No lo llames solo Antropoceno, también vivimos en el Homogenoceno
El impacto del ser humano a escala global se nota también en las huellas que deja en los sedimentos una biodiversidad cada vez más homogénea: Cuenta la leyenda que un solo hombre se propuso introducir en Nueva York todas las especies de aves que se nombraban en las obras de William Shakespeare. Puede que sea cierto o puede que no. De lo que sí hay pruebas es de que la Sociedad Americana de Aclimatación soltó algunas parejas de gorriones y estorninos en Central Park a mediados del siglo XIX.
Juan F. Samaniego
Esta organización había nacido con el objetivo de modificar la fauna y la flora americana para que se pareciese a la de los lugares de origen de los colonos europeos. Y en muchos sentidos lo consiguió. Hoy hay unos 93 millones de estorninos y más de 150 millones de gorriones en América del Norte, según los datos del laboratorio de ornitología Cornell. Ambas son especies con gran capacidad de adaptación y que se han acostumbrado a vivir en entornos humanizados. Es decir, especies que han evolucionado para tener éxito en el planeta sapiens. No son las únicas, claro. Las palomas, las ratas e insectos como las moscas o las cucarachas alemanas también han conquistado la Tierra.
Si hablamos de animales domésticos, las cifras todavía son más abultadas. Junto a los 8.300 millones de seres humanos viven cerca de 30.000 millones de pollos y gallinas, unos 1.600 millones de vacas, 1.400 millones de ovejas y alrededor de 1.000 millones de cerdos (según datos de la FAO de 2024). A ciertas plantas tampoco les ha ido mal con la domesticación: hay más de 200 millones de hectáreas de superficie planetaria dedicadas a cultivar maíz y otras tantas para trigo (siempre según las estadísticas de la FAO).
El mundo es cada vez más uniforme. En todo el planeta, las especies de plantas y animales locales están desapareciendo y siendo reemplazadas por especies que tienen la suerte de prosperar junto a los humanos. Algunas cuentan con nuestro apoyo incondicional por todo lo que nos dan a cambio. Otras simplemente son capaces de sacar provecho a nuestros hábitos. Algunas se integran sin problema en los nuevos ecosistemas, pero otras causan auténticos terremotos ecológicos.
La era de la homogeneización
En 2024, el comité de expertos encargado de definir las fronteras geológicas del planeta (la Comisión Internacional de Estratigrafía) votó en contra de introducir el Antropoceno como una nueva época marcada por el impacto del ser humano a escala planetaria. Este voto en contra no zanjó, ni mucho menos, el debate. De hecho, ninguno de los expertos de este comité niega el impacto del ser humano en el planeta, simplemente decidieron que las evidencias reunidas hasta ahora no eran suficientes para declarar una nueva época geológica (aquí te explicamos el lío).
A pesar de todo, las señales en los sedimentos de la influencia humana en el planeta son muchas: los isótopos radiactivos de las bombas atómicas, los microplásticos, los pesticidas y los fertilizantes o las cenizas de la combustión del carbón y el petróleo. La homogeneización de la biodiversidad terrestre podría ser también una de ellas. Y es que también vivimos en el Homogenoceno, una época marcada por la creciente uniformización de las especies con las que compartimos el planeta.
«Para mí, uno de los grandes ejemplos del Homogenoceno es Trochammina hadai. Es una especie de ameba con concha, un grupo de seres diminutos llamados foraminíferos», explica Mark Williams, profesor de paleobiología de la Universidad de Leicester (Reino Unido). «Es originaria de los mares y estuarios de Japón, pero gracias al transporte marítimo internacional ha llegado a las aguas costeras de todos los países del mundo durante la última parte del siglo XX. Y ha dejado una huella fósil de su presencia en sedimentos de reciente formación allá donde ha ido, constituyendo así un indicador tanto del Homogenoceno como del Antropoceno».
Williams es uno de los autores de un estudio reciente que analiza en detalle los cambios rápidos que está experimentando la biosfera en el Antropoceno. En él sostienen que, en los últimos 70 años, los cambios de la vida en la Tierra se han intensificado de forma dramática.
«El Homogenoceno es un término complejo que refleja tanto una homogeneización de la flora y de la fauna a nivel global como el impacto de las especies no nativas en la biodiversidad local. Algunas de estas llegadas pueden ser beneficiosas, pero otras pueden causar daños ecológicos», añade el investigador.
Las evidencias de estos cambios no solo se encuentran en los sedimentos, sino también en los almacenes de los museos, repletos de especies de animales que una vez convivieron con nosotros, pero que ahora solo se conservan en tarros con formol. Como sostienen los investigadores en un artículo en The Conversation, los espacios ecológicos que dejan estas especies extintas se han ido llenando, una y otra vez, con las mismas especies, las más resistentes y las que más capacidad de adaptación tienen.
Estos reemplazos son especialmente evidentes en las islas, donde las especies nativas suelen estar adaptadas a nichos ecológicos muy concretos y pueden ser desplazadas con facilidad por la competencia hasta la extinción. El rascón de las islas Fiyi, por ejemplo, no pudo hacer frente a los depredadores introducidos por los seres humanos y no se ha visto en estado salvaje desde 1970. Y muchos caracoles insulares no han resistido la llegada de especies más fuertes, como el caracol gigante africano (considerado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo).
La lista del Homogenoceno es muy larga. Los seres humanos hemos ido desdibujando, de forma intencionada y también sin querer, las fronteras naturales que antes mantenían a las especies dentro de determinados ecosistemas. «El mecanismo principal son los sistemas de transporte. Muchas especies no nativas viajan a bordo de buques internacionales y dan la vuelta al mundo. A veces, los animales viajan en el agua de lastre, que se carga en un lado del océano y se descarga cuando el barco atraca en el puerto del otro lado», explica Mark Williams.
«En tierra, las especies no nativas suelen migrar a través de las vías fluviales. Así lo hicieron los mejillones cebra cuando llegaron a Norteamérica en la década de 1980, migrando a través de los Grandes Lagos y causando importantes daños ecológicos y ambientales», añade. «Además, las especies no nativas se desplazan por terrenos modificados por el ser humano, cerca de carreteras y vías férreas. Cualquier lugar donde el ecosistema autóctono haya sido modificado por el ser humano suele proporcionar a las especies no nativas un buen punto de partida».
La biodiversidad local en el Homogenoceno
No todos los cambios que los seres humanos han provocado en la biosfera han sido catastróficos. En algunos lugares, las especies no nativas se han integrado a la perfección en los ecosistemas, llegando incluso a enriquecer la biodiversidad autóctona. De acuerdo con el investigador, este proceso puede llegar a ser crucial para la preservación de muchas especies, contribuyendo a que se adapten a un planeta cada vez más humanizado. Además, en algunos contextos, la modificación humana de los ecosistemas (por ejemplo, mediante la tala de árboles) ha contribuido a aumentar la diversidad de animales y plantas. En otros casos, las acciones de conservación y regeneración han logrado frenar la pérdida de biodiversidad.
«Sin embargo, existen importantes aspectos negativos. Cada vez que una especie desaparece de un ecosistema, es muy probable que la resiliencia de dicho ecosistema se vea degradada. Y, cuando se pierden varias especies, el ecosistema puede alcanzar un punto de inflexión a partir del cual esa degradación es permanente», señala el investigador de la Universidad de Leicester. «Si a esto le sumamos los efectos de la contaminación, el cambio climático y la pérdida de hábitats, la homogeneización será probablemente uno de los principales factores que contribuyan a la extinción de especies en el siglo XXI».
En algunos casos, los procesos de homogeneización pueden ser reversibles, al menos parcialmente. Los ejemplos de mayor éxito están en las islas, donde la eliminación de depredadores invasores como las ratas es una medida habitual de conservación, ya que suele llevar a una rápida recuperación del ecosistema. Sin embargo, a gran escala, la homogeneización es en gran medida irreversible.
«Los procesos de intercambio de flora y fauna han ocurrido a lo largo de la historia de la Tierra de forma natural, pero los humanos los hemos acelerado enormemente este proceso. Llevamos miles de años trasladando especies no autóctonas, pero la homogeneización se ha vuelto increíblemente rápida en la época del Antropoceno», concluye Mark Williams. «Tanto, que el Homogenoceno deja ya un registro fósil muy característico que puede llegara a utilizarse para definir el Antropoceno como una nueva época geológica que comienza a mediados del siglo XX».
Fuente: https://climatica.coop/vivimos-en-el-homogenoceno/ - Imagen de portada: Bandada de estorninos en Otmoor Lane (Reino Unido). Foto: James Wainscoat.
