Debates socio ambientales urgentes en tiempos de una crisis que parece eterna: energético, extractivo y derechos humanos

En este momento desfavorables como el de la actual crisis se abren espacios para la reflexión. Creo que en situaciones extremas se puede entender mejor lo que pasa a nuestro alrededor que en épocas en que estamos cegados por bonanzas, sean estas reales o supuestas. La crisis que se ha destapado no es sólo económica: también es social, alimentaria, energética, climática. Y trae ante nuestro campo de visión cuestiones como la destrucción irracional de la naturaleza, el hambre y la pobreza global, el cambio climático, que ya no afectan sólo a los más desfavorecidos del Sur, sino también a nuestros vecinos. Todos esos campos requieren debates profundos.

Guadalupe Rodríguez

Está claro que el modelo económico y en consecuencia nuestro modo de vida le infringe daños irreparables al medio ambiente, a la naturaleza. El contexto actual de crisis es un buen momento para ejercer nuestro derecho a defender el ambiente.
Mi propuesta
En ese sentido, quiero proponer tres debates ambientales y sociales que no siempre están en los lugares comunes, que no están en la calle tanto como deberían estar y por eso todavía están todavía muy pendientes:
1) El debate energético, adelantarse e ir más allá de los lugares comunes.
2) El debate extractivo, sobre la extracción masiva de los recursos naturales, que es el debate de las materias primas.
3) El debate de la situación de los derechos humanos que planteo específicamente en relación con las luchas ambientales, y al mismo podríamos sumar el debate sobre los derechos que tiene la propia naturaleza, abierto por la inclusión de estos derechos en la Constitución ecuatoriana del año 2008.
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1) ENERGÍA — En cuanto al debate energético, no quiero hablar sobre el pico del petróleo ni sobre el inminente fin de la era de los combustibles fósiles, sino más bien llamar la atención sobre la imposición del nuevo modelo energético de las energías renovables: me refiero tanto a la bioenergía (el uso de biomasa para la producción de agro o biocombustibles), como a la producción de energía eléctrica mediante hidroeléctrica, eólica, solar, etc. y también a la movilidad eléctrica, el coche eléctrico.
Alguien -los poderosos- decidieron que estas energías son renovables y que por eso son beneficiosas para el ambiente y para todos nosotros, y desde ese momento, sin ningún tipo de discusión pública o consulta se destinaron sin mediar palabra ingentes recursos a su expansión y desarrollo. Como ecologista, me intereso sobre los impactos de la generación de energías renovables.
A lo que voy, es que el modelo energético de las renovables también supone impactos gravísimos sobre la naturaleza, sobre las poblaciones y comunidades, impactos que son equivalentes a los de la energía fósil.
Por eso, importante y fundamental no es tanto preguntarse qué tipo de energía se va a generar, sino cómo se va a generar, con qué base material, quién va a seguir generando y vendiendo la energía de la transición energética, para quién va a ser esa energía. En una palabra, quiénes son los que se lucran. El caso de las bioenergías es un buen ejemplo de lo que estoy diciendo en uno de los planos de este debate; pero también otros como el del automóvil eléctrico y sus requerimientos materiales.
En este contexto, la iniciativa SEFA Energía sostenible para todos, se presenta como una iniciativa de ‘para todos’, pero en el fondo apunta a entregar la generación y comercialización de energía a las corporaciones….. (Guatemala, Africa, España/ ENCE…)
2) EXTRACCIÓN DE MATERIAS PRIMAS — En el debate extractivo que tendríamos que llevar a cabo urgentemente, yo incluiría los impactos ambientales y sociales de la extracción de las materias primas no energéticas (metales y minerales) y también la extracción de materias primas energéticas (petróleo, gas, carbón -energías fósiles-, y uranio ), o sea, la contaminación y envenenamiento del medio y las poblaciones; el agronegocio como extractivismo, es decir, la producción altamente industrializada y globalizada de alimentos, y también la producción de transgénicos, que significan el acaparamiento masivo de tierras en todo el mundo, con consecuente desplazamiento de poblaciones rurales y causante del fin de modos de vida tradicionales basados en otros valores distintos a los económicos (como la solidaridad). También aquí se cuentan impactos como la contaminación de aguas y suelos, además del desgaste de estos últimos, el envenenamiento de personas por pesticidas y agrotóxicos.
El extractivismo se ampara en las políticas de globalización, que incluyen las agresivas políticas de la Unión Europea como la nueva Estrategia Europea de Materias Primas, que forma parte de la más amplia Estrategia Europa 2020, bajo el lema “competir en el mundo”, y que apunta a asegurarse las materias primas del Sur global en una lógica ilógica de neocolonialismo.
Voy a arriesgarme lanzando al viento en Asturias, comunidad de tradición minera, una cuestión que a mí como ecologista me alucina. Digo arriesgar porque yo vengo aquí a aprender del posible debate que se pueda dar sobre cuestiones polémicas. Y espero que alguno de los presentes tenga algo para decir al respecto. Y es: cómo, cuando durante este año* amenazaba el cierre de las minas de carbón, modelo energético antiecológico por excelencia, la población se lanzó en masa a apoyar a unos mineros que en el fondo reivindicaban subsidios que favorecieran a la patronal minera y para perpetuar la agonía de un modelo económico contaminante y caduco. Si yo no entendí mal, la protesta se basaba más bien sobre los intereses de la patronal minera, de los poderosos, a los que se unieron los mineros para defender los puestos de trabajo. En los medios de comunicación no pude observar ni un sólo debate que permitiera conocer puntos de vista diversos y realistas sobre lo que estaba pasando.
Mi pregunta aquí es cómo, mientras miles de poblaciones resisten en contra del comienzo de proyectos mineros en las inmediaciones de sus comunidades por miedo a los impactos sociales y ambientales, aquí nos aferramos con uñas y dientes a un modelo caduco y contaminante.

3) DERECHOS — Incluyo en esta propuesta de debate sobre los derechos la cuestión alimentaria, y el hecho de que la política global conduce al mundo a una crisis alimentaria sin precedentes, donde más de 1000 millones de personas pasan hambre y pronto serán muchas más, dada la sequía que azota los EEUU, que tiene impactos en todo el mundo.
Donde antes se producían alimentos para el sustento de los pueblos, ahora hay monocultivos para la exportación de materias primas, sean alimentos como café, piñas, cacao, soja o aceite de palma u otros para la industria como pulpa de celulosa, soja y palma para agrocombustibles, algodón, y otros.
El modelo económico trae consigo un alarmante recorte de derechos, que se hace patente en un aumento de la protesta social, en los señalamientos de líderes sociales y la criminalización, que van dirigidos a amedrentar y acallar a quienes ejercen su derecho a oponerse. Muchos líderes sociales al frente de luchas ambientales han sido asesinados en los últimos años. Puedo recordar ahora mismo a Walberto Hoyos en Colombia, a Betty Cariño en México, a Mariano Abarca, también en México, muy recientemente al abogado Antonio Trejo en Honduras, cuya muerte sigue a la de más de 60 otras personas asesinadas en el marco de la lucha por la reforma agraria. Situación similar se da en Guatemala y en muchos otros países.
Se requiere un conocimiento y aplicación estricta del derecho internacional, empezando por la Declaración de los Derechos Humanos, de los derechos de las mujeres, los derechos específicos de los pueblos indígenas, el convenio 169 de la OIT (consulta), y una discusión profunda sobre los Derechos de la Naturaleza.
Este debate se superpone pues al energético y al de las materias primas, todos están estrechamente relacionados, y estos dos tienen un impacto claro también sobre los derechos de los pueblos.
Cuestiones
Qué es lo esencial e irrenunciable: urgencias como la alimentación, la salud, la educación.
Qué es lo no esencial y superfluo: el consumo excesivo, uso excesivo de energía y materias primas.
Un cambio de modelo significa la apertura de espacios comunitarios y locales, redes cotidianas de reflexión y acción que determinen las claves del sustento, de la solidaridad, que vigilen a los políticos y les hagan pagar por sus malos programas y sus falsas soluciones.
El camino lo marca el pueblo: nuestra voz debe alzarse de manera pacífica y escucharse.
La tierra debería ser para quien vive en ella y la producción agrícola un modo de vida, y no la producción de unas mercancías para la exportación.
Las soluciones oficialmente planteadas para las crisis son falsas, porque apuntan a perpetuar el mismo modelo: más de lo mismo, más crecimiento y más consumo, que son lo que nos traen a la crisis. Las soluciones para la crisis ecológica son engañosas por plantearse desde una vertiente económica. La economía verde significa seguir destruyendo, pero de forma estandarizada, certificando la destrucción con sellos ecológicos (como el FSC para madera, RSPO para la palma aceitera, MSC para la pesca) y otros sellos para otros productos que en definitiva nos quieren convencer de que todo es “sostenible”, cuando no lo es.
Solución/ Alternativa:
Es hora de replantearnos el modo de vida consumista y derrochador que llevamos en nuestras sociedades. En todos estos campos se ha llegado a puntos de no retorno, que exigen un cambio, una revolución.
Asumir las contradicciones individuales, como organizaciones y como sociedades en las que caemos continuamente, analizarlas, debatirlas para cambiarlas. Para poder cambiar el modo insostenible de vivir. Recuperar la capacidad de encuentro de debate, de discusión.
Tejiendo redes es el nombre de este encuentro. Y tejer redes desde abajo es una de las claves de la solidaridad y del trabajo y esfuerzo conjunto.
De forma mayoritaria las organizaciones no gubernamentales y otras entidades sociales trabajamos por nuestros diferentes conceptos de un mundo mejor, cada una en el campo de actuación que se propone.
Por mi parte y junto a la organización con la que trabajo que es Salva la Selva hago seguimiento y denuncias sobre la destrucción ambiental y todo tipo de violaciones de derechos en las selvas tropicales y otros bosques. Investigamos las denuncias, nos posicionamos como organización, difundimos la información hasta donde nos es posible, e intentamos dialogar con los responsables y transmitir nuestra preocupación por la destrucción y nuestro apoyo a los denunciantes. Para eso, colaboramos con una enorme red de personas y organizaciones en todo el mundo con los que nos planteamos qué mas se puede hacer en defensa de la vida y la naturaleza e intentamos implementar las ideas y propuestas.
Diversificar, deslocalizar puede ser la clave para la construcción y reconstrucción de formas de organización social más justas y respetuosas con el entorno y con los demás. Volver a la naturaleza y vivir de acuerdo a ella y más cerca de ella.
Cuestiones globales requieren de soluciones globales y resistencias globales. Encaradas y debatidas en profundidad desde Sur y desde Norte. Y por eso estamos hoy aquí participando de este encuentro y me encantará poder debatir con ustedes a continuación.

Guadalupe Rodríguez: Mi aporte a las resistencias sociales y al debate: ayudo a interpretar políticas europeas que impulsan el extractivismo y la (bio)energía. @ecologistadelno. *Este texto lo preparé como ponencia que tuvo lugar el 25 de octubre de 2012, para un encuentro en Gijón, Asturias, sobre “Derechos Económicos, Sociales y Ambientales -Tejiendo Redes Norte-Sur”
Fuente: https://ecologistadelno.medium.com/debates-socio-ambientales-urgentes-en-tiempos-de-una-crisis-que-parece-eterna-energ%C3%A9tico-d653b25a63ae - Imagen de portada: : Factory by Chris LeBoutillier/Pexels





 

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