Comienza en la ONU una negociación histórica: Primer Tratado jurídicamente vinculante del mundo para proteger el alta mar

El 4 de septiembre de 2018 comenzarán en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, las negociaciones de un Tratado para conservar y proteger casi dos tercios del océano, en el marco de lo que se considera generalmente la mayor oportunidad de esta generación para cambiar el rumbo del deterioro y la pérdida de diversidad del océano.  

Tras un decenio de debates en la ONU, la Conferencia Intergubernamental (CIG), de dos semanas de duración, es la primera de una serie de cuatro sesiones de negociación que se desarrollarán hasta 2020 con vistas a lograr un nuevo tratado jurídicamente vinculante para proteger la biodiversidad marina en áreas fuera de la jurisdicción nacional* (AFJN), conocidas comúnmente como el alta mar. El océano situado más allá de las 200 millas marinas (370 kilómetros) de las costas de un país se considera aguas internacionales – “el alta mar” - y se comparte globalmente. No existe una legislación suprema que salvaguarde su biodiversidad ni su papel vital en la prestación de servicios – tales como la generación de oxígeno y la regulación del clima.  
“El alta mar cubre la mitad de nuestro planeta y es vital para el funcionamiento del océano entero y de toda la vida en la Tierra. El sistema actual de gobernanza de la alta mar es débil, fragmentario e inadecuado para abordar las amenazas a las que nos enfrentamos ahora en el siglo XXI, derivadas del cambio climático, la pesca ilegal y la sobrepesca, la contaminación por plásticos y la pérdida de hábitats. Esta es una oportunidad histórica para proteger la biodiversidad y las funciones del alta mar mediante compromisos jurídicamente vinculantes ”, declaró Peggy Kalas, Coordinadora de la High Seas Alliance, una alianza entre más de 40 organizaciones no gubernamentales y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).  
El papel clave del océano en la mitigación del cambio climático, que incluye la absorción de un 90% del calor adicional y de un 26% del exceso de dióxido de carbono creados por fuentes humanas, ha tenido un efecto devastador sobre el propio océano. Gestionar los múltiples factores de estrés añadidos que se ejercen sobre él permitirá aumentar su resiliencia ante el cambio climático y la acidificación, y protegerá ecosistemas marinos únicos en su especie, muchos de los cuales quedan aún por explorar y descubrir. Dado que se trata de aguas internacionales, las medidas de conservación necesarias solo pueden introducirse a través de un tratado global.  
El profesor Alex Rogers de la Universidad de Oxford, que ha proporcionado evidencia para fundamentar el proceso de la ONU de cara a un tratado, afirmó: “La mitad de nuestro planeta consistente en alta mar está protegiendo la vida terrestre frente a los peores impactos del cambio climático. Y a pesar de ello, estamos haciendo muy poco para salvaguardarla o para proteger la vida dentro del océano, intrínseca a nuestra supervivencia colectiva. Proteger la biodiversidad de la alta mar, implantando la buena gobernanza y la ley en el océano entero, es sin duda lo más importante que podemos hacer para cambiar el rumbo del corazón azul de nuestro planeta”.  
A través de la ONU, los estados debatirán cómo proteger y conservar el alta mar mediante el establecimiento de:  
Áreas Marinas Protegidas (AMP)
Las AMP gozan de amplio reconocimiento como elemento esencial para construir la resiliencia del océano, pero sin tratado no hay un mecanismo que posibilite su creación en el alta mar.  
Evaluaciones de Impacto Ambiental (EIA)
Aunque ciertas actividades se encuentran parcialmente reguladas en algunas áreas de el alta mar, no existe un marco jurídico para la realización de EIA con vistas a prevenir un potencial daño ambiental.  
Reparto de beneficios y transferencia tecnológica
A muchos países les preocupa no poderse beneficiar de la investigación sobre las especies de alta mar y perder así el acceso a nuevos recursos genéticos marinos de enorme alcance potencial, tales como el descubrimiento de recursos genéticos marinos (RGM) que podrían ofrecer nuevos usos farmacéuticos y nutracéuticos, entre otros. Las negociaciones también se centrarán en mejorar los mecanismos de creación de capacidad y transferencia tecnológica en países en desarrollo dentro del ámbito del alta mar.
"La explotación insaciable de nuestros océanos, desde el exceso de pesca y explotación de minas en alta mar hasta la extracción de petróleo, está teniendo un efecto devastador en el ecosistema marino y necesita urgentemente una toma de medidas. Un tratado global tiene la capacidad de hacerlo y proteger realmente el alta mar por encima de las fronteras nacionales. Fundamentalmente, tiene el poder de crear una red global de santuarios, libres de la destrucción humana. Sofia Tsenikli, Senior Political Strategist - Greenpeace International

"No hay que cometer ningún error, esto es un momento clave en la historia. La protección de por lo menos el 30% de nuestros océanos de aquí a 2030, solo podrá llegar con determinación política, una visión internacional compartida y una reflexión serena sobre el estado critico actual".   Patricia Roy

ENDS 
Notas para los redactores:  
* "Áreas fuera de la jurisdicción nacional"son las áreas del océano situadas fuera de las ZEE y de las plataformas continentales de los distintos estados, es decir, a más de 200 millas marinas de la costa en la mayoría de los casos. Incluye también el alta mar, la Zona de mar profundo definida en la Parte XI de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CDM, o también CONVEMAR o CNUDM), que es el fondo oceánico profundo situado más allá de las plataformas continentales de los Estados ribereños.  
Para más información, visite: http://highseasalliance.org    
Cronograma del Tratado – el proceso hasta hoy.   
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Contacto:  
· Patricia Roy |
Communications Inc | France, Spain and EU | Tel. +34 696 905 907 |
 patricia@communicationsinc.co.uk
| skype: patyroy
· Valérie de Baecque | valerie@press-consultant.com | Tel. +34 671 661 012  
En la ONU durante las negociaciones:  
· Mirella von Lindenfels + 44 7717 844 352
Fuente: Rebelión
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La alta mar: una brecha gigantesca en la protección del planeta. 

Como no sea por la ventanilla de un avión, la mayoría de nosotros nunca viviremos ese océano que se extiende más allá del horizonte, donde las aguas nacionales pasan a ser internacionales, a 200 millas marinas de la costa. Consideramos poco, y probablemente nos importe aún menos, esa región que se llama la alta mar, pero es esencial para la vida en la Tierra, al ocupar casi la mitad de la superficie del planeta y dos tercios de su espacio habitable.

Por Callum Roberts
En septiembre de 2018, las Naciones Unidas celebrarán una conferencia para negociar un tratado jurídicamente vinculante destinado a proteger la fauna de ese vasto espacio. Esta conferencia constituye una oportunidad apremiante, única en toda una generación, ya que las aguas internacionales están sujetas a una intensa actividad pesquera escasamente controlada que está causando un daño inmenso a las especies objetivo, como el atún, y a los animales que simplemente se cruzan en su camino, como las tortugas, las aves y los mamíferos marinos. Para hacerse una idea de lo que hay en juego, basta con fijarse en lo que está ocurriendo en las aguas de Costa Rica.
Ya desde finales del s. XVIII, se ha descrito a las aguas costarricenses del Pacífico como las más prolíficas en tiburones del planeta. A principios de los años 20, Zane Grey, exitoso autor de noveluchas del oeste y obseso de la pesca, relataba las frustraciones de pescar en los mares de Costa Rica: “Era una visión prodigiosa asomarse a esas aguas de una transparencia exquisita y ver peces tan apretados como si de una valla de estacas tendida se tratase, y cuánto más hondo, más grandes iban apareciendo… Vimos rabil y pez limón nadando entre los tiburones como si fueran inofensivos. Pero en cuanto enganchamos a un pobre pez, se abalanzaron sobre el infortunado esos monstruos voraces y lo devoraron. Luchaban como lobos. Cada vez que la sangre de un pez teñía el agua, los tiburones parecían desquiciarse. Surgían por todas partes, como por arte de magia”.
Dada esa historia de aguas repletas de depredadores, llama la atención, y resulta preocupante, que un equipo de rodaje de BBC Blue Planet II pudiera pasarse tres semanas en el mar sin ver un solo tiburón, pese a estar rodeados de abundantes especies de presa.
La increíble fecundidad de las aguas costarricenses se debe a la singular oceanografía de la región. Lejos de la costa, a caballo entre las aguas nacionales y la alta mar, existe un afloramiento de nutrientes que alimenta una rica proliferación de plancton. Túnidos, delfines, ballenas, tortugas y tiburones acuden a ella en masa desde todo el Pacífico oriental para darse un banquete.
La reciente ausencia de tiburones se explica por lo que sí vio el equipo de filmación: buques pesqueros de cerco y de palangre. En busca de sus especies objetivo, principalmente túnidos y dorado, estos métodos de pesca infligen un indecible daño colateral. Como indica su nombre en inglés, “longline” (literalmente, “sedal largo”), los sedales del arte de palangre suelen tener una longitud de varias decenas de kilómetros y están jalonados por miles de anzuelos. De 1999 a 2010, el palangre costarricense capturó incidentalmente 700.000 tortugas golfinas, según un estudio. Otro registró la captura fortuita de 43.000 anzuelos calados para el dorado: para capturar 211 dorados nada más, engancharon también 468 tortugas golfinas, 20 tortugas verdes, 408 rayas-látigo violeta, 47 mantas mobula, 413 tiburones sedosos, 24 peces zorro, 13 tiburones martillo lisos, 6 tiburones cocodrilo, 4 tiburones oceánicos, 68 peces vela del Pacífico, 34 marlines rayados, 32 rabiles, 22 agujas azules, 11 petos, 8 peces espada y 4 peces luna. Eso no es pesca, es aniquilación a destajo.
Las redes de cerco, con una longitud de hasta dos kilómetros y una profundidad de doscientos metros, se calan formando paredes alrededor de bancos de atunes. Los grupos de delfines giradores, filmados por Blue Planet II por sus excepcionales despliegues acrobáticos aéreos, son compañeros de viaje habituales de los túnidos. Los patrones de pesca los vigilan atentamente. Cuando se marchaba el equipo de rodaje, calaban sus redes, rodeando tanto a atunes como a delfines. Los buques atuneros legales tienen la obligación de soltar a los delfines, pero la captura estresa a los animales y algunos mueren. A los pesqueros ilegales, y hay muchos, les importa un comino el bienestar de los delfines.
Gran parte del daño causado a la fauna oceánica se produce en las aguas internacionales de alta mar donde, precisamente, es prácticamente imposible crear áreas marinas protegidas. Cuando estuve en Costa Rica hace un par de años, visité una playa de anidamiento de tortugas laúd. La cifra de hembras que volvían allí a poner sus huevos había descendido de más de 1.000 al año en la década de los 90 a tan solo 17 esa temporada, una disminución del 98%. Probablemente en su mayoría habrían resultado capturadas y ahogadas por sedales y redes durante sus largas migraciones a través del mar abierto. Si los negociadores de la ONU fracasan esta vez en su tarea, la próxima ocasión que se presente puede llegar demasiado tarde ya para la tortuga laúd.
Las áreas marinas protegidas de alta mar colmarán una brecha vital en la protección del planeta. El mundo se está esforzando ahora en proteger un 10% del océano de aquí a 2020. Sin embargo, la opinión generalizada es que el 10% no basta. Hacen falta metas más elevadas para salvaguardar la fauna y construir resiliencia ecológica en un mundo que cambia con tanta rapidez como el nuestro. Está emergiendo un consenso en torno a la idea de que debemos proteger al menos un 30% del mar para 2030. Las áreas protegidas de alta mar serán cruciales para lograr ese objetivo ambicioso pero crítico. Hace ya mucho tiempo que deberían haber existido.

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