Donde los monocultivos llegan, aparece la destrucción: Boletín #280 del WRM
NUESTRO PUNTO DE VISTA
En 2004, unas 200 personas, entre activistas y miembros de comunidades afectadas por los monocultivos de eucalipto, se reunieron en Brasil para fortalecer la lucha contra el avance de lo que denominaron ‘desierto verde’. Para articular la resistencia contra esta plaga devastadora, los representantes de las comunidades presentes decidieron crear una fecha específica: el Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles, que se celebra el 21 de septiembre.
La elección de la fecha también tenía un significado especial: en Brasil, el 21 de septiembre es el Día del Árbol, una fecha en la que las empresas del sector suelen aprovechar para promover su imagen de sustentabilidad —justo cuando los movimientos y las comunidades recuerdan que una plantación de eucaliptos no es un bosque.
Para reforzar ese mensaje, necesitaban encontrar una manera de poner en palabras los daños que estas plantaciones estaban causando: “¿Cómo definir una plantación de eucalipto?”. La respuesta vino de un activista indígena involucrado en la lucha contra las plantaciones industriales de árboles en el territorio de su Pueblo: “Es un bosque muerto que lo mata todo”.
La idea errónea de que los monocultivos pueden considerarse bosques es uno de los factores que sigue impulsando las plantaciones industriales de árboles y palma aceitera en todo el mundo. Actualmente, la superficie estimada de estas plantaciones industriales en el mundo supera los 195 millones de hectáreas —¡casi el equivalente a la superficie de México! (3) Esto representa un aumento de más del 50 por ciento con respecto a la superficie que se destinaba a estos monocultivos en el año 2000 (4).
En tanto, las empresas del sector hacen todo lo posible para que esa cifra siga creciendo. La industria de la celulosa y el papel fomenta y sostiene activamente la demanda de productos como pañuelos, vasos descartables y embalajes con el argumento de que el mundo está inevitablemente destinado a consumirlos de manera crecientes (5). Las empresas también trabajan para que la demanda mundial de productos primarios de madera procesada —que incluyen madera aserrada, chapas y contrachapados, paneles de fibra y de partícula, además de pulpa de madera— aumente al menos un 37 por ciento hasta el 2050 (6).
Por su parte, las plantaciones industriales de palma de aceite siguen expandiéndose, impulsadas tanto por la industria de alimentos y cosméticos como por el aumento de la demanda de biocombustibles. El mercado de carbono también contribuye a impulsar esta tendencia: los los proyectos de "compensación de carbono relacionados con la naturaleza" —impulsados sobre todo en proyectos relacionados con plantaciones— han acumulado cerca de 18.000 millones de dólares en recursos anunciados públicamente entre 2018 y 2025 (7).
Si bien es cierto que los desiertos verdes han avanzado en estos 22 años transcurridos desde la creación de un Día internacional para combatirlos, también ha avanzado la resistencia contra ellos.
Los ejemplos son muchos: el Movimiento de Lucha por la Tierra (MLT), en Brasil, que logró que se llevara a cabo una reforma agraria y le dio un sentido comunitario a un área usurpada por Veracel, una empresa conjunta de la sueco-finlandesa Stora Enso y Suzano; la Federación de Campesinos del Sur de Tailandia (SPFT, por sus siglas en inglés), que se enfrenta a grandes plantaciones industriales de aceite de palma y caucho en la lucha por la reforma agraria; (8) los Joghban, en Liberia, que se levantaron contra Equatorial Palm Oil (EPO) y lograron recuperar parte de su territorio ancestral —aunque siguen enfrentando una represión ostensible por parte de los representantes de la empresa—; (9) los campesinos e indígenas organizados en el Territorio de Vida, Interétnico e Intercultural de Cajibío (TEVIIC), en Colombia, que luchan por recuperar sus tierras invadidas por una de las mayores multinacionales productoras de papel y cartón del mundo: Smurfit Westrock; (10) la Asociación de Propietarios y Usuarios de Tierras de Malen (MALOA), en Sierra Leona, y la Asociación de Mujeres Vecinas de Socapalm Edéa (AFRISE), en Camerún, que defienden sus territorios contra el avance de las plantaciones industriales de aceite de palma y caucho de Socfin; (11) o el Foro de Campesinos de Plasma de Buol (FPPB, por sus siglas en inglés), en Indonesia, que lucha por recuperar las tierras de los campesinos que cayeron en la trampa de un supuesto esquema de asociación con el agronegocio de la palma de aceite (12).
La lista no termina ahí. Al fin y al cabo, donde llegan los monocultivos, aparece la destrucción, ¡pero también la resistencia de los pueblos! En este Boletín presentamos más historias de comunidades que hacen frente al desierto verde y se suman a estos ejemplos.
Este Boletín se elaboró con las contribuciones de las siguientes organizaciones y personas: Fausta Rafael, de Missão Tabita, Mozambique; Eliandra Fernandes, de la Dirección Nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), Brasil; Genilda Cassiano, de la Comisión Quilombola del Territorio Quilombola Sapê do Norte, Brasil; Organización para la Protección del Medio Ambiente y los Derechos Humanos (OPEDH), República del Congo; Salva la Selva; Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (EMiPA), Argentina; Uli Arta Siagian, de WALHI Nacional, Indonesia; e integrantes del Secretariado Internacional del WRM.


