Sam Neill es el actor que sí vive lo que predica sobre el planeta

Sam Neill es conocido por correr de dinosaurios en Jurassic Park, pero su legado más duradero no está en ninguna pantalla. Durante décadas, el actor neozelandés construyó y dirigió Two Paddocks, una granja en Central Otago, Nueva Zelanda, donde apostó por la agricultura regenerativa, el rescate de fauna local y la defensa activa de los ecosistemas de su país. Mientras el mundo celebraba sus películas, él estaba sembrando plantas nativas y oponiéndose a proyectos mineros que amenazaban la tierra que amaba.

por Carolina Gutiérrez Argüelles

Two Paddocks: la granja que Neill eligió sobre Hollywood
Two Paddocks nació en los años 90 en la región de Central Otago, en la Isla Sur de Nueva Zelanda. Neill la convirtió en un proyecto de vida: agricultura libre de pesticidas, preservación de especies nativas y un modelo que demostró que producir alimentos sin destruir el entorno era posible. La granja también produce vino (Two Paddocks es hoy una bodega reconocida) pero la filosofía detrás siempre fue la misma: gestión responsable de la tierra, no extracción.
Neill documentó su relación con el lugar en redes sociales con una honestidad poco común para alguien de su trayectoria: fotos de animales rescatados, videos de siembra, reflexiones sobre el cambio climático sin el tono performativo que caracteriza a muchas celebridades verdes. “El futuro del planeta depende de nuestra gestión responsable”, repitió en múltiples entrevistas a lo largo de los años. No era un eslogan. Era el resumen de cómo organizaba su vida.

Activismo sin micrófono: especies en peligro y proyectos mineros
Más allá de su granja, Sam Neill alzó la voz contra proyectos de extracción minera que amenazaban ecosistemas en Nueva Zelanda. Se involucró en campañas de defensa de especies en peligro y apoyó organizaciones de conservación de fauna nativa, especialmente aves endémicas del país que no existen en ningún otro lugar del mundo.
Lo que hace a Neill un caso distinto al de la mayoría de las celebridades que ‘apoyan el medio ambiente’ es la escala de lo cotidiano: no necesitó un escenario global para actuar. La coherencia estuvo en las decisiones pequeñas y constantes (qué sembraba, cómo criaba los animales, a qué proyectos se oponía) durante más de treinta años. Eso es lo que el post viral capturó: no un gesto, sino una trayectoria.
El contraste con figuras como Elon Musk (cuya relación con el medio ambiente oscila entre promesas eléctricas y decisiones que contradicen cualquier agenda climática) no es caprichoso. Es la diferencia entre usar la plataforma para acumular capital simbólico y usarla para defender lo que tienes justo afuera de tu puerta.

‘Vivir y dejar vivir’: lo que hay detrás de ese consejo
El principio que Neill compartió en conversaciones cotidianas — ‘vivir y dejar vivir’ — no es una frase nueva ni complicada. Lo que la hace distinta en su boca es el contexto: viene de alguien que aplicó esa filosofía con los animales que lo rodeaban, con el ecosistema de su granja, y con una carrera que construyó sin las guerras de ego que definen a muchos actores de su generación.
Hay algo en esa sencillez que resuena ahora más que nunca. En un momento en que la conversación sobre nuestra relación con la naturaleza está en todas partes, Neill ya vivía esa relación sin convertirla en manifiesto ni en campaña. Era su forma de estar, no su discurso. Y eso, curiosamente, lo hace más poderoso que cualquier declaración pública.
Un viñedo donde la biodiversidad era tan importante como el vino
Más allá de las uvas, Neill quería devolverle vida al paisaje. Por eso impulsó la plantación de miles de árboles y arbustos nativos que, poco a poco, comenzaron a transformar el entorno. En algunos periodos llegaron a sembrarse más de 2.500 ejemplares, favoreciendo el regreso de especies de aves como el tūī, el bellbird y el fantail, que habían desaparecido de varias zonas de Central Otago.

El proyecto también incorporó energía solar, compostaje, cultivo de frutas, verduras y lavanda, creando un sistema donde prácticamente todo tenía una segunda oportunidad. Esa apuesta por una producción más respetuosa con el medio ambiente llevó a Two Paddocks a recibir en 2024 el reconocimiento como Sustainable Vineyard of the Year en los New Zealand Organic Wine Awards. Para Sam Neill, producir un buen vino y proteger la naturaleza nunca fueron objetivos separados.
La batalla que libró para proteger uno de los paisajes más valiosos de Nueva Zelanda
En los últimos años de su vida, Sam Neill también alzó la voz contra el proyecto de la mina de oro Bendigo-Ophir, promovido por Santana Minerals cerca de sus viñedos. Su preocupación iba mucho más allá de su propiedad: advertía que la explotación minera podía afectar uno de los paisajes naturales más importantes del país.
Entre los riesgos que señalaba estaban el uso de cerca de 1.900 kilogramos diarios de cianuro, la construcción de una enorme presa para almacenar residuos mineros y el posible impacto sobre ríos, fauna y actividades económicas como la agricultura, la viticultura y el turismo. Su postura quedó resumida en una frase que repitió en distintas ocasiones: “No estoy en contra de la minería; estoy en contra de esta mina”. Con esa convicción produjo el documental Into the Dunstan Mountains y apoyó diversas iniciativas ciudadanas para proteger la región.
Una forma de entender la naturaleza que sigue inspirando
El compromiso ambiental de Sam Neill también se reflejó en su participación como miembro del Sustainability Council of New Zealand y como patrono del New Zealand Nature Fund, desde donde respaldó proyectos para conservar parques nacionales y especies amenazadas como el albatros antipodiano. Además, promovió el uso de fibras naturales como la lana y apoyó campañas para reducir el consumo de plásticos de un solo uso.

Más que convertirse en un activista de grandes escenarios, eligió demostrar que los cambios importantes pueden comenzar desde un terreno, una comunidad o un proyecto personal. Su forma de entender la sostenibilidad era sencilla pero poderosa: dejar la tierra en mejores condiciones de como la encontró.
El legado ambiental de Sam Neill permanece vivo mucho más allá de su carrera cinematográfica. Los árboles que plantó, las aves que regresaron a sus viñedos y el modelo de producción sostenible que impulsó siguen siendo una muestra de que la conservación también se construye con acciones constantes. Su historia recuerda que cuidar la naturaleza no siempre implica realizar grandes gestos; muchas veces comienza con la decisión de proteger el lugar donde vivimos. Al final, esa quizá sea una de las herencias más valiosas que puede dejar una persona: entregar un mundo un poco mejor del que recibió.

Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/sam-neill-granja-sostenible-ambiental/

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