Revista Habitantes N°4

“Insistimos por proponer otra ruta interpretativa al futuro que nos aguarda, una que podamos andar todos y que contemple a nuestra naturaleza como parte armónico del todo. Al modelado de esta construcción colectiva convocamos al trabajador, al campesino al habitante originario sin distinciones de raza, credo o clase. Todos somos hijos de la Tierra.”
 
Editorial Habitantes
De la épica del Habitante


Habitualmente la trazabilidad de un proyecto de desarrollo, supone como gratuitos, muchos elementos anteriores a su planificación y que sin los cuales todo el ejercicio económico carecería de fundamento. El agua, el suelo, la capacidad de trasporte y el empleo de energías perdurables entre otros elementos de relevancia, integran este factor inconsciente en la mayoría de los emprendimientos comerciales. Por ello, es la adhesión popular lo que hace de ellos un dispositivo armónico al que humildemente llamar economía. Así nace la necesidad de proponer abiertamente un revalúo de nuestras oportunidades económicas, ahora que el paradigma del desarrollo en occidente parece detenerse.
La insensatez de una guerra que no termina, el soberano encarecimiento de la energía y la repentina escasez del agua y los alimentos más básicos, han terminado por minar de conflictos el horizonte económico familiar a nivel global, mientras que un exponencial crecimiento de la población confirma la profundidad de la emergencia en progreso. El sentido colectivo de la respuesta es inexorable, una condición silvestre, basal o natural es causa concurrente de la presencia biológica de todos por igual. En tanto que la apropiación personal como matriz impulsora del desarrollo capitalista, está permanentemente involucrada a la extracción de renta y a la exclusión de los competidores más próximos.
Así nuestro territorio perdió primero su frondosa espesura, luego su fauna y hasta su infinita pastura y ahora expone a la miseria y al éxodo a la población remanente. Durante dos siglos hemos observado el retiro de cuanta forma de vida albergaran nuestras aguas y nuestro suelo, sin poder más que resarcir semejante saqueo con una moneda de cambio hoy más que nunca ficticia e inexistente. La continuidad de un modelo económico sede en importancia ante la necesidad inmediata de supervivencia colectiva, de modo que sin distinción de moneda o ideología alguna, la gente espera que un sistema provea como mínimo a cada miembro activo, de todas las necesidades básicas que dignamente demanda una familia, a cambio de un sencillo día de faena. Sin una posición ética frente a esta variable de adhesión, estaremos o no de un lado u otro del próximo conflicto. Es por este motivo que insistimos por proponer otra ruta interpretativa al futuro que nos aguarda, una que podamos andar todos y que contemple a nuestra naturaleza como parte armónico del todo. Al modelado de esta construcción colectiva convocamos al trabajador, al campesino al habitante originario sin distinciones de raza, credo o clase. Todos somos hijos de la Tierra.
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