Cuando la agricultura esteriliza la tierra


La teoría sobre la fertilización de las plantas más aceptada hoy en día por la agricultura industrial es el resultado de los estudios llevados a cabo en la Europa preindustrial . A principios del siglo XIX el agrónomo alemán Albrech Thaer crea la teoría del humus según la cual este elemento es la base de la fertilidad del suelo. 

 Montse Escutia nos relata en este brillante artículo cómo la agricultura industrial y sus insumos esterilizan la tierra. 
En unas jornadas llevadas a cabo en la pasada edición de BioCultura Madrid, el agrónomo holandésPius Floris dijo: “No tengo nada contra los abonos químicos mientras no se pongan en el suelo”. Con esta frase, llena de ironía, venía a resumir la conclusión a la que ha llegado a lo largo de sus años de trabajo: los abonos químicos destruyen la fertilidad natural del suelo convirtiéndolos en desiertos dependientes de insumos cada vez más caros. Como él, muchos otros hemos llegado a la misma conclusión después con medio siglo ya de experiencia en la agricultura industrial iniciada con la Revolución Verde. El uso de abonos químicos responde al principio de “pan para hoy, hambre para mañana”. Junto a otras muchas sustancias biocidas de uso generalizado en la agricultura han contribuido a la esterilización de los suelos y, con ello, a la pérdida de su fertilidad natural. 
EL ERROR JUSTUS VON LIEBIG 
La teoría sobre la fertilización de las plantas más aceptada hoy en día por la agricultura industrial es el resultado de los estudios llevados a cabo en la Europa preindustrial . A principios del siglo XIX el agrónomo alemán Albrech Thaer crea la teoría del humus según la cual este elemento es la base de la fertilidad del suelo. El carbono que necesitan las plantas era producido por la descomposición del humus y absorbido por las plantas directamente del suelo. Aportar estiércol servía para reponer las pérdidas de humus y era la base fundamental para la conservación de la fertilidad del suelo.
El químico alemán Justus Von Liebig (1803-1873) demostró que la teoría del humus no era cierta y propuso que las plantas extraían del suelo únicamente elementos minerales. Fue el inicio de la agricultura química. El error de Liebig fue creer que las conclusiones prácticas de la teoría del humus eran erróneas y que simplemente aportando elementos minerales al suelo se podía mantener su fertilidad. Liebig creyó en sus últimos días haber pecado contra la sabiduría de Dios proponiendo una forma de alimentar a las plantas alejada de las leyes de la Naturaleza.
Pero a pesar de ello su teoría sobre la fertilización química de las plantas cuajó en un momento de gran expansión de la industria química. El negocio creado en torno a los fertilizantes químicos favoreció la consolidación de esta teoría que reduce la alimentación de las plantas a tres elementos principales: nitrógeno, fósforo y potasio. 
UN GRAN LABORATORIO LLAMADO SUELO 
El suelo no es un sustrato inerte. Un suelo es un sistema donde se producen complejas reacciones bioquímicas y donde viven en equilibrio millones de seres vivos diferentes. Para que esto sea posible es necesario que se den unas condiciones específicas de estructura que permitan la circulación del aire y el agua. Aunque parezca insignificante, la unión que se produce en el suelo entre el mundo mineral y el mundo orgánico, entre el humus y la arcilla, es la base de la vida tal como la entendemos. Sin ella las plantas no podrían alimentarse y toda la cadena trófica se desmoronaría. La vida en la tierra tal como la conocemos hoy en día no existiría.
El suelo es un almacén de nutrientes atrapados para evitar que la acción de la lluvia y la erosión los haga inalcanzables para las plantas. Y la llave del almacén la tienen los microorganismos que viven en el suelo. Ellos se encargan de sacar los nutrientes y ponerlos a disposición de las plantas. En un ecosistema natural existe un equilibrio perfecto entre el suelo, los microorganismos y las raíces de las plantas. 
LA RIZOSFERA 
Se ha comprobado que alrededor de las raíces viven un gran número de microorganismos, principalmente bacterias. Estos microorganismos son atraídos por las plantas gracias a sustancias que secretan por las raíces y que les sirven de alimento. En compensación, estos microorganismos tienen una influencia directa sobre el desarrollo de la planta ya que colaboran activamente en su nutrición, haciendo asimilables los elementos que necesita en cada momento.
Los microorganismos de la rizosfera son tanto más numerosos cuanto mayor es la proximidad a las raíces. Especialmente se encuentran de forma más abundante alrededor de las raicillas que forman la cabellera radicular. El número de estos microorganismos va aumentando con la edad de la planta y es máximo cuando se produce la fructificación. Los microorganismos de la rizosfera son específicos en cada especie vegetal, es decir, cada tipo de planta tiene sus microorganismos acompañantes. La rizosfera colabora en el desarrollo de la planta en diferentes aspectos: ·Colabora activamente en la formación de agregados del suelo, creando alrededor de las raíces un medio donde las condiciones físicas y químicas son especialmente favorables para la alimentación de la planta. ·Las bacterias que forman parte de la rizosfera hacen asimilables para las plantas los elementos minerales del suelo. ·Las bacterias segregan sustancias hormonales que favorecen el desarrollo de las plantas. ·En una planta cuyas raíces son estériles (sin microorganismos) los ataques de plagas y enfermedades son más fuertes que en aquellas plantas donde existe la rizosfera. Esto es debido al control que ejerce la rizosfera sobre los microorganismos patógenos, por un lado impidiendo de forma física con su presencia el desarrollo de bacterias patógenas y por otro lado segregando sustancias poco favorables a microorganismos patógenos. 
CUANDO EL EQUILIBRIO SE ROMPE 
Los abonos químicos rompen el equilibrio existente en el suelo y destruyen la rizosfera. Cambian las condiciones de pH, la concentración de sales y la relación entre los microorganismos y las raíces. De hecho suponen una agresión que elimina a muchas de las poblaciones de microorganismos convirtiendo el suelo en un sustrato inerte. De esta forma la fertilidad se vuelve totalmente dependiente de los aportes continuados de nutrientes a través de abonos químicos. El suelo pierde la capacidad de alimentar a las plantas de forma natural.
En el tiempo entre el que se divulgaron las teorías de Justus von Liebig y la Revolución Verde, los campesinos europeos reconciliaban el aporte de estiércol a sus campos con un aporte suplementarios de elementos minerales. Esta práctica supuso un gran aumento de los rendimientos de las cosechas pero sin comprometer gravemente la estructura del suelo. Con la Revolución Verde y el abandono de la fertilización orgánica, el uso de abonos químicos rompió el almacén de nutrientes del suelo liberándolos en grandes cantidades. Por eso el aumento de las cosechas fue espectacular. Los agricultores, sin saberlo, se estaban gastando los ahorros que les habían dejado en custodia muchas generaciones de agricultores que les habían precedido. Pero una vez roto, desaparecida o debilitada la estructura de muchos suelos, los rendimientos empezaron a caer. Y cada vez deben aportarse más y más fertilizantes sin que exista una correlación entre lo que se aporta y las cosechas obtenidas. Los suelos han perdido su fertilidad natural, las raíces se desarrollan mal. 
UNA SITUACIÓN DRAMÁTICA 
La situación de muchos suelos agrícolas es actualmente dramática. La agronomía está revisando sus principios y se vuelve a hablar de la importancia de la fertilización orgánica, de dejar una parte de los restos de cosecha en el campo, del papel de los microorganismos como las micorrizas en la alimentación de las plantas y de los grandes problemas ambientales que ha provocado el uso generalizado de abonos químicos.
Debemos recuperar la sabiduría del agricultor y alejarlo de las recetas que sólo enriquecen a unos pocos. Devolver al suelo su papel en la alimentación de las plantas y trabajar junto con los microorganismos del suelo como verdaderos responsables de la fertilidad. Montse Escutia es ingeniera agrónoma de Vida Sana 
“PANES DE PIEDRA” - JULIUS HENSEL 
Este es el título del libro escrito hace más de un siglo por Julius Hensel, coetáneo de Justus von Liebig y también químico de profesión. A diferencia de Liebig, Hensel fue perseguido y su obra silenciada. No se quiso que llegase a los agricultores. El negocio de los abonos químicos sintéticos era más prometedor que ofrecer a los agricultores la alternativa de simples piedras trituradas para fertilizar sus campos. Hensel analiza en su libro las causas de la decadencia de la agricultura y propone la remineralización de los suelos utilizando rocas trituradas. Para él este tipo de fertilización es mucho más efectiva que la orgánica. Lo que propone es acelerar el proceso natural que se produce en los suelos donde la mayor parte de los minerales se obtienen de la degradación y disolución de las rocas. Comprobó que los alimentos obtenidos en tierras fertilizadas de esta forma eran más ricos en nutrientes repercutiendo favorablemente en la salud de los animales y de las personas. Además las plantas eran más resistentes a plagas, enfermedades y también a la climatología adversa. La obra de Hensel ha sido recuperada y está siendo reivindicada especialmente en América gracias a la labor del agrónomo Jairo Restrepo y el movimiento de la agricultura regenerativa.

Fuente original: http://vidasana.org/


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