Antiespecismo : Hacerse amigo de un pulpo

El documental Lo que el pulpo me enseñó, de Craig Foster, nos narra la experiencia personal del director tras su encuentro con un pulpo cerca de su casa, en la costa de Sudáfrica. Todo el trabajo está centrado en un episodio concreto de la trayectoria personal y profesional del narrador. Se presenta y se mantiene un enfoque totalmente subjetivo y antropocéntrico. En realidad, el pulpo es un personaje secundario, puesto que se da una información muy limitada sobre él. Es un documental que no pretende instruir, sino emocionar, e ilustra perfectamente lo que es el especismo y hasta qué punto es difícil escapar de él.

Laura Muñoz

Es interesante conocer la historia y es de agradecer que alguien con una cámara se fije en la vida de un ser tan extraordinario como un pulpo. Aunque vale la pena puntualizar algunas problemáticas. Tras el primer acercamiento, Foster nos dice que ha podido sentir que se trataba de un pulpo especial. Este es el primer error o malentendido. No, ese pulpo no es especial o es tan especial como los demás pulpos. A juicio del narrador, la curiosidad que tiene ese pulpo hacia un humano como él demuestra un carácter diferente al del resto.
A alguien que nunca haya interactuado con otra especie puede parecerle un gesto inusual. Sin embargo, todos los seres —sean de la especie que sean— suelen mostrar curiosidad ante alguien o algo que desconocen. Probablemente ese pulpo nunca había tenido a un humano cerca, exactamente igual que Foster nunca había tenido a un pulpo a tan corta distancia. La reacción de fascinación no le convierte en un humano especial, sino en un ser curioso.
En segundo lugar, se nos presentan algunas capacidades de los pulpos, como su habilidad para camuflarse, el uso de sus tentáculos como pies para desplazarse caminando por el fondo marino y su versatilidad para meterse en cualquier grieta. Al ver estas proezas en imágenes, se nos despierta la admiración por este ser capaz de hacer tantas cosas impensables para nosotros, humanos. No obstante, ¿por qué está tan impresionado el narrador? ¿Creía que no existía ningún otro ser inteligente, capaz de superar las capacidades humanas? En ese punto del documental todavía no nos deja claro si realmente admira a otra especie o tan solo siente admiración por ese individuo pulpo en particular.
En tercer lugar, comentaría el mal rato que pasamos todos cuando el pulpo es atacado por un tiburón y pierde un tentáculo. Creo que muchos llevábamos rato pensando que la presencia de Foster podía distraer al pulpo, hacer que bajase la guardia y fuese más vulnerable. Tras el suceso, él mismo nos indica su sentimiento de posible culpabilidad. A pesar de ello, decide no intervenir en ningún momento para frustrar el ataque.
Sí que intenta ayudarle tras ser herido ofreciéndole comida, pero el pulpo parece que rechaza su ayuda. Puede que sea porque está dedicando toda su energía a recuperarse —según nos hace pensar Foster—. Aunque también podría ser porque el pulpo sabía que Foster estaba allí durante el ataque y no le ayudó. Podría ser un motivo para desconfiar de él ¿no?

Cuando el pulpo es atacado por segunda vez, Foster tampoco interviene. Por suerte, esta vez, el pulpo logra defenderse y escapa por sus propios medios. El argumento de la “no intervención” apenas roza su justificación en todos los casos. Una cosa es dejar una cámara fija funcionando y otra estar en el lugar. En el momento en el que se mete en el agua y es percibido, Foster ya tiene un papel en la escena. No puede negar su participación. Por lo tanto, debería actuar según su conciencia sin justificarse con argumentos discutibles.
Si su relación con este pulpo es real, podríamos decir sin miedo ni vergüenza que son amigos, en cuyo caso ¿quién no salvaría o intentaría ayudar de algún modo a un amigo? Ahora bien, si su relación se basa en una obsesión por adquirir conocimiento sobre algo, sin respetar demasiado al “objeto” de estudio para hacer un reportaje, entonces es comprensible que se mantenga al margen.
Todos entendemos cómo funciona la cadena trófica, pero hacer una excepción con un ser vivo al que amas, en un lugar y en un contexto determinados, no va a alterar el orden de las cosas en el mundo de manera catastrófica e irreversible. Si tuviésemos un amigo jabalí y viésemos a un lobo cerca, ¿no intentaríamos avisarlo para que se alejase o huyera? Entendemos que el lobo debe comer y, a veces, se alimenta de jabalís, pero si estuviésemos allí, ¿no protegeríamos a nuestro amigo? El lobo podrá cazar a otras presas. Y al revés, si tuviésemos un amigo lobo que estuviera hambriento y viésemos a un grupo de jabalís, es probable que intentásemos hacérselo saber. Por lo tanto, su insistencia en no intervenir es un poco desafortunada y no se entiende por qué, estando allí, viendo a su amigo en apuros, no actúa.
Es como si Foster tuviese dificultades para comportarse con normalidad con un amigo. No se nos acaba de explicar, pero los pulpos machos y hembras, cuando alcanzan su madurez y se reproducen, fallecen al poco tiempo. Es triste pensar que siendo seres tan complejos, los pulpos tienen una esperanza de vida de uno a cinco años. Foster lo sabe, pero nunca se está preparado para perder a alguien a quien amas. Cuando ocurre, nos cuenta lo mucho que le afecta su muerte. Llora y nos dice que visita su guarida de vez en cuando para recordarle, porque le echa de menos. Todos entendemos su sentimiento.
Sin embargo, filma su cuerpo moribundo, su cadáver y su final. ¿Qué aportan esas imágenes? Si mostrase el cuerpo sin vida de un amigo suyo humano, ¿le encontraríamos sentido? ¿Qué aprenderíamos que no sepamos? Las imágenes aportan tristeza y nos hunden en un sentimentalismo vacío que no esperaríamos encontrar en un documental.
En relación a sus sentimientos y en cuarto lugar, resulta un poco molesta la descripción que hace el narrador de su relación con el pulpo. Llega a decir que “se enamoró” y que necesitaba verlo cada día. Parece una obsesión o un capricho personal, más que un sentimiento de admiración. Incluso nos quiere demostrar que se identifica con él y que casi siente su dolor cuando sabe que está herido en su guarida. Este nivel de empatía demuestra hasta qué punto podemos ser conscientes del hecho de que seres de otras especies sienten y sufren como nosotros.

A pesar de ello, Foster no es capaz de ver más allá de su caso personal con un pulpo. No se da cuenta de que nuestra capacidad empática no debe limitarse a una especie, ni a un solo individuo de una especie, ya que todos sentimos y sufrimos. No aprende que deberíamos entender el sufrimiento de los demás, aunque no los conozcamos ni seamos sus amigos.
A Foster debería dolerle la pérdida del brazo de un pulpo tanto como el degüello de un cerdo en cualquier matadero del mundo. Esta es la deducción que se echa en falta en este documental. Si el narrador puede sentir el sufrimiento de este pulpo, debería ser capaz de imaginar el sufrimiento de cualquier otro animal (aunque no lo conozca de nada). Es una pena que las conclusiones de esta bonita historia se queden flotando en la superficie.
Su reciente conexión con la naturaleza y con los demás seres vivos impulsa su mensaje de que debemos ser “gentiles” con las demás especies de animales. Pero, ¿qué significa esto exactamente? ¿Podemos acariciar animales mientras nadamos, pero pescarlos, matarlos y comérnoslos luego? Mientras ves el documental, resulta difícil no pensar en las muchísimas personas que comen pulpos. Sin embargo, Foster no hace ninguna referencia a nuestra alimentación. Silencia la realidad de la explotación animal y deja pasar la oportunidad de reivindicar una relación de “respeto” con el resto de seres vivos que sienten, en este planeta.
Si lo pensamos bien, es una incongruencia emocionarse por la vida de un pulpo y sufrir cuando sufre, pero comer bacon para desayunar. Los humanos no necesitan comer animales para sobrevivir, por lo tanto, los matan para satisfacer un placer. Es una lástima que Foster no dé un paso adelante y se cuestione la imposibilidad de respetar o de ser “gentiles” con los demás seres vivos, si los matamos innecesariamente. ¿Hubiese matado a su amigo para comérselo? Es poco probable. Entonces, solo le falta entender que el sufrimiento es sufrimiento para un pulpo, para un humano, para un jabalí o para un cerdo.

El documental acaba diciéndonos que hay lugares y seres asombrosos y que somos parte de ello, compañeros y no visitantes. Foster ha fundado el Sea Change Project para dar a conocer las maravillas del “kelp forest” que exploramos con él en el documental. No obstante, habría sido más significativo —y coherente con su mensaje— que hubiese acabado diciendo que no se trata de visitar lugares, precisamente porque no somos visitantes; sino de descubrir, valorar y respetar la naturaleza dondequiera que vivamos, incluida la ciudad.
Habría sido revolucionario que nos hubiera encargado la misión de proteger lo que nos rodea a cada uno de nosotros y no solamente lo que le rodea a él. Esas maravillas no son ni más ni menos valiosas que las montañas, los bosques, parques y plazas que forman parte de nuestro escenario cotidiano. Un pulpo puede ser el amigo más especial que conocerás en tu vida. Pero merece tanto respeto como una salamandra, un cuervo, una ardilla o una paloma. Uno puede tener amigos de cualquier especie e incluso podemos tener mayor simpatía por unos u otros —igual que no somos amigos de todos los humanos—. Sin embargo, todos los animales capaces de sentir merecen la misma empatía y el mismo respeto.
Ojalá nos demos cuenta de que todo y todos somos extraordinarios, a nuestra manera. Si lo hacemos, llegará el día en que entendamos que nadie merece sufrir en este mundo si alguien puede evitarlo.

Sobre este blog
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Fuente: https://www.elsaltodiario.com/infoanimal/hacerse-amigo-de-un-pulpo

 

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