miércoles, 11 de agosto de 2010

¿Cuánta agua gastamos? Cuidemos Venezuela reduciendo nuestra huella





Evelyn Pallotta

La sostenibilidad del recurso hídrico debería ser eje transversal en las políticas ambientales, agrícolas, energéticas, industriales/comerciales, de asuntos exteriores y de cooperación internacional. Las políticas internacionales deberían contener tratados o convenios de disminución mundial del uso y contaminación del agua en los procesos de producción, tener mayor acogida en los mercados los productos que cumplan con los requisitos de calidad y que además hayan consumido menos agua en su elaboración. La cooperación y ayuda internacional debería focalizarse en aquellos lugares del mundo donde hay zonas de escasez de agua y aumento de la contaminación.


Todo comienza porque el cuerpo humano está constituido por un 65 a 70% de agua. La disponibilidad de agua dulce en el mundo es del 1% del total de las aguas y de ese 1% hay que potabilizar, distribuir y darle tratamiento a la cantidad que los humanos necesitamos consumir para vivir sin enfermarnos. A esto le sumamos que ya en 2010 nos aproximamos a ser 6.866 millones de pasajeros montados la Tierra, y que en 1949 habían 5 mil grandes presas hidráulicas en el planeta, que a finales del siglo 20 alcanzaron a ser unas 45 mil con sus consecuentes desplazamientos de grupos humanos, casi siempre indígenas, aunado a la destrucción de ecosistemas en una clara competencia entre la obtención de energía y la disponibilidad del recurso aguas abajo.
La huella hídrica es un concepto que surge mundialmente con la intención de contabilizar el volumen de agua dulce necesario para producir los bienes y servicios que consume una persona en el período de un año e inspirado en los conceptos de huella ecológica y huella de carbono. Este concepto tan sencillo, pero de una gran profundidad, ha servido y sirve de herramienta de enseñanza masiva, de fácil visualización y comprensión para todos, cuando se habla del agua, el más esencial de los recursos del planeta, y cuando se habla de la responsabilidad que tenemos todos ante su uso, siendo que ésta es un bien común, insustituible para cualquier forma de vida que exista y que cada vez escasea más en ciertas partes del mundo.
Arjen Hoekstra, creador del concepto (2002), establece que la huella hídrica se refiere a los volúmenes de consumo del agua y la contaminación que hay detrás del consumo de agua de cada uno de nosotros, y extiende posteriormente el concepto a escala país. Implantó el campo interdisciplinario de la huella hídrica y el análisis virtual del intercambio del agua, un área de investigación que aborda la relación entre la gestión del agua, el consumo y el comercio/industria. Habla de la huella de agua del consumo nacional y lo refiere al consumo de agua total que se usa para producir bienes y servicios consumidos por los habitantes de una nación, y debido a que no todos los bienes y servicios consumidos en una nación se producen en ella misma, la huella de agua del consumo nacional la separa en dos partes, uso de las fuentes de agua nacionales y uso de las fuentes de agua transfronterizas.
Hoy día en los países del mundo se tiende a pensar en planes nacionales que consideran opciones de reducción de la demanda de agua además de las opciones tradicionales de suministro de agua, pero pocos países tienden a incorporar la variable sostenibilidad del consumo del recurso y muchos menos incorporan la variable huella hídrica -consumo de agua y contaminación detrás del consumo- cuando por ejemplo se importan productos de alto requerimiento de agua. Lo que sí pudiéramos apostar fuertes a lochas es que cuando se exportan productos con alta huella hídrica no se tiende a pensar en que, en el fondo, el país exportador, está abonando la escasez del recurso agua dentro de sus fronteras y está favoreciendo el ahorro del recurso en el país que está importando.


La sostenibilidad del recurso hídrico debería ser eje transversal en las políticas ambientales, agrícolas, energéticas, industriales/comerciales, de asuntos exteriores y de cooperación internacional. Las políticas internacionales deberían contener tratados o convenios de disminución mundial del uso y contaminación del agua en los procesos de producción, tener mayor acogida en los mercados los productos que cumplan con los requisitos de calidad y que además hayan consumido menos agua en su elaboración. La cooperación y ayuda internacional debería focalizarse en aquellos lugares del mundo donde hay zonas de escasez de agua y aumento de la contaminación.
La verdad es que la huella hídrica de los países tiende a variar de acuerdo a sus patrones de consumo, sus condiciones climáticas y las prácticas de uso de agua del lugar donde se producen los bienes de consumo, pero también es verdad que en la medida en que usemos sosteniblemente el agua accesible en cada país, contaminando menos, y hagamos lo mismo con menos cantidad de agua, en esa medida estaremos manejando el agua como “el” recurso estratégico y considerándola como el más esencial de los recursos del planeta.
¿Por qué pensar en un indicador o herramienta de fácil comprensión para los ciudadanos equivalente a la huella hídrica?
Es sabido por todos la escasez creciente del recurso agua en el mundo, bien debido a la contaminación de cuerpos de agua, a la falta de tratamiento de las aguas servidas, a las deforestaciones crecientes de áreas boscosas o cuencas de ríos, o sencillamente a la falta de la aplicación de políticas públicas dirigidas a la gestión integral del recurso. También es sabido por todos la limitación cada vez más creciente de contar con un suministro continuo de agua a lo largo de todo el año, peor aún, la inaccesibilidad del agua en zonas del mundo donde la disponibilidad es cada vez más precaria, la población va en incremento y aumenta el peligro de extinción de diversas especies por contaminación de cuerpos de agua. Pues bien, herramientas como la huella hídrica informan y a su vez crean un nexo directo entre el problema existente y cómo y con cuánto cada uno de nosotros, como individuo o como país, puede contribuir a no agravar o a mitigar el problema desde nuestras duchas, desde nuestras mesas, desde nuestros hábitos de consumo, desde nuestras comunidades, desde nuestras firmas de tratados internacionales o desde los mercados de bienes y servicios de los que participamos.
Lo que podemos hacer
Como consumidores educados y responsables del recurso agua podemos aplicar muchas conductas que reducen directamente la huella hídrica, y ellas van desde instalar pocetas ahorradoras de agua, o sencillamente introducir una botella plástica llena con agua en el tanque de la poceta; instalar sistemas de duchas ahorradoras de agua, hasta cerrar la llave de la ducha mientras nos enjabonamos; instalar sistemas de atomizadores que inyectan aire al agua de los grifos de los lavamanos o simplemente cerrar la llave del grifo mientras nos cepillamos los dientes; no usar la poceta como pipote de basura, divulgar y enseñar estas prácticas a otros, y sobre todo no verter líquidos contaminantes tales como medicinas, aceites o pinturas a través de los sumideros o albañales.
En cifras
Revisemos cuánta agua consume, cuál es la huela hídrica de varios casos:
Refinar 1 barril de petróleo crudo - Se requieren 7.000 litros de agua
Fabricar un carro de una tonelada - Se requieren de 400.000 litros de agua entre la producción de los materiales que lo componen y su construcción.
Fabricar una hoja de papel - Se requieren 10 litros de agua para papel tipo 80grs/m2
Cultivar un Kg. de papas - Se requieren 900 litros de agua
Cultivar un Kg. de arroz - Se requieren 3.400 litros de agua
Producir un Kg. de carne roja - Se requieren 15.500 litros de agua
Producir un Kg. de carne de pollo - Se requieren 3.900 litros de agua
Siempre tendremos, como consumidores educados y responsables, la libertad de escoger, comprar y consumir el producto que consideremos con la producción más transparente, respetuosa con el medio ambiente y con la huella hídrica más baja, más allá de cubrir una necesidad. Como ciudadanos educados tendremos la claridad en libertad para escoger a los representantes que nos ofrezcan leyes, políticas y programas que consideren como eje transversal el uso sostenible del recurso agua o exigir que se incorpore el mismo a las opciones presentadas.
Siempre serán pocas las líneas que se escriban sobre el agua, el más esencial de los recursos del planeta y elemento componente mayoritario del ser humano.
www.ecoportal.net
Evelyn Pallotta - Bióloga ecóloga. Analista ambiental.

-------------------------------------------------------------

Agua y saneamiento, derecho humano y responsabilidad social

Yamila Blanco
Rebelión



El pasado 28 de julio, la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobó en su sexagésimo cuarto período de sesiones, una resolución que reconoce al agua potable y al saneamiento básico como derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos. La resolución fue adoptada a iniciativa de Bolivia, tras 15 años de debates, con el voto favorable de 122 países y 44 abstenciones.
Ese reconocimiento es un importante paso en la lucha por la inclusión de los sectores invisibilizados en un marco de salubridad y servicios que les permita nacer, crecer y desarrollarse en un ambiente adecuado.
Sin embrago, ¿cómo afecta esa resolución en la vida de quienes tienen acceso al agua potable y al saneamiento? Si tenemos en cuenta que el recurso del cual estamos hablando es No Renovable, la respuesta es de muchas maneras.
El reconocimiento de ambas necesidades como derecho humano otorga un marco legal más que importante para quienes intentan cambiar los parámetros del consumismo que ha impuesto el capitalismo y convertirlos en parte de un sistema sustentable donde todos y todas tengamos las mismas condiciones y oportunidades.
Un ejemplo de ello, es que habiendo sido reconocido el acceso al agua potable como derecho humano, se pueden exigir a los gobiernos locales y nacionales leyes para el ahorro y contra el mal uso del agua, así como normas que regulen la utilización del líquido para ciertas actividades, como la limpieza de aceras públicas y parques.
También se pueden exigir la realización de campañas de concientización de la población con respecto al derroche del agua y el reciclado de basura, y la constitución de una asignatura dentro de la currícula escolar que enseñe a los niños, niñas y adolescentes la importancia de ambas.
Para que este derecho humano recientemente reconocido sea respetado y se pueda hacer respetar, es necesario cambiar el sistema actual en el que el mundo entero está sumergido, por uno que sea sustentable y que nos de la posibilidad de que el día en que el desarrollo de los servicios permita que todos y todas tengamos un grifo cerca, haya agua para transportar.