¿Salvará la Declaración de Glasgow los bosques del mundo?
Ashish Kothari
Los gobiernos han fracasado repetidamente a la hora de aplicar la justicia ecológica y socioeconómica
En septiembre de 2020, la ONU publicó un informe, la Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad 5, con la deprimente conclusión de que no se había cumplido plenamente ni una sola de las Metas de Aichi. El mundo no había logrado el siguiente objetivo, el 5: “Para 2020, el ritmo de pérdida de todos los hábitats naturales, incluidos los bosques, se habrá reducido al menos a la mitad y, cuando sea posible, se habrá acercado a cero, y la degradación y la fragmentación se habrán reducido considerablemente”. Como resume la ONU “A pesar de los alentadores avances en varias áreas, el mundo natural está sufriendo mucho y empeorando”. Y los objetivos Zero Net (Saldo Cero (de Emisiones)) implican plantaciones masivas, que nunca pueden sustituir a los bosques naturales perdidos y a menudo desposeen a los usuarios tradicionales de la tierra.
Nótese de nuevo que las Metas de Aichi forman parte del CDB. Se trata de un instrumento jurídicamente vinculante finalizado en 1992. Si los objetivos del derecho internacional, con un compromiso mucho más universal, no se han cumplido, ¿qué posibilidades hay de que un compromiso no vinculante jurídicamente (como la Declaración de Glasgow) lo sea?
La Declaración y los anuncios relacionados tienen varios elementos aparentemente positivos. Se reconoce que hay que cambiar los flujos comerciales, agrícolas y financieros mundiales que generan la deforestación. Los países, los donantes y el sector privado se han comprometido a destinar más de 17.256 millones de euros a las acciones pertinentes. 30 instituciones financieras con más de 7,5 billones de euros en activos mundiales han declarado que harán sus “mejores esfuerzos” para eliminar las inversiones en actividades que conduzcan a la deforestación por la producción de productos agrícolas, como la carne de vacuno, la soja, pasta de papel y papel, y el aceite de palma, para 2025.
No cabe duda de que estos compromisos tendrán algunos resultados positivos, al igual que las Metas de Aichi condujeron a acciones de conservación para algunas especies y ecosistemas. Algunos gobiernos y empresas se esforzarán por reducir su huella ecológica. Pero la propia Declaración tiene defectos que anularán estos beneficios al permitir que continúe la deforestación.
La frase comodín “de conformidad con la legislación nacional y los instrumentos internacionales pertinentes, según proceda” es similar a la contenida en el CDB y otros instrumentos medioambientales, lo que permite a los países y las empresas eludir los compromisos mundiales.
La Declaración reitera el objetivo de un “crecimiento resistente e integrador”, a pesar de que cada vez hay más pruebas de que el crecimiento económico que requiere la extracción continua de materiales, el uso de energía y el vertido de residuos, es simplemente insostenible en un planeta finito.
Y es probable que una buena parte de la financiación se dirija a acciones del tipo “Zero Neto” (Saldo Cero), en las que los contaminadores siguen contaminando y pagan a otro para que absorba la contaminación, con todas sus conocidas trampas, o a acciones que podrían desplazar a las comunidades en nombre de la creación de áreas protegidas o plantaciones disfrazadas con términos agradables como “soluciones basadas en la naturaleza”.
A menos que se pueda frenar el enorme poder de las empresas multinacionales y los gobiernos nacionales, seguramente una futura Perspectiva Mundial de la Biodiversidad en 2030 concluya que la Declaración de Glasgow ha fracasado.
https://aplaneta.org/2021/11/10/salvara-la-declaracion-de-glasgow-los-bosques-del-mundo/