En algún lugar…Aquí, en la Tierra

Laura M. López-Murillo

En algún lugar remoto, entre los primeros pasos y los esfuerzos por sobrevivir yace inerte el terror ante la furia inclemente del planeta; el final de la calma milenaria llegará cuando los efectos castiguen la insensatez de las causas…
Desde 1970 los seres humanos celebramos la existencia del planeta que ha sido el hogar de nuestra especie por miles y miles y miles de años; paradójicamente, el motivo de la celebración es provocar la reflexión en especímenes caracterizados por sus arrebatos irreflexivos, por sus hábitos corrosivos y su marcada tendencia a la idiotización. Y como todo lo que implica a la condición humana, la celebración del Día de la Madre Tierra admite una diversidad de expresiones que van de lo sublime a lo aberrante.
El predominio de un gen fatalista se manifestó con estadísticas alarmantes e imágenes insufribles del flagelo de la contaminación. También se actualizó el porcentaje de basura que le corresponde a cada terrícola y desde la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon advirtió al mundo entero que el consumo de recursos naturales alcanzó niveles insostenibles.
Gracias a la irremediable predisposición al optimismo que perdura en el genoma humano la portada del buscador Google se animó con los pequeños prodigios de la naturaleza como el vuelo del colibrí y la afanosa travesía del escarabajo pelotero en una invitación a recuperar los espacios verdes. Y para reflejar el estilo de vida en la hipermodernidad la NASA lanzó la invitación Global Selfie para crear un mega mosaico con las imágenes de todos los individuos ensimismados e interconectados en el entorno digital.
Y no podían faltar los vestigios de bestialidad: una organización denominada “Californianos por la Estabilización de la Población” (CAPS) transmitió un mensaje por televisión en el que se culpa a los inmigrantes por la sobrepoblación, la contaminación del aire y la escasez de agua. Las protestas surgieron inmediatamente descalificando el mensaje por su innegable xenofobia pero la razón que yace en el fondo del debate es la magnitud inconmensurable de latinos que sobreviven, trabajan y prosperan en la Unión Americana y quiero creer que los argumentos para dignificar la migración se sustentan en los principios humanitarios y no en indicadores económicos.
Pero volviendo a la Madre Tierra, debemos celebrar y agradecer que haya sido tolerante y benigna en los últimos milenios; ¡sí! … es mucho tiempo pero apenas suficiente para diluir de la mente de los hombres el terror ante la inclemencia de las fuerzas naturales y para borrar la huella que los homínidos dejaron en el barro de Laetoli. Nuestra estancia, aquí en la Tierra, dependerá una vez más de la inusitada capacidad de nuestra especie para adaptarse a la adversidad y evitar la extinción porque desde que el hombre pisó la faz del planeta ha dejado a su paso una estela de desperdicios que lesionan el equilibrio natural, por el intenso ritmo de la vida quemamos en un año lo que la fotosíntesis produjo en 100 mil año y llegará el día en que el progreso no justifique los daños y los efectos castiguen la insensatez de las causas…
(Desde México. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

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