Karla Lara, cantautora y activista hondureña: «A Berta Cáceres la mató el capital financiero»

Con motivo del décimo aniversario del asesinato de Berta Cáceres, la cantautora hondureña está participando en la campaña «Hasta la raíz». Como parte de ese homenaje, recorre el Estado español en una gira de conciertos: Hernani, 27 de marzo de 2025. La tarde cae sobre la Kulturarteko Plaza Feminista y Karla Lara (Tegucigalpa, 1968) acaba su actuación. «Karla ha cantado en cuatro actos», anotamos: la memoria de Berta y el feminicidio político, su sobrina nieta Jimena y el mestizaje, los idiomas como arraigo, y Sandra Morán recitando con el tambor que las mujeres juntas somos la mitad del mundo y la mitad del cielo.

Por: Lidia Ucher

Trae a sus mujeres referentes por su nombre desde el escenario, invita al público a buscarlas, a leerlas, a cantarlas. Traerlas, nombrarlas, honrarles, como ella misma canta en Recordarles, es su forma de sanar la ausencia, de hacer justicia donde la justicia no llega. Esa noche le envío un mensaje con mis notas. Al día siguiente, cuando le pregunto por la canción que le dedicó a su sobrina nieta, responde con una pausa larga. Cuando llego a la pregunta más directa, ¿cómo nombras lo que mató a Berta?, hace otra pausa, suspira, y dice, con una mezcla de resignación y firmeza que es también una sentencia: “La mató el capital financiero”. Lo dice con la rabia y la claridad de quien ha pensado esa frase muchas veces, y el cansancio de quien sabe que esa verdad sigue sin llegar adonde tendría que llegar.

Karla Lara lleva décadas poniendo música a la resistencia centroamericana. Cantautora y activista, es una de las voces más reconocidas de la canción comprometida en América Latina. Su gira por el Estado español en marzo de 2026 forma parte de la campaña Hasta la raíz: 10 años del asesinato de Berta Cáceres, impulsada por Entrepueblos-Herriarte para situar en la agenda pública las responsabilidades empresariales y financieras documentadas por el Grupo Internacional de Expertos Independientes detrás del crimen. La entrevista tuvo lugar al día siguiente del concierto de Hernani, el sábado 28 de marzo, en los últimos días de una gira que también pasó en Euskadi por La Sinsorga de Bilbao y Leioa.
En Hernani, cuando cantaste a «todas las Jimenas», dijiste algo que nos resonó a todas: «Una sabe para dónde ir cuando sabe de dónde viene». Fue como un canto al origen, a estar orgullosas de lo que somos, «es negra la esperanza». ¿Por qué cantar hoy a nuestras sobrinas?
En esto de involucrarse en las luchas hay un montón de aristas que no existían en nuestras reflexiones de los años ochenta. Yo me formé políticamente en El Salvador y recuerdo que allá había una lucha más concreta: botar a la oligarquía, llegar al poder. Muchas cosas que ahora nos preguntamos no nos las preguntábamos entonces. La presencia de los pueblos indígenas, la reflexión sobre el modelo civilizatorio como algo aplastante y desconocedor de nuestra herencia. Yo conocí el feminismo cuando ya tenía más de 30 años y cuatro hijos. Me di cuenta de muchas cosas que he ido incorporando a mis reflexiones políticas.
El golpe de Estado fue también un golpe de realidad: los pueblos estaban vivos y enseñándonos cosas. El COPINH y la OFRANEH se fueron a instalar a Tegucigalpa y nosotras pudimos volver la mirada y darnos cuenta de que el racismo está demasiado vivo, del desprecio histórico hacia los pueblos originarios, del paternalismo con que muchas organizaciones se acercan a ellos. Y de esta construcción del mestizaje para que parezcamos cualquier cosa menos los indios y los negros que somos y de donde venimos.
No sirve llegar al poder sin haber pensado antes en cómo tenemos interiorizadas las opresiones, nuestros racismos, nuestro clasismo, nuestro patriarcado. Si no hacemos esa lucha interna al mismo tiempo, vamos a llegar al poder y a repetir las mismas cosas. Que es lo que estamos viendo: las izquierdas llegan al poder y son patriarcales, racistas, clasistas, paternalistas, asistencialistas, y no van a la raíz porque no están conectadas desde sí mismas.
Son siglos diciéndonos que somos menos, que el pelo colocho es malo, que la piel negra es fea, que lo bonito es ser blancas, delgadas, altas. Y eso nos va marcando tanto, porque vamos sintiéndonos siempre fuera de lugar. Hasta que un día podés decir: esto también es bello. Esta es otra belleza, otra forma de estar en la vida. Y eso te hace sentirte bien para defender el río desde un cuerpo territorio que también está a gusto.
Porque el cuerpo territorio, ¿qué es? Es que este cuerpo ha sido saqueado, violado, ha sido moneda de mercancía. Pero también es mío. Estas piernas cortas mías, así es mi territorio, no tiene que ser estilizado ni largo. Y me gusta, para que no me digan tampoco que mi rancho es feo, que el lugar donde vivo es pobre y sucio. No: está empobrecido. Está sucio, pero es que no tiene tu estética. Esta estética importa. Es la mía.
Hablas de Berta desde la emoción, del acoso que la vulneró, del miedo que tenemos todas a hablar de nuestra propia vulnerabilidad. Y sin embargo, 10 años después, Berta sigue diciéndonos cosas. ¿Qué no calcularon quienes la mataron?
No calcularon que Berta iba a trascender su muerte, que iba a trascender fronteras y tiempo. Son 10 años ya y Berta sigue diciendo cosas. Su pensamiento político no pierde vigencia en tanto el modelo sigue instalado, el extractivismo avanza, los fundamentalismos avanzan.
Pero es que la forma en que Berta proponía el camino tiene total vigencia. Berta decía: refundémonos por adelantado. ¿De qué sirve llegar al poder si antes no hemos probado cómo es vivir en comunidad, vivir colectivamente, desprenderme de mi individualismo, renunciar al consumo desmesurado, vivir con menos, renunciar a determinados privilegios de escolaridad, de clase? ¿Puedo yo realmente vivir así? ¿Me gusta o estoy mintiendo?
Estamos en un continuo ejercicio político de memoria. Hay que acordarnos de cómo vivíamos antes, de cómo nos gobernábamos, de cómo mirábamos el río. Hay gente que se burla de eso: «El río me lo dijo». Y sí, el río se lo dijo. En Sevilla supimos de una escritora, Livia Cruz Montes, que escribió un cuento sobre el Guadalquivir exactamente con los mismos componentes mitológicos: las niñas guardianas de los ríos, la niña hablando con el río. Como dice el pueblo lenca: los ríos son la vena de la tierra, y si los represas, la tierra se enferma, le da calentura. Es muy fuerte encontrarse con el Guadalquivir y el Gualcarque. Estoy agradecida de que eso me esté pasando en esta gira.
* * *
En València, Empar Puchades nos dijo algo que resuena con todo esto: «No es el agua. Es el sistema. Soy víctima de un sistema que no pone la vida en el centro». Le cuento a Karla esa conversación, publicada en Climática. «Lo que no es natural es que le estemos sacando tanto a la tierra, que estemos invadiendo el espacio de todo lo otro que está vivo, que le hayamos quitado el cauce al río y hayamos dejado la montaña pelona, que hayamos puesto tanto cemento donde antes había tierra para que ya no pueda absorber nada. Ocuparíamos demasiados mundos para sostener este frenesí del desarrollo, de esto que nos dicen que es desarrollo», afirma.
Karla, ¿qué mató a Berta? Si hay una palabra…
[Pausa. Suspiro.] El capital financiero, para empezar, pero reflexionando, son muchas otras cosas…
[Se detiene. «Ando lloronísima», dice. Tiene todas las emociones a flor de piel, me explica, y que el cansancio acumulado está ahí. La adrenalina puede más. Sigue…]
La mató la impunidad de ese capital financiero, la mató la indiferencia de la gente que no entiende que hay que defender todo lo vivo, la mató el machismo. No es solo consigna eso de que Berta no se murió, se hizo millones. Es cierto. Berta está muy viva. Como dice la consigna: Berta vive en el corazón de todas las rebeldías.
Me disculpo por sacarte tantas emociones. Que sepas que tienes aquí tu espacio para expresarte como necesites y quieras.
Sabes qué pasa, Lidia. En este tiempo las emociones están mal vistas. Lo que está bien visto es ser comedidas, un poco robóticas. Yo cuando me enojo, me enojo. Cuando lloro, lloro. No puedo andar midiéndome. Y no es solo que ahorita ande más a flor de piel: creo que así hay que vivir. No voy a renunciar a vivir con todo, porque solo es una vida. Hay que vivir con intensidad, y así creo que una logra hacer cosas. Así vivía Berta, con una intensidad enorme. Cuando se enojaba, se enojaba. Cuando estaba contenta quería tomar tequila, bailar, hablar. Y cuando estaba ocupada: «Estoy ocupada, espéreme». Si había que caminar, caminaba.
No está mal sentir, no está mal llorar, no está mal emocionarnos. Está mal la gente que ya no lo hace porque le da pena, porque hay que guardar la compostura. ¿Y acaso les da pena a ellos, que andan bombardeando todo, disponiendo de nuestras vidas con ese mismo desenfado? Si no, no va a pasar nada. No vamos a cambiar nada.
En Hernani dijiste: «El mundo no es de esa gente terrible que nos está imponiendo la muerte, el genocidio. El mundo no es de ellos, el mundo es nuestro». ¿Cómo sostienes la esperanza?
Es difícil tener esperanza. Como dice el poema, a veces hay que pedir permiso para levantarse. Nos tocaron tiempos muy duros. Pero como también dicen los poemas: «…y aún así crecen los niños». Hay que buscar la esperanza. Cuando una está muy descargada hay que irse a cargar. Una se carga en las movilizaciones, en la calle, cuando le da el abrazo a las amigas, cuando se vuelve a sentir que no anda haciendo las cosas sola sino con más gente que está igual o más loca que una. En ese abrazo una vuelve a recargarse. Cuando grita consignas, cuando se va al monte, cuando mira el río, cuando respira otro aire.
El arte es tan importante en la lucha porque te revitaliza, te vuelve a dar el «sí se puede». Hay que buscar la forma para que no nos gane el derrotismo, para que no sea siempre así.

Fuente: https://climatica.coop/entrevista-karla-lara/ - Imagen de portada: Karla Lara durante el concierto. Foto: L. U.

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