Hacia una mente colectiva

“El conjunto de creencias y sentimientos comunes forma un sistema que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva. Es algo distinto a las conciencias particulares.” Émile Durkheim.

por Alberto D. Fraile Oliver

Del mismo modo que la mente funciona gracias a la activación de redes neuronales, la sociedad funciona gracias a la activación de redes de comunicación.
La transformación vertiginosa de las redes de comunicación que estamos presenciando está transformando la sociedad y reorganizando nuestros propios marcos mentales abriendo escenarios nuevos. El salto cualitativo que se ha producido en los últimos años en este campo está empezando a generar fenómenos de conciencia colectiva innovadores, fruto de la organización de mentes individuales en red.
La organización en red es una nueva forma de relacionarnos, de trabajar, de generar proyectos, e incluso de vivir, que requiere nuevas habilidades y una transformación individual y colectiva para adaptarse al nuevo escenario. Los individuos que las conforman son creativos, innovadores y autónomos.
En una red no solo son importantes los miembros que la forman; los vínculos, las relaciones que tienen entre ellos cobran un nuevo protagonismo. Y la clave del trabajo en red son los vínculos sólidos y sanos. Para desarrollar la habilidad de relacionarse, es necesario aprender a comunicarse con claridad; porque una vez que se establece la comunicación eficiente, pueden surgir la confianza y las sinergias en las que todos ganan.
Este aspecto requiere responsabilizarse de los procesos emocionales propios. Ser conscientes de ellos facilita el establecimiento de vínculos sanos y la incorporación duradera a una red. Es importante saber cómo afecta nuestra presencia al conjunto y cómo la interacción con el conjunto nos afecta como individuos. No olvidemos que la red emocional que nos mueve y nos conmueve es, la mayoría de las veces, más influyente de lo que creemos. Y hace que las cosas fluyan o no.
Teniendo en cuenta que cada uno vive su realidad, aprender a ponerse en el lugar del otro también es necesario. Entender su realidad para no someterle a la nuestra ni viceversa. En este caso, la escucha profunda, sin miedo a ser contagiado por las ideas y visión del otro, es imprescindible. Dejar espacio para que el otro sea y se exprese y pedir que se nos deje ser auténticos es fundamental. Y dejar de lado, definitivamente, los juegos de poder y el control de la información.
Otro elemento que requiere una red es la generosidad. Aprender a dar y recibir equilibradamente para no bloquear el flujo de intercambio con el conjunto. En las redes, la generación de ideas y proyectos es colectiva. Se trata de una suma de individualismos que multiplica la inteligencia y genera algo común, supraindividual. Una mente colectiva donde el ser es al mismo tiempo inteligente y empático. Individual y no individual.

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