Uruguay no es “pirata” por legalizar la marihuana

Por Pavol Stracansky 

Pavol Stracansky entrevista a DIEGO CÁNEPA, prosecretario de la Presidencia de Uruguay

VIENA, abr 2014 (IPS) - La decisión del gobierno uruguayo de regular la producción, distribución y venta de marihuana para combatir el narcotráfico y abordar problemas de salud pública fue condenada por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).

Raymond Yans, presidente de esta agencia de la Organización de las Naciones Unidas, acusó a las autoridades uruguayas de tener una “actitud pirata” ante las convenciones del foro mundial sobre las drogas. El presidente de Uruguay, José Mujica, promulgó el  23 de diciembre la Ley 19.172 de regulación de la marihuana (cannabis), pero su entrada en vigor será este mes, dejando a todo el sector bajo la órbita del estatal Instituto de Regulación y Control de Cannabis, creado por la norma de 44 artículos.
Diego Cánepa, prosecretario de la Presidencia, que encabeza Mujica, dijo a IPS que regular el mercado de la marihuana fue una decisión correcta para su país.
IPS: ¿Qué le parece que la JIFE llame “pirata” a su país por legalizar el mercado de la marihuana?
DIEGO CÁNEPA: Bueno, la JIFE es solo un organismo de la ONU y es solo una opinión. Tiene un mandato especial, y ese mandato no es decidir qué enfoque debe adoptar cada país.
“No es nuestro objetivo que nadie nos siga o que haga lo que hemos hecho”
Hemos tenido un debate acerca de la correcta interpretación de las convenciones de la ONU sobre estupefacientes. Creemos, y tengo la evidencia que lo demuestra, que nuestra interpretación es correcta. Seguimos el espíritu original de la convención y esperamos que el paso que hemos dado sea el adecuado para crear un mejor control del mercado de la marihuana en nuestro país.
La prohibición fue un gran error en los últimos 40 años, así que creemos que un mercado de la marihuana estrictamente regulado es la mejor manera de respetar el espíritu de las convenciones de la ONU sobre las drogas.
IPS: ¿Se sintió frustrado al oír a personas de otros países decir que lo que ustedes están haciendo está mal, por ejemplo de países que tienen un enfoque mucho más conservador en relación a las drogas?
DC: Respetamos mucho todas las opiniones. Es un debate abierto. No pensamos que somos los dueños de la verdad. Escuchamos con mucho cuidado las opiniones de otros países, pero defendemos nuestro derecho soberano a hacer lo que pensamos es correcto para nuestro propio país y para nuestro pueblo. Y creemos que, en cuanto a las políticas de salud, esta es la mejor opción para Uruguay.
No queremos ser un modelo para otros países, simplemente pensamos que es lo mejor para el nuestro y nosotros defenderemos nuestro derecho a tomar esta opción. Pero estamos abiertos al debate. Pensamos que la prohibición no es la respuesta, y hay evidencias abrumadoras de que es un error. No queremos tener esta clase de política. Necesitamos tener el derecho a explorar un enfoque diferente en relación a las drogas.
IPS: Si dentro de un par de años ustedes concluyen que la legislación no está funcionando como esperaban o que no están viendo los resultados que querían en materia de salud pública, ¿estarían dispuestos a volver a prohibir las drogas?
DC: Pienso que la cuestión es otra. Primero que nada, unos pocos años no son suficientes. Se necesitan por lo menos ocho, nueve o 10 años antes de poder sacar conclusiones. Necesitamos reunir muchas evidencias a lo largo de un período prolongado para entender realmente qué efectos está teniendo esta política.
Si se mira la salud pública, la violencia, el consumo de drogas, todas las evidencias hasta ahora nos muestran que al regular el mercado y volver visible lo que hasta ahora era un mercado invisible, uno puede controlar mejor ese mercado y controlar el tráfico, y entonces hay menos violencia. Pienso que si no eso no ocurre en 10 años entonces tendremos otro debate. Pero no pienso que volvamos a prohibir (la marihuana). Necesitaremos hallar otra respuesta.
IPS: ¿Se siente feliz cuando ve que otros países hacen cosas similares a las que han hecho ustedes? Por ejemplo, algunos estados de Estados Unidos, que han legalizado la venta de marihuana.
DC: En realidad, lo que hicieron en Colorado es mucho más de lo que hemos hecho nosotros. Allí usted es libre de comprar y vender lo que quiera. Ellos tienen un modelo diferente al nuestro. Pero en Estados Unidos hay 18 estados donde se puede comprar marihuana con fines médicos. Sin embargo, eso es un eufemismo, porque sabemos que la mayoría de las personas usan la marihuana no con fines terapéuticos, sino con la excusa terapéutica.
Vemos que un estado individual en Estados Unidos está operando de esta manera sin que haya un control federal sobre él, así que es imposible no aceptar que hay un gran debate abierto, cuando hay diferentes países en todo el mundo adoptando distintas posturas.
IPS: ¿Piensa que otros países seguirán su huella y regularán sus mercados de marihuana?
DC: Realmente no sé, y no es nuestro objetivo que nadie nos siga o que haga lo que hemos hecho. No queremos ser un modelo para otros países. Respetamos las políticas de todos los demás, pero pensamos que este es el mejor modelo para nuestro país.
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Vancouver, conocida como Vansterdam, símbolo del movimiento prolegalizacion de la marihuana


Fernanda Sánchez Jaramillo
Rebelión


 Establecimientos donde se fuma marihuana, el club de la compasión que vende Cannabis a los enfermos y un partido político llamado marihuana se encuentran en Vancouver, centro del debate pro-legalización.
Un aroma dulce, a hierbas secas y bocanadas de humo impregnan el recinto. Pipas de vidrio o de madera y pequeños cigarrillos elaborados con papel son algunos de los métodos preferidos por los clientes del Amsterdam Café para fumarse un porro mientras degustan un pasaboca.
A este café ubicado en la calle West Hastings, conocida como La Pequeña Amsterdam, llegan vancuveritas y turistas. Esta clase de sitios, amigables con los fumadores de marihuana, surgieron en Los Países Bajos, a comienzos de los años 70, cuando ese país encontró en ellos un medio para reducir el impacto de las drogas en la sociedad.
El gobierno permitió entonces la venta de marihuana pero con restricciones. Entre ellas, no hacer publicidad explícita pues es ilegal, aunque su posesión es calificada como delito menor o infracción, expender máximo cinco gramos por cliente, que debe ser mayor de edad, y no ofrecer drogas fuertes como la cocaína y la heroína.
Vancouver es llamada Vansterdam y comparada con Amsterdam, la capital de Los Países Bajos, por su tolerancia con el consumo de marihuana. La diferencia, entre una y otra, es que en Vancouver vender marihuana es ilegal.
Sin embargo, esto no impide que algunos establecimientos permitan fumar abiertamente y otros discretamente en sus zonas exteriores. El olor a hierba seca se percibe en las calles, los parques y las playas donde las personas fuman marihuana a su antojo. También proviene de casas y apartamentos donde los más reservados disfrutan del servicio a domicilio.
Los fumadores no están solo en Vancouver. El Informe Mundial sobre las Drogas 2013 presentado por la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD) señaló que Norteamérica tiene más de la mitad de los cultivos globales de cannabis. Además, reporta que el consumo de marihuana en Canadá bajó de 10.7% a 9.1% en 2011, según cifras suministradas por el gobierno canadiense. (El informe de 2013 no ofrece cifras más actualizadas).
Legalización y despenalización
Aunque el cannabis (término genérico para denominar a la marihuana, hojas y flores secas y trituradas del cáñamo) es ilegal, en Canadá existe un movimiento que promueve su legalización y despenalización.
Marc Emery, ex-presidente del Partido Marihuana de British Columbia, es considerado un héroe en Vancouver y un traficante de drogas en Estados Unidos, donde la Fuerza Administrativa de Drogas (DEA) solicitó su extradición porque en el pasado exportó semillas de marihuana hacia ese país y se encuentra en prisión allí.
Desde la sede del partido, a escasos metros de Amsterdam Café, Emery avivó la discusión sobre la despenalización. Este lugar es también almacén de venta de accesorios tales como p ipas (de metal, madera, acrílico, cristal, cerámica, de agua), papel para hacer cigarrillos de marihuana y punto de venta de su revista Cannabis Culture Magazine (Cultura Cannabis).
Emery, el príncipe de la marihuana, se considera a sí mismo el mejor exponente de la cultura de la marihuana, una cultura con un lenguaje propio e identidad como cualquier grupo.
Por ello, para dar a conocer y promover los derechos e intereses de su “cultura”, en el pasado utilizó la revista, el partido político, cuando estaba activo, y los ingresos por la venta de semillas para financiar la campaña pro-despenalización.
En opinión de algunos, en Vancouver existe una cultura del uso de la marihuana y la celebración del día de la marihuana, el 1 de julio de cada año expresa esa cultura. De igual manera, una encuesta realizada por Forum Research Inc., el 24 de Agosto de 2013, reveló que 34% de los canadienses, mayores de 18 años, está en favor de la legalización y el cobro de impuestos a la venta de la marihuana y 36% está en favor de la des-criminalización.
Esta tendencia que busca la legalización y la despenalización se vive en otras provincias de Canadá tales como Ontario, Quebec y Saskatchewan. Toronto (Ontario) es sede de La Marcha Mundial de la Marihuana, evento que se realiza cada año.
“El objetivo de esta marcha del 1 de julio es protestar contra la prohibición y generar conciencia respecto a la necesidad de legalizar el cannabis. Legalizándolo se podría eliminar la delincuencia que rodea la prohibición, regularizar su acceso de acuerdo con la edad de las personas y generar impuestos para el país”, afirma Robin Ellins, propietario de The Friendly Stranger, almacén de accesorios para fumar marihuana y centro de la cultura cannabis en Toronto.
Industria que se propaga como el humo
La industria de la marihuana genera aproximadamente entre 8 y 12 billones de dólares canadienses al año. En su investigación titulada Cultivo de la Marihuana en British Columbia (Marijuana Growth in British Columbia), publicada en el año 2004, Stephen Easton miembro del Instituto Simón Fraser (Simon Fraser Institute) señalaba que: “En Canadá y específicamente en British Columbia hoy, como hace casi un siglo atrás con el alcohol, la marihuana es muy fácil de producir, exportar y difícil de controlar con los instrumentos de ley disponibles en una sociedad libre. El rendimiento es suficiente para reemplazar cada cultivo de marihuana destruido por las autoridades. Por esta razón, este cultivo creció mucho durante la década pasada”.
Las operaciones, medianas y grandes son dominadas por el hampa. Pandillas de motociclistas conocidos como los Ángeles del Infierno controlan las plantaciones al aire libre e hidropónicas (cultivadas en un baño de nutrientes) y grupos vietnamitas la orgánica bajo techo (cultivadas en tierra).
La producción canadiense de Cannabis se concentra en British Columbia, Ontario, y Quebec. Esta se trafica en Canadá y se exporta a Estados Unidos, del cual es uno de sus principales proveedores.
A pesar de que en Vansterdam, donde el uso recreacional, es decir esporádico, de la marihuana en cantidades pequeñas es tolerado, los arrestos no faltan.
Blair Longley, líder del Partido Marihuana de Canadá con sede en Quebec, opina que: “la planta Cannabis Sativa es considerada por la ley casi tan mala como un asesino. Por esta razón, los canadienses, van a la cárcel y se estima, que en Canadá un millón y medio de personas tiene antecedentes criminales por esta razón.
Dana Larsen, miembro del Nuevo Partido Democrático, fundador del grupo Fin de la Prohibición asegura que su objetivo es trabajar para cambiar las leyes relacionadas con el cannabis y las drogas en Canadá.
Larsen, quien trabaja actualmente en favor del cambio de las leyes del cannabis en la provincia de British Columbia, fue también el fundador del banco de semillas, Seed Bank, en Vancouver, un almacén donde se venden semillas de marihuana, aceites y otros productos preparados con marihuana. Además, es un espacio “amigable” con los fumadores de Cannabis donde se realiza una fiesta mensual en la cual fuman abiertamente.
“En las ciudades grandes la gente no siempre recibe cargos criminales por posesión de marihuana, pero si la policía encuentra a alguien con marihuana se la botan. La policía está más dedicada a destruir los cultivos. En contraste, en las pequeñas ciudades es más probable y común”, sostiene Larsen. Larsen vendió el banco de semillas y fundó el dispensario de cannabis medicinal, ubicado justo al lado del banco de semillas, que ahora tiene dos locales y atiende 3.500 pacientes.
Horneada o al vapor…
Otro aspecto del debate es la utilización de la marihuana con fines médicos. En Canadá está prohibida a menos que sea autorizada por la división de Acceso a la Marihuana del Ministerio de Salud de Canadá, que también educa a los médicos acerca de los casos en los cuales es conveniente sugerirle al paciente usarla como tratamiento alternativo y complementario.
En un reporte del año 2002, el comité del senado concluyó que las evidencias científicas apoyan la creencia de que para la vasta mayoría de los usuarios recreacionales el cannabis no es perjudicial y no genera consecuencias físicas, psicológicas o sociales en el corto o largo plazo, pero advierte que los fumadores crónicos pueden desarrollar dependencia.
A pesar de las opiniones en contra de la supuesta inofensividad de la marihuana, de que su uso con fines médicos está prohibido y de que los Clubes de la Compasión que venden marihuana a los enfermos son ilegales -a menos que tengan un permiso del Ministerio de Salud- éstos siguen funcionando.
El Club de la Compasión, Compassion Club de British Columbia, en Vancouver atiende diariamente a aproximadamente 100 personas que van allí para comprar Cannabis, limpio, de buena calidad y a un costo accesible, en un ambiente seguro.
Allí hay una aproximación al sistema de salud desde un punto de vista holístico. Por eso, tenemos un centro de bienestar, no solo usamos marihuana. También ofrecen servicios de acupuntura, nutrición y consejería, entre otros.
A este lugar acuden enfermos de sida, cáncer, hepatitis C, esclerosis múltiple, glaucoma y dolor crónico, entre otras patologías. Son personas entre los 19 y 90 años de edad, la mayoría entre los 40 y los 50.
Los pacientes utilizan la marihuana para contrarrestar la náusea que los debilita, la falta de apetito, el dolor que les impide dormir en las noches, la tensión muscular que limita sus movimientos y el deterioro físico causado por diversas enfermedades.
Pero no cualquiera puede ir y obtener cinco gramos, cantidad máxima que se entrega por paciente. Para acceder a estos remedios, hechos a base de cannabis, que se ofrecen en forma de galletas, brownies, productos líquidos como aceites o tinturas, capullos o al natural, el interesado debe presentar por escrito su diagnóstico y la recomendación del uso de la marihuana por parte de un médico, un experto en medicina tradicional china o un naturopata.
Una vez la persona tiene acceso al “menú” -como llaman ellos a las variedades ofrecidas- que incluye productos fumables, comestibles y líquidos dependiendo de las preferencias de los pacientes que a veces no quieren fumar y otros no quieren ingerir alcohol, se compromete a no restridibuir los “remedios” y utilizarlos exclusivamente para su bienestar.
En el año 2004, el entonces Primer Ministro de Canadá y miembro del Partido Lliberal, Paul Martín intentó reintroducir un controversial proyecto de ley presentado inicialmente por su predecesor Jean Chretien, del mismo partido político, quien propuso la despenalización por la posesión de máximo 15 gramos de marihuana y, a cambio, el pago de una multa. El proyecto nunca fue aprobado en la Casa de los Comunes (House of Commons) o cámara de diputados.
Entre tanto, las personas siguen consumiendo. Lo hacen abierta o discretamente en el Amsterdam Cafe, las calles, las playas, en la fiesta mensual del Seed Bank, hasta donde la policía ha llegado para pedir que bajen el volumen de la música e ignorado el hecho de que fuman marihuana, y lo harán el próximo 20 de abril, conocido como 4/20 cuando activistas prolegalización y consumidores se reunirán para fumar juntos e insistir en la legalización y el cambio de la política antidrogas.
En Canadá el debate sigue vigente. Opositores y defensores exponen sus argumentos a través de los medios de comunicación y otros espacios de discusión mientras en Vansterdam residentes y turistas disfrutan un porro.
Conocido en Canadá y el mundo como el príncipe de la marihuana, Marc Emery está en prisión acusado de tres cargos de conspiración, por vender semillas de marihuana por correo.
Jodie Emery, su esposa, encargada de sus negocios, el almacén y una revista on-line, dice que saldrá en libertad el 9 de Julio de este año. Marc, explica Jodie, se enfrentó a 30 años en prisión pero aceptó cargos por conspiración para producir marihuana y una condena a 5 años en la cárcel y quedará en libertad, por buen comportamiento, en el 2014 tras cumplir el 85% de su condena.
Segun Jodie Emery, la DEA admitió que fueron tras Marc porque es líder del movimiento prolegalización de la marihuana y donaba parte de sus ganancias de la venta de semillas a campañas, marchas, asistencia legal, publicidad y eventos prolegalización en Canadá.
Jodie cree que arrestaron a Marc para debilitar el movimiento pro legalización, pero que irónicamente Marc Emery se hizo más famoso al ser extraditado a Estados Unidos.
Y agrega que el movimiento se hizo más fuerte debido a lo que considera una injusticia contra su esposo. Sin embargo, admite que ya no apoyan como antes campañas y eventos pues no venden semillas de marihuana desde el año 2005.
El Partido de la Marihuana de BC, aclara Emery, no es un partido político activo, no tiene miembros y no tiene dinero para campañas electorales desde que terminó el negocio de la venta de semillas. Jodie Emery fue candidata por el Partido Verde en el año 2009 pues ese partido político, al igual que el Partido Liberal y el Partido Democrático Nacional (NDP) promueven el fin de la prohibición y la revisión de la actual política antidrogas canadiense.
Al preguntarle a Jodie si teme ir a prisión al igual que su esposo, dice que no, pues terminado el negocio de las semillas de marihuana, nada de lo que hace o vende como los accesorios para el consumo, revistas, camisetas y toda clase de artículos alusivos a la marihuana, es ilegal.
Foto archivo particular : Marc Emery and Jodie Emery en la prisión federal en Yazoo (Missisipi).- cannabisculture.com
 Fernanda Sánchez Jaramillo, periodista, magíster en relaciones internacionales y trabajadora comunitaria.



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