UE: Listados, catálogos y promesas: ¿cómo protegemos a las especies marinas amenazadas?
Mientras la ciencia da la voz de alarma, la falta de coordinación política y los intereses económicos paralizan el rescate de la biodiversidad oceánica: Rápido: piensa en “especies marinas”. ¿Ya? Probablemente se te hayan venido a la cabeza imágenes de ballenas, delfines, tiburones… Sin duda, lo son. Pero la biodiversidad oceánica es inmensa, como también lo son las amenazas que comprometen su estabilidad. El avance del cambio climático o las consecuencias de actividades humanas como la pesca son algunos de los principales factores que tienen a decenas de especies al borde de la extinción.
Ana Ordaz
En el mar Mediterráneo, por desgracia, encontramos numerosos ejemplos: mamíferos como el cachalote, el rorcual común, el delfín mular o la orca ibérica; entre los reptiles destaca la tortuga boba; y en la categoría de peces, el tiburón angelote o el mero, tan cotizado en la gastronomía mediterránea. Tampoco están libres de amenazas invertebrados como la lapa ferrugínea o el exclusivo coral naranja; ni las plantas, entre las que se encuentran la seba o la posidonia oceánica. Estas son sólo algunas de las especies más conocidas. ¿Cuántas están en esta situación? ¿Y qué se está haciendo, desde la ciencia y las Administraciones, para protegerlas y conservarlas? Por muy obvias que parezcan estas preguntas, responderlas no es tan sencillo, ya que numerosos actores, factores y mecanismos intervienen en el proceso.
Herramientas legales
En España existen dos herramientas legales que regulan la situación de las especies amenazadas en nuestro país: el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) y el Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA). El artículo divulgativo Listas y catálogos de especies protegidas en España, publicado hace un año en la revista Quercus, resume las diferencias entre ambas.
Este artículo explica que “el LESRPE incluye aquellas especies que requieren una atención y protección particular en función de su valor científico, ecológico o cultural, así como por su singularidad, rareza o grado de amenaza”. También a otras especies protegidas por la legislación de la Unión Europea y en “tratados internacionales ratificados por España”.
El CEEA, por su parte, “es un instrumento más protector que el LESRPE y contiene aquellas poblaciones que afrontan mayores amenazas y están en mayor riesgo de extinción”. Así, este catálogo “reconoce dos categorías, con objeto de establecer prioridades de actuación e identificar las que se encuentran en situación más incierta: En peligro de extinción y Vulnerable”, sintetiza el artículo.
A nivel global, uno de los elementos de referencia científica es la Lista Roja de Especies Amenazadas, elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). El también conocido como Libro Rojo funciona como inventario, clasifica las especies según su riesgo de extinción y, a diferencia del LESRPE y del CEEA, no es vinculante ni establece medidas legales.
Por tanto, es posible encontrar especies catalogadas con un determinado nivel de riesgo a nivel mundial, y diferente consideración en el catálogo español. Y viceversa: especies recogidas en el LESRPE pueden figurar con distintos niveles de amenaza en el listado de la IUCN.
Es fundamental conocer y distinguir estos instrumentos ya que de ellos dependen, en buena medida, las decisiones que se tomen para proteger a las especies. En España, además del LESRPE y el CEEA, las comunidades autónomas pueden elaborar sus propios listados y catálogos con especies presentes en sus territorios.
El paradigma de la anguila
No obstante, concretar la protección legal entraña dificultades. No es fácil que una especie sea incluida o excluida de los catálogos nacionales establecidos para conservar la biodiversidad, “ni tampoco modificar su categoría una vez dentro de ellos”, apunta el citado artículo.
Además, el personal experto consultado coincide en señalar las barreras que, a menudo, encuentra la ciencia en este proceso: la falta de coordinación entre administraciones y la toma de decisiones basadas en criterios económicos y sociales, en vez de científicos.
“Existe un conflicto público y notorio entre el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA)”, señala Raúl García, oceanógrafo y coordinador del programa de pesca de WWF España. “Hay un bloqueo mutuo. Ahí es donde estamos atrapados”, lamenta.
Desde Climática nos hemos puesto en contacto tanto con el MITECO como con el MAPA. En el momento de la publicación de este reportaje, seguimos a la espera de recibir una respuesta por parte de ambas instituciones.
Con este análisis coinciden Marta García Pallarés y Cecilia del Castillo, coordinadoras de la campaña de conservación marina de Ecologistas en Acción. Recientemente, esta organización y OceanCare instaron al Gobierno a implementar medidas urgentes para garantizar la protección de ballenas y otros cetáceos. “La falta de planes de gestión y medidas concretas en espacios marinos protegidos deja a estos animales expuestos a múltiples amenazas”, denunciaron.
Para Marta García, la anguila es el caso paradigmático “de cómo falla la gobernanza de la biodiversidad en España”. A pesar de que la comunidad científica lleva décadas reclamando frenar su pesca y comercialización y de estar clasificada como ‘En peligro crítico de extinción’ por la UICN, el pasado mes de febrero fracasó el tercer intento de proteger a esta especie en España. Varias comunidades autónomas votaron en contra de incluirla en el CEEA, ignorando décadas de evidencia científica.
Así y todo, existen casos en los que se actúa coordinadamente y se consigue blindar a una especie. La pardela balear y la nacra son buenos ejemplos.
Especies marinas por tierra y aire
La pardela balear (Puffinus mauretanicus) es un ave que tiene la singularidad de criar exclusivamente en las Islas Baleares. Esta particularidad es también su talón de Aquiles, ya que “al concentrarse su población reproductora en un área geográfica muy pequeña, cualquier afección en esa zona puede tener consecuencias muy graves”, explica Pep Arcos, coordinador del programa marino de SEO Birdlife.
Identificada como ‘en peligro crítico de extinción’ en 2004, la pardela balear está considerada el ave marina más amenazada de Europa, y se le acumulan los problemas. Uno de ellos tiene que ver con la dificultad para censar a la población debido a la inaccesibilidad de los hábitats en los que cría (acantilados, islotes, recovecos, cuevas…).
A la ausencia de un censo preciso se suma la longevidad de estas aves —se han documentado individuos de, al menos, 38 años— y que solo ponen un huevo al año. ”Y hay años que se lo toman de descanso”, apunta el ecologista. Esto las hace muy sensibles a la mortalidad originada por causas no naturales, que son principalmente dos.
La llegada del ser humano introdujo en el ecosistema de las pardelas depredadores terrestres que originariamente no estaban allí, como gatos y ratas. Se han dado casos, cuenta Arcos, en los que un felino ha acabado con la vida de 30 o 40 aves en una sola noche. “Es un impacto grave”, afirma el experto.
Las capturas accidentales en artes de pesca suponen el otro gran factor de mortalidad de las pardelas. Según explica Arcos, las aves “se asocian con barcas de pesca porque saben que ahí pueden obtener alimento, y muchas veces se ven atrapadas en anzuelos o en redes”. Existe poca documentación al respecto, pero gracias a la colaboración de esta organización con los pescadores se está “avanzando bastante en mejorar la información y en minimizar el riesgo de capturas”.
En 2005, Ministerio y Govern Balear pusieron en marcha estrategias de conservación, pero el experto considera que “si bien se llevan a cabo acciones puntuales, no hay programas de seguimiento bien establecidos, ya sea por falta de coordinación o de recursos”. Así que en SEO, junto a la asociación Iniciativa de Recerca de la Biodivesitat de les Illes (IRBI), y con apoyo del CSIC, tratan de paliar esas deficiencias (desde hace años trabajan por “hacer un seguimiento demográfico” a partir de nidos controlados). “Sí que hay reconocimiento político de que la especie está mal pero, a la hora de mover ficha para poner en marcha programas de seguimiento, falta voluntad. Es frustrante”.
Un hilo de esperanza
En España existen actualmente nueve especies en peligro crítico de extinción. Una de ellas es la nacra (Pinna nobilis). Desde la época romana, este molusco gigante endémico del Mediterráneo ha sido capturado para diversos fines, desde cebo de pesca o alimentación a uso decorativo. “Al ser organismos bentónicos (que no se mueven) y vivir en una profundidad accesible, todo el mundo las cogía”, apunta Maite Vázquez-Luis, investigadora del Instituto Español de Oceanografía (IEO), adscrito al CSIC.
El descenso de la población llevó a la nacra a ser incluida en el Convenio de Barcelona de 1992 y a entrar en el CEEA con la categoría de ‘Vulnerable’. A partir de ahí, la especie logró recuperarse significativamente, pero todo cambió radicalmente hace 10 años.
En 2016, una amenaza repentina puso a la nacra al borde de su desaparición: el parásito Haplosporidium pinnae. En septiembre de aquel año se detectaron los primeros casos en Andalucía, y en octubre ya había llegado a Baleares. “Fue algo muy, muy rápido”, recuerda Vázquez-Luis. En menos de cinco años, la mortalidad de la nacra se extendió a todo el contexto mediterráneo: “Hemos perdido más del 95% de las poblaciones”, sentencia la experta.
La bióloga marina cuenta que “costó dar con qué estaba matando a las nacras. Cuando por fin lo averiguamos, vimos que es una especie nueva para la ciencia. No la conocemos, no sabemos de dónde viene ni por dónde ha entrado ni cuáles son sus vectores… Esto genera un montón de interrogantes a la hora de cómo gestionarla”.
Ya no quedan poblaciones de nacra. Sólo “supervivientes”. Pero no todo está perdido para la Pinna nobilis. Los expertos han descubierto que el parásito que está acabando con ellas no sobrevive en aguas con salinidades muy por encima o muy por debajo de la del Mediterráneo. A estas zonas las llaman “santuarios”. El Mar Menor, al ser una laguna hipersalada, constituye uno de estos santuarios. En el extremo opuesto está el delta del Ebro, que al tratarse de la desembocadura de un río tiene salinidades muy bajas. “Los dos rangos de salinidad no son compatibles con el patógeno, pero sí con la vida de la nacra”, resume la investigadora del IEO.
La pardela balear o la nacra son dos ejemplos de especies marinas mediterráneas en situación de riesgo y sobre cuya conservación, de una u otra forma, se está trabajando. Hay muchas otras especies, en mejor o peor situación, con planes más o menos exitosos. Comprobar su estado requiere ir revisando una a una, ya que se trata de un asunto complejo y en constante evolución.
Fuente: https://climatica.coop/como-protegemos-especies-marinas-amenazadas/ - Imagen de portada: Ejemplar de tortuga boba ('Caretta caretta') con un dispositivo de monitoreo dirigiéndose al mar Mediterráneo durante su liberación en la playa de Puerto Banús (Málaga). Foto: Jesus Merida / SOPA Images via Reuters Connect



