Camerún y Sierra Leona: las mujeres se movilizan contra Socfin
La resistencia de las comunidades de Camerún y Sierra Leona, cuyas tierras fueron invadidas por la empresa de aceite de palma y caucho Socfin hace décadas, ha supuesto un duro golpe económico para la empresa. Las actividades de la empresa afectan particularmente a las mujeres, muchas de las cuales enfrentan amenazas por oponerse a estas violaciones y denunciarlas públicamente.
Boletín WRM 278 Abril 2026
Las comunidades tradicionales, especialmente las mujeres que son parte de estas comunidades, llevan décadas denunciando las graves violaciones perpetradas por Socfin, empresa multinacional de plantaciones de palma aceitera y caucho presente en varios países africanos. Las movilizaciones y la resistencia inquebrantable de las mujeres de las comunidades cuyas tierras fueron invadidas por Socfin tuvieron como resultado recientemente un duro golpe económico para la empresa. En febrero de 2026, el fondo de pensiones estatal noruego, el mayor fondo soberano de pensiones del mundo, vendió su participación en el Grupo Bolloré, uno de los principales accionistas del Grupo Socfin. La decisión del fondo de pensiones noruego se da tras una medida similar tomada por el fondo de pensiones más grande de Suiza, el BVK.
El Grupo Socfin fue fundado en 1909 y controla, entre otras, aproximadamente 370.000 hectáreas de tierras en ocho países africanos y dos países asiáticos para la producción de palma aceitera y árboles de caucho. (1) La lista de acusaciones contra varias subsidiarias de Socfin en estos países es larga y muy grave: acaparamiento de tierras, violencia sexual contra mujeres y niñas por parte de trabajadores de la empresa y hombres que trabajan como guardias de seguridad en estas plantaciones, restricción de la libertad de movimiento de las comunidades rodeadas por las plantaciones, acoso, violencia, intimidación, así como contaminación de aguas y suelos.
Por todos estos motivos, la Asociación de Mujeres Vecinas de Socapalm Edéa (AFRISE) se manifestó de forma enfática tras la decisión del fondo noruego: “Es hora de que los inversionistas tomen medidas contra Socfin y Bolloré”. Este llamamiento fue parte de un comunicado de prensa colectivo firmado por 32 organizaciones, en el que dan a conocer la decisión del fondo de pensiones estatal noruego y animan a otros inversionistas a seguir un camino similar. (2)
Las mujeres de AFRISE saben bien de lo que están hablando. AFRISE lleva años organizándose para resistir las violaciones que sufren las mujeres en sus propias tierras a manos de representantes de la subsidiaria camerunesa de Socfin, Socapalm. Certificada por el mecanismo internacional de certificaciones RSPO (Mesa Redonda sobre la Palma Aceitera Sostenible) a pesar de todas las acusaciones en su contra, Socapalm controla alrededor de 60.000 hectáreas de plantaciones de palma aceitera en Camerún. Gran parte de esta zona fue apropiada de forma ilegítima o arrebatada a las comunidades tradicionales. Esto es lo que sucedió en la comunidad de Apouh à Ngog, en Edéa. Allí, Socapalm lleva más de 40 años ocupando tierras que adquirió de forma irregular de empresas vinculadas al acaparamiento de tierras durante la época colonial. (3)
En 2023, AFRISE presentó una petición internacional como parte de una campaña para recuperar sus territorios e impedir que Socapalm renueve las plantaciones de palma aceitera alrededor de los hogares y tumbas ancestrales de la comunidad. (4) En ese momento, las mujeres de la organización afirmaron: “No tenemos vida aquí. Porque la vida sin tierra no es nada. Queremos la tierra para sobrevivir”, y concluyeron: “Vivimos como extranjeras en nuestra propia tierra. Ellos son libres, nosotras no”. (5)
Las consecuencias de esto son muy duras, especialmente para las mujeres, que usan tradicionalmente muchas partes de las palmas y para quienes el procesamiento del aceite de palma es una práctica tradicional y esencial que las ayuda a mantener a sus familias. “Las mujeres estamos siendo abusadas por esta empresa, estamos siendo realmente abusadas porque las condiciones de nuestra vida cotidiana, esta situación que nos está debilitando, nos obliga a ingresar a las plantaciones a buscar frutos caídos”, denuncia AFRISE. En una carta enviada al presidente de Camerún en ese momento como parte de la misma campaña, las mujeres de AFRISE describen la gravedad de su situación: “Negociamos la entrada a la plantación entregando nuestros cuerpos a los guardias de Socapalm, que utilizan este acto como condición para acceder al palmar. Ladronas de por vida, esclavas sexuales durante generaciones, hemos perdido nuestra dignidad como mujeres al perder nuestros derechos más fundamentales. Con frecuencia, somos víctimas de muchos otros abusos y violencias como consecuencia de la presencia de esta empresa en las tierras de nuestros antepasados”. (6)
Al no obtener ninguna respuesta institucional ante sus reclamos, AFRISE decidió tomar las riendas de la lucha por su territorio. En enero de 2025, las mujeres plantaron alimentos, como plátanos y frijoles, en aproximadamente 35 hectáreas de tierras que recuperaron después de que Socapalm despejara el terreno para renovar sus plantaciones. Unos meses más tarde, la empresa roció con sustancias químicas las plántulas de plátanos y otras plantas que las mujeres habían cultivado. Poco después, la empresa regresó, escoltada por decenas de soldados armados, para continuar con la replantación. Con determinación y gran apoyo internacional, la comunidad impidió el paso de maquinaria pesada y se resistió ante la fuerte represión de las fuerzas armadas hasta que las autoridades y las fuerzas armadas del gobierno de Camerún intervinieron para defender los intereses de Socfin. (7) La comunidad puede haber tenido que retirarse de la zona que había recuperado, pero la lucha de estas mujeres continúa.
Las violaciones que las mujeres de Apouh à Ngog viven a diario están lejos de ser una excepción. Muchas mujeres de otros países viven situaciones similares y también se han manifestado en defensa de sus derechos para denunciar al Grupo Socfin y las violaciones vinculadas a las plantaciones de la empresa (8), por ejemplo, las mujeres de Malen, en el sur de Sierra Leona. Desde su llegada a la región en 2011, Socfin ha arrendado tierras a gran escala a través de un violento proceso que ha afectado a aproximadamente 52 comunidades y más de 32.000 personas que viven en el área. Donde solían vivir las comunidades, ahora hay más de 12.000 hectáreas de plantaciones de palma aceitera. (9)
Hannan Deen, presidenta de la Asociación de Usuarias/os y Propietarias/os de Tierras de Malen (MALOA), recuerda una época de dignidad y autosuficiencia, cuando vivían en paz y obtenían suficientes alimentos de sus tierras. Pero desde que Socfin acaparó las tierras, la vida, especialmente para las mujeres, se ha vuelto muy difícil. “En un momento incluso consideramos la posibilidad de mudarnos porque temíamos por nuestra seguridad, pero en lugar de irnos, decidimos quedarnos y organizarnos. Así fue como creamos MALOA, para defender nuestros derechos”, explicó Hannan Deen en un documental producido en colaboración con la organización Red de Mujeres contra la Injusticia en las Plantaciones Rurales. (10) En ese mismo video, Aminata Faba, líder de la comunidad, explica que una de las principales actividades de MALOA es generar conciencia sobre la Ley de Derechos a la Tierra, una legislación adoptada por el gobierno de Sierra Leona en 2022 que fortalece los derechos de las comunidades a la tierra.
Aminata Faba recuerda cómo la negativa del jefe de su aldea a vender las tierras de la comunidad fue fundamental para su lucha. “¡Ninguna tierra está en venta!”, habría dicho, y debido a eso, fue arrestado y acusado de traición por parte del gobierno. Tal como explican las mujeres en el documental, esto es algo que le sucede a muchas personas propietarias de tierras que se niegan a vender o arrendar sus tierras a grandes empresas multinacionales: son coaccionadas, a veces mediante la fuerza física, a ceder sus tierras para dar lugar a las plantaciones de palma aceitera de las empresas.
Oponerse a los intereses de una multinacional como Socfin puede ser intimidante, especialmente si eres una mujer. El documental incluye testimonios de varias mujeres de Malen que están defendiendo los derechos de sus comunidades y de mujeres que han enfrentado acosos y abusos mientras trabajaban para Socfin. La respuesta de la empresa siempre ha sido la misma: negar toda irregularidad, persecución y criminalización de personas.
Aminata Sowa, ex directora municipal de Sinjo Malen, relata los momentos de tensión que vivió tras manifestarse en contra de las injusticias perpetradas por Socfin y de tener que superar el miedo: “Me suspendieron de mi cargo simplemente por manifestarme por la justicia y defender los derechos de nuestras mujeres”. Y continúa: “Me enteré de que personas contrarias a la empresa habían sido condenadas a linchamientos públicos. Temiendo por mi seguridad, me fui de Malen. Tuve que dejar a mis hijos; esta separación le causó gran sufrimiento a mi familia”.
Gadi Rut Maguna tuvo una experiencia similar. Ella era la secretaria de Recursos Humanos y directora de Género en la subsidiaria de Socfin en Sierra Leona. Tras defender los derechos de las mujeres trabajadoras, sus superiores le cuestionaron “de qué lado estaba”. Su respuesta: “Sí, trabajo para Socfin, pero estoy del lado de las trabajadoras porque soy una de ellas […]. Si no defiendo sus derechos, nos afectará a todas y todos, ahora y en el futuro”. Gadi Maguna relata que las mujeres trabajaban hasta el agotamiento sin que les garantizaran sus derechos. “Como directora de Género, también tenía una responsabilidad con la gran cantidad de mujeres afectadas. Entonces me mantuve firme y exigí justicia para las trabajadoras”, explica en el documental. Ella fue despedida y tras emprender acciones judiciales contra Socfin para reclamar sus derechos, fue demandada por la empresa. Incluso fue arrestada y su liberación estuvo condicionada a que retirara la denuncia, pero ella se negó y se mantuvo firme en su afán por obtener justicia. Tras estar detenida durante ocho días, las mujeres de la región se movilizaron en su apoyo, lo que tuvo como resultado su liberación. Socfin sigue adelante con la demanda contra Maguna, que se viene arrastrando desde hace 5 años.
En Malen, al igual que en Apouh à Ngog, la lucha principal de las mujeres es por la tierra. Jenebra Samai, habitante local que fue golpeada por defender intereses contrarios a los de Socfin, afirma: “Desde que nuestras tierras fueron acaparadas, la vida ha sido extremadamente difícil”. Ella nos ayuda a imaginarnos la gravedad de lo que experimentan a diario: “Imaginen a unos niños que vienen de vacaciones, recogen algunos frutos de la palma para comer y en el proceso los atrapan, los golpean, e incluso golpean a sus madres”. También comentó cómo las mujeres se ven obligadas a recoger los frutos de la palma aceitera que quedan en el suelo dentro de las plantaciones tras la cosecha, una actividad que la empresa y las autoridades estatales declararon ilegal y que provoca violencia y abusos en todas las plantaciones de Socfin en África Occidental y Central. “Pero si hace días que no comes, ¿qué esperan?”, explicó. El documental recoge los testimonios de varias personas que fueron arrestadas y atacadas por cosechar palma aceitera en zonas que Socfin afirma que pertenecen a la empresa. Jenebra describe lo que experimentan las personas cuyas tierras han sido arrebatadas por Socfin: “En Malen, la situación es intolerable”. “No tenemos arbustos, ningún medio para sobrevivir ni ningún lugar adónde ir”, explica.
El Grupo Socfin ha estado trabajando para distanciarse de estas acusaciones. Con ese fin, incluso contrataron a Earthworm, una ONG especializada en lavar la imagen de empresas implicadas en violaciones de derechos tan graves como las de Socfin. Los informes de Earthworm enumeran y reconocen algunos de los conflictos denunciados, sin hacer nada tangible para resolverlos. (11) La estrategia de Socfin al contratar a Earthworm parece ser, principalmente, ganar más tiempo para generar la impresión de que se están tomando medidas y aparentar hacer algo sobre los conflictos históricos con las comunidades y así evitar, o al menos retrasar, las medidas que puedan tomar los accionistas, como la decisión del fondo de pensiones estatal noruego de vender su participación en la empresa Bolloré a causa de los permanentes conflictos con las comunidades.
En Liberia, las subsidiarias de Socfin también han estado provocando conflictos de larga data con las comunidades en torno a la tierra. Earthworm elaboró asimismo un informe sobre los conflictos entre las subsidiarias de Socfin Salala Rubber Corporation (SRC) y Liberia Agriculture Company (LAC) y las comunidades afectadas por las plantaciones de SRC y LAC. “Los informes describen avances que simplemente no son verdad”, afirma una líder de la comunidad sobre los informes de Earthworm correspondientes a los años 2024-2025. “Lo que experimentamos a diario son abusos, abandono e intimidación”. (12)
“Durante demasiado tiempo el Grupo Bolloré ha afirmado que no es responsable por los abusos que enfrentamos alrededor de las plantaciones de Socfin y como resultado, los abusos han continuado. Esto no puede seguir”, exige AFRISE en un comunicado de prensa colectivo en reacción a la decisión del fondo de pensiones estatal noruego de vender su participación en el grupo Bolloré. La responsabilidad por los conflictos también recae en la principal accionista de Socfin, la familia Hubert Fabri de Bélgica. Juntas, el Grupo Bolloré y Fabri son propietarias del 93 por ciento de las acciones de la multinacional.
Con referencia a la lucha de las mujeres de Malen y haciendo eco de muchas otras que luchan por sus derechos en contra de las violaciones perpetradas por Socfin, Aminata Sowa afirma: “Ahora entendemos: la tierra es vida. Se nos está castigando por defender esta verdad”.
Las mujeres seguirán luchando por sus derechos y sus territorios y hacen un llamamiento a los inversionistas internacionales y a los financiadores de la empresa para que den vida a sus políticas empresariales y dejen de financiar y beneficiarse de empresas que violan los derechos de las comunidades y los cuerpos de las mujeres y sus derechos sobre la tierra.
Secretariado Internacional de WRM
Referencias:
(1) El Grupo Socfin está presente, a través de varias subsidiarias, en los siguientes países africanos: Camerún, Costa de Marfil, Ghana, Nigeria, Sierra Leona, Liberia, República Democrática del Congo y São Tomé y Príncipe. Y en los siguientes países asiáticos: Camboya e Indonesia. Por más información: Socfin.com
(2) Farmland Grab, 2026. Norwegian pension fund dumps Bolloré for human rights violations at plantations
(3) WRM, 2024. Camerún: ¡La resistencia contra la replantación de monocultivos de palma por parte de SOCAPALM es fértil!
(4) WRM, 2023. ¡Apoyemos a las mujeres de Camerún que resisten a los monocultivos de palma aceitera!
(5) WRM, 2023. Camerún: Testimonios de mujeres que reclaman su tierra
(6) Farmland Grab, 2023. Letter from the women neighbouring Socapalm Edéa to President Paul Biya
(7) WRM, 2025. Comunidades se levantam contra a apropriação de terras e a violência do estado
(8) WRM, 2020. Violence and Sexual Abuse Against Women in Oil Palm Plantations;
y Bloomberg, 2025. The Rubber Barons;
y La responsabilité des multinationals, 2025. Exploitation sexuelle, expulsions et pollution autour des plantations de Socfin
(9) Fian, 2019. Land Grabbing for Palm Oil in Sierra Leone - Analysis of the SOCFIN Case from a Human Rights Perspective
(10) Women´s Network Against Rural Plantations Injustice y Spaceman Media Consortium, 2026. Ver video aquí.
(11) WRM, 2025. ONGs al servicio del saqueo de los territorios: el caso de la Fundación Earthworm
(12) Verity News, 2026. Liberia’s Plantation Communities Slam Socfin Reports as “False Progress,” Say Abuses by SRC, LAC Continue Unchecked
Fuente: https://www.wrm.org.uy/es/articulos-del-boletin/camerun-y-sierra-leona-las-mujeres-se-movilizan-contra-socfin - Imagen de portada: Miembros de la comunidad de Malen en solidaridad con uno de los suyos en el tribunal en Sierra Leona
