de Maine”, así como afirmaciones sobre estándares superiores en seguridad laboral. La investigación de The Outlaw Ocean analizó más de 500 empresas de productos de mar que realizaban afirmaciones de marketing similares, o incluso más contundentes, que las cuestionadas en las demandas, y encontró que más de la mitad presentaba delitos o irregularidades documentadas en sus cadenas de suministro.

La elaboración de este reportaje forma parte de una investigación más amplia realizada por un equipo internacional de periodistas de The Outlaw Ocean Project. - Fuente:
Imagen de portada: Trabajadores clasifican pescado a bordo del Lu Lao Yuan Yu 010, con bandera china, en aguas gambianas. FABIO NASCIMENTO (THE OUTLAW OCEAN PROJECT)
 

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