Todo lo que se esconde bajo nuestros pies: "El subsuelo nos recuerda nuestra inmensa ignorancia"

'Bajotierra', un manifiesto sobre el suelo que pisamos que también es un ensayo humanista sobre la suicida transformación del planeta: El tronco hendido de un viejo fresno. La hondonada cubierta de matorrales. El laberinto que se despliega a los pies del desplome cárstico y un suelo arenoso del norte de Europa cuyo origen se remonta a hace unos seis mil años. Las profundidades de un volcán inactivo. Una falla de la corteza terrestre. Las huellas de manos en el barro en las paredes de una sala situada a tres kilómetros de la superficie. Los sedimentos marinos. La deriva de placas tectónicas. Y los recovecos del sistema cavernario.

Robert Macfarlane, además de ser alpinista y espeleólogo, es un prestigioso autor de libros sobre la naturaleza y los paisajes., y hace un tiempo ha decidido escarbar en las profundidades de la tierra con un doble objetivo: reivindicar el valor medioambiental del subsuelo y trazar una especie de memoria del tiempo a través de estampas nada ordinarias para el común de los mortales, ya sea en las raíces de un sotobosque, la materia oscura de Yorkshire o el agua del deshielo en Groenlandia. Su enfoque literario es innovador -de hecho, obliga al lector a un intenso ejercicio intelectual- y su prosa brota de un prolijo conocimiento del medio natural.

Tras sobresalir con títulos como Las montañas de la mente -un best-seller elegido libro del año por The New York Times y The Economist-, Naturaleza virgen y Las viejas sendas, hace un par de años publicó Bajotierra. Un viaje por las profundidades del tiempo, un excelente ensayo sobre las memorias del subsuelo . El volumen surgió a raíz de la inquietud del autor por cuatro catástrofes: el terremoto de Haití, el derrame en el Golfo de México, la explosión del volcán islandés Eyjafjallajökull y el rescate de 33 mineros chilenos en la región de Atacama. «Todos regresaron a la superficie después de 69 días en la oscuridad. Para mí no era posible pensar en los traumas que habrían podido sufrir», subraya Macfarlane.
«Los humanos -agrega- han perforado más de 50 millones de kilómetros de pozos de petróleo. La tecnología ha amplificado las capacidades humanas de tal manera que nos hemos convertido en una especie de agentes geológicos, transformando el subsuelo con un coste elevadísimo. Esto lo estamos comprobando en los megaincendios forestales en California o en la polución de plástico que satura las costas de Hawai».
UNA ESPECIE "ENTERRADORA Y EXCAVADORA"
Pese al desarrollo tecnológico, el escritor recalca que «aún sabemos poco de los mundos que existen debajo de nuestros pies». «Somos una especie enterradora y excavadora. Si miramos al cielo una noche despejada, vemos la luz de una estrella que se encuentra a miles de billones de kilómetros. Si miramos al suelo, la vista se detiene en el terreno, en el asfalto, en los pies. El subsuelo nos sorprende constantemente, recordándonos los límites de nuestro conocimiento y la inmensidad de nuestra ignorancia».
El estudio del inframundo no es baladí ni simple delectación científica. Sirve para escudriñar con más precisión la tierra que pisamos los seres humanos, para prevenir el comportamiento de la naturaleza y para valorar en su justa medida la riqueza subterránea. Para cotejar ésta, Macfarlane no ha dudado en intensificar el contacto directo con el entorno. En Italia, por ejemplo, descendió haciendo rapel a 300 metros de profundidad, hasta una inmensa rotonda de piedra labrada por un río subterráneo y repleta de dunas de arena negra. «Cruzar esas dunas a pie -confiesa- fue como arrastrarse por un desierto sin viento en un planeta sin luz».
En el libro investiga desde pinturas rupestres prehistóricas hasta las raíces de un árbol o los desechos nucleares enterrados. Lo que más le ha impactado son los sumideros o abismos de piedra caliza de Italia y Eslovenia, en los que ocurrieron numerosas ejecuciones extrajudiciales durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. «La estampa más bella fue el subsuelo azul de los glaciares de Groenlandia, donde el tiempo se almacena en medio del hielo. Y la estampa más esperanzadora fue el depósito geológico del Golfo de Botnia, donde Finlandia ha tratado de crear una tumba eterna para sus desechos nucleares».
"ATRAÍDOS POR LA OSCURIDAD PARA HACER ARTE"
Los hallazgos científicos en las cuevas prehistóricas en España acreditan que los humanos han estado buscando espacios de oscuridad para encontrar y dar sentido a su vida desde el inicio de las civilizaciones. «La datación de estas primeras obras de arte conocidas en cuevas europeas -explica Macfarlane a este periódico- está sujeta a debate pero a mí me interesan como prueba irrefutable de que durante decenas de miles de años hemos sido atraídos por la oscuridad para hacer arte. Para mí, las obras de arte prehistóricas que quedan en las cuevas de España son hermanas de los experimentos que vi de la materia oscura en los laboratorios subterráneos de Italia y el noreste de Inglaterra».
Después de siete años volcado en la escritura de Bajotierra, el escritor británico tipifica esta obra como una mezcla de «maravilla y horror, esperanza y miedo». Podría describirse como un cuaderno de viaje para el Antropoceno, la época geológica que abandera una parte de la comunidad científica para suceder o remplazar al Holoceno, época actual del período Cuaternario en la historia terrestre, como consecuencia del impacto humano en el ecosistema. Sostiene Macfarlane: «Nos hemos convertido en una especie tan desastrosamente influyente que hemos creado nuestra propia época geológica, en la que nuestras actividades dejarán un legado durante millones de años en el registro de estratos. También se notará en el aumento de los niveles oceánicos y en el incremento de las marejadas ciclónicas».
La estimación más reciente del número de personas cuyas viviendas se inundarán al menos una vez al año en 2050, a menos que se reduzcan las emisiones de CO2, se sitúa en 300 millones, frente a los 80 millones en la última estimación. «Estamos en el Antropoceno. Los pobres notan las consecuencias en forma de violencia climática. Debemos salir de esta etapa y, para lograrlo, necesitamos cuidar el subsuelo».
EL "PENSAMIENTO DE CATEDRAL" DE HAWKING
Desde el punto de vista político, el autor de Bajotierra considera que uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la humanidad «es pensar más allá, evitar el corto plazo de nuestras actuales estructuras de gobierno», en aras no solo de poner en valor el patrimonio natural sino de garantizar una transición ecológica ordenada.
Y evoca para ello la pregunta que formuló el investigador estadounidense y premio Nóbel Jonas Salk: ¿Estamos siendo buenos antepasados? Según Macfarlane, «la respuesta, ahora mismo, es no, aunque todavía tengo la esperanza de que podamos aprender a serlo. Stephen Hawking llamó a esto «pensamiento de catedral»: la aceptación de la responsabilidad para garantizar el futuro a las generaciones aún no nacidas.
En todo caso, como aún queda mucho por hacer, alaba a la activista Greta Thunberg y a colectivos como Fridays for Future en su lucha contra el calentamiento global: «Son jóvenes valientes y brillantes que han transformado el discurso ambiental a nivel mundial en los dos últimos años. Queda por ver si transformarán la política ambiental y el futuro del planeta».
Más cauto se muestra con el incipiente movimiento Derechos de la Naturaleza que propugna que los accidentes geográficos como los lagos, los ríos o las montañas pueden adquirir derechos desde el punto de vista jurídico y, de este modo, preservar con más garantías sus ecosistemas. «Apoyo con fuerza la necesidad de revisar los marcos legales de protección de la naturaleza, pero me preocupan los resultados prácticos, ya que muchas de estas medidas, en India o la Amazonía, han sido ineficaces».
Bajotierra confirma a Macfarlane como un referente de las letras británicas en el género de la literatura verde. Su libro sobre la fascinación por las montañas le valió ser galardonado con el Guardian First Book Award. En 2017 ganó el Premio E.M. Forster de Literatura y actualmente se dedica a la enseñanza en el Emmanuel College de Cambridge. The Wall Street Journal le consideró «el gran escritor y poeta de la naturaleza de esta generación».
«Nunca hemos sido modernos», afirmó Bruno Latour. El autor inglés tiene muy presente la verdad que encierra la observación del filósofo francés: «En la antigua Grecia, por ejemplo, se pensaba que el Oráculo de Delfos y la Sibila de Cumas obtuvieron sus profecías del futuro desde lo más profundo de la tierra. Ahora los glaciólogos se adentran en la capa de hielo antártica para poder predecir el clima. En ambos casos, se recurre al inframundo para pronosticar el futuro».

Fuente: https://www.elmundo.es/papel/historias/2020/03/11/5e691ea4fc6c83b8058b47a2.html

 

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