Javier Bardem y Yasmin Finney se unen a Greenpeace contra las demandas mordaza en el cortometraje ‘SLAPP Suit’

La organización ecologista denuncia con este corto las demandas estratégicas contra la participación pública (SLAPP en inglés), una táctica de intimidación de multinacionales contaminantes y multimillonarios para silenciar las protestas: El derecho a la protesta y la libertad de expresión enfrentan una amenaza creciente a nivel global, una realidad que el movimiento climático y las organizaciones ecologistas sufren en primera línea. Millonarios y multinacionales contaminantes recurren a las demandas estratégicas contra la participación pública (conocido en inglés como SLAPP) para ahogar a activistas, periodistas y ONG en costas judiciales y agotar su tiempo y recursos. Todo ello con el objetivo último de dar a entender que protestar y señalar tiene un alto coste.

Eduardo Robaina

Desde Greenpeace han denunciado las demandas mordazas con un cortometraje estrenado a nivel mundial protagonizado por el actor español Javier Bardem, ganador de un Oscar, y por la actriz británica Yasmin Finney, nominada al Emmy.  En la pieza audiovisual, de unos dos minutos, Bardem interpreta a un sombrío y calculador sastre que le toma medidas a Finney (una activista) para confeccionar un traje opresivo. En la prenda, el sastre va hilvanando meticulosamente conceptos como «silencio», «acoso», «difamación» y «cese y desista». La metáfora visual alcanza su punto más crítico cuando el personaje de Bardem amordaza a la joven con la propia cinta métrica, en la que se lee repetidamente la palabra SLAPP, demostrando de forma simbólica cómo estas demandas se diseñan «a medida» para amordazar a la sociedad civil e infundir miedo.

Imagen del cortometraje protagonizado por Javier Bardem y Yasmin Finney. GREENPEACE.

Greenpeace, víctima de SLAPP
Este cortometraje refleja la realidad que Greenpeace vive en los tribunales frente a gigantes de la industria fósil. La empresa estadounidense de oleoductos Energy Transfer lleva casi una década persiguiendo judicialmente a la organización, en un intento por castigar la resistencia pacífica contra el oleoducto Dakota Access en Standing Rock y debilitar el liderazgo indígena. Actualmente, las oficinas de Greenpeace se enfrentan a una sentencia emitida hace un año en Dakota del Norte que pretende obligarlas a pagar 345 millones de dólares. Como contraofensiva, Greenpeace Internacional ha iniciado un caso histórico en los Países Bajos para hacer rendir cuentas a la corporación bajo la nueva directiva de la UE contra las demandas SLAPP, una estrategia de acoso a la que también se han sumado otras multinacionales como Shell, Total y ENI.
Para los actores implicados, la gravedad de esta persecución trasciende las fronteras del ecologismo. Javier Bardem insiste en que no se trata solo de defender a una ONG, sino de proteger un derecho fundamental que afecta por igual a periodistas, artistas y ciudadanos comunes: “La cuestión no es por qué hay que alzar la voz, sino: ¿cómo no íbamos a hacerlo si queremos seguir disfrutando de la misma libertad?”. Por su parte, Yasmin Finney alerta sobre la creciente criminalización de la protesta en el Reino Unido, recordando que los derechos y avances sociales de los que disfrutamos hoy en día se han construido precisamente gracias a la resistencia de quienes se atrevieron a exigir mejoras.
El cortometraje concluye con un llamamiento impreso en la pantalla: «Es hora de resistir». Desde la dirección de Greenpeace advierten que las demandas mordaza representan “una crisis existencial para la libertad de expresión y de protesta de todas aquellas personas que se atreven a alzar la voz contra los poderosos, independientemente de si Greenpeace está de acuerdo con ellas o no. Si no defendemos nuestro derecho a resistir, entregamos el futuro a unos pocos oligarcas que ven el poder como una herramienta para construir un imperio, en lugar de una responsabilidad compartida», denuncia Susannah Compton, directora del programa de Resistencia Civil y Libertades de la organización.
Cascada de juicios climáticos en España
Aunque no son demandas interpuestas por grandes compañías fósiles, los procesos judiciales contra el activismo climático también están haciendo mella en España. En la última semana, se han celebrado dos juicios por acciones climáticas no violentas. Entre los acusados está Francisco del Pozo, de Greenpeace España, quien en septiembre se sentará nuevamente en el banquillo con una posible condena de cinco años de prisión por el bloqueo de la regasificadora del Puerto de Sagunto (Valencia).
Y no son los únicos casos. Al menos hay previstos otros dos juicios más. El primero será el próximo 3 de junio contra las activistas climáticas que en noviembre de 2022 realizaron una acción de protesta en el Museo Nacional del Prado frente a La maja desnuda y La maja vestida de Francisco de Goya. En esta ocasión, las imputadas se enfrentan a una petición de 12 meses de multa y al pago de 3.000 euros por daños atribuidos a los marcos de los cuadros. Y el segundo, aún sin fecha pero previsto para otoño, tiene como implicados a una quincena de científicos y académicos del movimiento Rebelión Científica. tras la protesta que tuvo lugar el 6 de abril de 2022, en la que se derramó agua con jugo de remolacha en la fachada del Congreso.

Fuente: https://climatica.coop/slapp-suit-cortometraje-greenpeace/- Imagen de portada: Foto: una imagen del cortometraje.

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