“Debemos adoptar estilos de vida lo menos consumidores en energía posibles”

En "La Osa", comenzamos una serie de encuentros con personas de referencia, y lo hacemos de la mano de Yayo Herrero, conocimiento puro en campos como la ecología, la ecofeminismo, la tierra, la producción y la organización del territorio.

Lo primero que te quiero preguntar es cómo le afecta a la tierra en sí misma que nos hayamos acostumbrado a tener productos frescos, productos de todo tipo en todo momento del año y una cantidad muy abundante.
Que en cualquier supermercado haya siempre todo bueno afecta de una forma muy grave porque la posibilidad de producir cualquier tipo de producto en cualquier temporada y en cualquier momento y en cantidades enormes, lo que supone es extraer o agotar muchos recursos de la tierra que son finitos. Por varios motivos. Cuando estamos hablando de agricultura, por ejemplo, pues para poder producir hortalizas en un momento de invierno, cuando no se producen naturalmente, hace falta invernaderos, hace falta meter insumos, fertilizantes, pesticidas, que son productos muchos ellos derivados del petróleo, que es un bien finito en riesgo de agotamiento, y luego muchos de ellos tóxicos. Es decir, que acaban llegando a nuestras a nuestros cuerpos, aparte de quedarse obviamente en la tierra o en el agua. Por otro lado, muchas veces esos productos que no son de temporada, que no están en su momento, si los tenemos en los mercados es porque vienen de muy lejos. Han sido producidos en otros territorios, frecuentemente por personas muy mal pagadas -como son también muy mal pagadas a veces las personas campesinas dentro de nuestro propio país- por personas explotadas, que luego además tienen que ser trasladados. Es obvio que para poder traer frutas, hortalizas y otros productos de latitudes muy distintas, a veces de otros continentes, hace falta también utilización de energía fósil que vuelve a incidir sobre un recurso finito como es el petróleo, sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo que quiero decir con esto es que este tipo de alimentación, este tipo de disponibilidad de productos directamente es una forma de consumir que coloca a muchísimas personas en guerra con la vida y con la posibilidad de que esta vida se mantenga. Por tanto, es un gran desastre. Por no añadir pérdidas culturales que se producen como que, de repente, pues que los tomates ya no lo sepan a nada o que muchos otros productos, pierdan el sabor. Esto por centrarnos un poco en los productos agrícolas. Si le añadimos la dimensión de la ganadería industrial o de las pesquerías, digamos industriales, estamos incorporando a toda esa dimensión una multiplicación brutal de la cantidad de territorio, de la cantidad de insumos y un insoportable, intolerable y para mi inmoral sufrimiento animal.
Justamente, todo este proceso que produce la crisis de territorio y de clima también no se está juntando en el presente con una crisis sanitaria. ¿Existe relación entre cómo nos estamos comportando y cómo estamos viviendo una pandemia actual que nos ha hecho cambiar la vida por completo?
Bueno, pues esto es lo que nos dice la comunidad científica, ¿no? Obviamente los virus existen, existirán, hay muchísimos y variados. Y no todos además tienen por qué ser nocivos o dañinos para la salud, hay muchísimos con los que convivimos diariamente que no generan ningún tipo de problema. Pero lo que nos dice la comunidad científica, tanto por ejemplo el PCC, en sus recurrentes estudios sobre la incidencia del cambio climático, como por ejemplo elipses, que es el panel que se ocupa de analizar y de trabajar con toda la cuestión de la biodiversidad y de la hecatombe, la pérdida de biodiversidad, lo que nos dicen es que, efectivamente, esa pérdida de biodiversidad está muy relacionada con la pandemia que estamos viviendo. Cuando la biodiversidad se pierde, son más frecuentes lo que se llaman zoonosis, que son el traspaso de los virus desde las especies animales hasta la especie humana. Hay un investigador del CSIC, un biólogo y ecólogo que a mí me parece tremendamente interesante, que ha hecho bastantes entrevistas y mucho trabajo de divulgación desde que estalló todo el tema de la pandemia, que es Fernando Valladares, que decía en una entrevista que teníamos una vacuna natural contra la pandemia que era la biodiversidad. Y que esa biodiversidad nos la estamos cargando. Es decir, de alguna manera lo que se está deteriorando es todo el sistema de protección para la vida, el seguro de vida para la vida, que es la propia naturaleza. Y cuando eso se deteriora, lo que sucede es que ese traspaso de virus es mucho más frecuente. Casi todos los trabajos nos indican que, por ejemplo, la ganadería industrial o la fortísima contaminación de las ciudades muy ligada al transporte; en el primer caso favorecen esas zoonosis y en el segundo caso hacen que los cuerpos, las personas, nos encontremos en una situación mucho más debilitada, mucho más frágil y que por tanto, la morbilidad y la afección, la mortalidad del virus, sea mucho mayor. Es decir, cuando la tierra, cuando la naturaleza se deteriora y se destruye, lo que se destruye a la vez es la posibilidad de que podamos tener vidas más plenas y lo más sanas posibles. La enfermedad de la tierra es también la enfermedad de las personas.

Mural en el supermercado La Osa. (Fuente: La Osa)

El consumo energético que necesitamos para tener todo este sistema en marcha también es clave, el eje de todo lo que le estamos provocando. Creo que el modelo energético actual, el que ha mencionado en algunos artículos y en algunas de tus exposiciones, es el que lo va a cambiar todo ¿Qué podemos hacer nosotros o como habitantes de las ciudades y consumidores normales para no formar tanto parte de ese problema?
Yo creo que es es cada vez más obvio, incluso organismos desde luego muy poco sospechosos de ecologismo radical como es la Agencia Internacional de la Energía, reconocen ya desde hace tiempo que tenemos un importante problema de límites energéticos. El declive del declive del petróleo, del carbón y del gas natural por un lado, pero luego por otro lado también el hecho de que la dependencia de las energías renovables y limpias, que es la energía de la que vamos a depender y a la que tenemos que transitar sí o sí, es también dependiente de muchos otros otros minerales que también son finitos. Ese declive de la energía, por un lado, afecta de forma directa al hecho de que la economía, tal cual la conocemos en este momento, pueda seguir funcionando igual. Y luego, por otro lado, a las emisiones de gases de efecto invernadero y por tanto, a la incidencia del cambio climático y también a la destrucción de otros territorios normalmente situados lejos de donde vivimos, en territorios que han sido históricamente tratados como grandes minas y grandes verdes vertederos, que es de donde se está extrayendo los minerales que hacen falta para esas transiciones. ¿Qué podemos hacer las personas de calle, las personas normales? Desde mi punto de vista, hay dos elementos que son claves. El primero de ellos, que es el más obvio e inmediato, es el tratar de adoptar consumos y estilos de vida que sean lo menos consumidores en energía posibles. Es decir, cuando estamos hablando de alimentación, estamos hablando de comer alimentos, fundamentalmente vegetales, que procedan de lo más cerca posible, que sean de temporada... Cuando estamos hablando de modelos de transporte, estamos hablando de movernos todo lo que podamos a pie o en bici y lo que no podamos en transporte público y colectivo. Estamos hablando de intentar viajar más a lo hondo que a lo lejos, es decir, de de tener estilos de vida o de ocio poco impactantes desde el punto de vista energético. Todo lo que podamos hacer en esa línea implica un cambio de modelo de consumo básico. Hay que decir, o a mí al menos me parece, que esa tarea individualmente tiene menos incidencia y además es mucho más difícil. La clave, desde mi punto de vista, es hacerlo colectivamente. Por eso nos articulamos en grupos de consumo, por eso miramos y tratamos de potenciar que se conformen espacios cooperativos, como puede ser el supermercado de LA OSA, pero otros muchos que se están configurando. Por eso intentamos hacerlo de manera que podamos ir construyendo también otro tipo de institucionalidad diferente alternativa, muchas veces autogestionada y otras en colaboración con las instituciones con las que se pueda colaborar, que es desde mi punto de vista claramente necesaria. Ese es el primer elemento, lo que tiene que ver con los cambios personales y colectivos en las dinámicas de organizar el consumo y la satisfacción de las necesidades. La segunda es articularnos también políticamente para cambiar las cosas. Para poder transformar nuestros modelos energéticos hace falta, por ejemplo, tratar de eliminar, de echar abajo el tratado de la carta de la energía, que impide o que ata a muchos gobiernos para ser capaces de promover cambios energéticos como los que necesitamos. Implica también organizarnos para boicotear y ponerle freno a grandes empresas energéticas que acaparan la energía, y no solamente la acaparan, sino que además impiden que muchas personas, normalmente las más empobrecidas, tengan acceso a ella. El problema de la pobreza energética es un problema de acumulación por desposesión, de despojo. Y lo que está pasando en La cañada (La cañana de Madrid) no debiera ser posible si tuviéramos sistemas energéticos o empresas energéticas públicas. Y cuando digo públicas no me refiero simplemente a estatalizadas, sino me refiero a intervenidas por la sociedad. Una democracia, digamos, energética y una democracia en todo lo que tiene que ver con los bienes comunes.
Nosotros nos sentimos en el supermercado, empoderados, más autorizados, más fuertes. Tú tratas el tema de las personas con las personas y las personas con la tierra dentro de tu discurso y también el tema del ecofeminismo. Hay algo que es habitual, que es ver a la mujer empobrecida por las tareas que no son remuneradas. Precisamente hacer la compra, el cuidado, es una de ellas. ¿Crees que una organización como ésta de la sociedad en cooperativas de consumo, que a la vez son cooperativas de trabajo, puede ayudar a trabajar un poco el feminismo dentro de la sociedad de cuidados? ¿A que el hombre se implique más y a igualar una tarea que está siempre asociada a la mujer?
Yo creo que una transformación como la que necesitamos, desde luego no puede ser, o yo no la concibo, si no es pivotando sobre sistemas de economía social y solidaria. Yo creo que el cooperativismo, que la organización en torno a estos criterios y esta institucionalidad diferentes como las que tú señalas, son absolutamente claves. Y creo que son instituciones, empresas, organizaciones económicas, culturales y políticas que están mucho mejor preparadas para darle la vuelta a todas las violencias y a todas las jerarquías y subordinaciones que se dan en el marco de nuestra sociedad. Entre ellas, la subordinación que se produce dentro de las sociedades patriarcales.

Villa y Pauline aplicando los márgenes de precios de LA OSA (Fuente: La Osa)

Ahora bien, diría que no viene solo. Es decir, el hecho de que nos organicemos en una cooperativa, en un movimiento social, en un supermercado cooperativo, no quiere decir que las relaciones patriarcales, al igual que el racismo estructural, desaparezca mágicamente. Lo que quiero decir es que hay que trabajarlo. Las personas, también las que estamos en movimientos sociales, estamos atravesadas por unas cosmovisiones, por unas maneras y nos hemos socializado en sociedades patriarcales, en sociedades de corte colonial y racista. Y por tanto estando mucho mejor preparadas, un supermercado cooperativo, una cooperativa de consumo, una cooperativa de trabajo asociado de vivienda, para subvertir todas esas desigualdades, hay que trabajárselo. Lo que quiero decir con esto es que obviamente son los espacios en donde mejor se puede trabajar, pero hay que hacerlo intencionalmente. Solo dejado a su propia lógica, es muy fácil que se reproduzcan muchos roles patriarcales y de desigualdad.
A su vez, esto sería hablando de las personas que tienen ese grado de concentración que han trabajado los temas en relación, que comparten los valores. Pero hay proyectos como esta alternativa que tienen intención de expandirse un poco más allá, de llegar a otro público. Un público que no tiene ese grado de conocimiento, que no tiene conciencia ecológica o conciencia de cooperación. ¿Cómo convencer a esa gente de que sus decisiones personales y que sus relaciones de consumo tienen un impacto tanto en su salud personal y en su día a día como en su futuro colectivo? Porque no creo que sean siempre capaces de verlo.
Yo confío muchísimo, muchísimo en la sensibilidad y en la inteligencia de las personas. Es verdad que hay muchas que no lo ven y que no son capaces de verlo. Pero yo me miro a mí misma y veo tantas cosas que no veía y no era capaz de ver hace años que mi planteamiento es: si yo he ido aprendiendo de la mano con otras personas y he ido aprendiendo organizándome colectivamente, cualquier persona pueda hacerlo. Extremar y profundizar todo lo posible en esa tarea pedagógica, en esa tarea de divulgación, es en esa tarea de sensibilidad es importante. Y digo divulgación y sensibilidad a la vez, porque por un lado tenemos que movilizar los pensamientos, los imaginarios colectivos o las ideas preconcebidas pero por otro lado tenemos que estimular también la sensación de lo que realmente sucede, que es todo el bienestar y el placer que recibes cuando participas en ese tipo de cosas. Que cuando te organizas para consumir, para vivir, para cambiar el mundo con otra gente, dejas de sentirte sola. Ya nunca más vuelves a sentirte sola. Y creo, por tanto, que el activarse en todo este tipo de colectivos, aparte de consumir productos más sanos, aparte de ir aprendiendo que lo que metes en tu cazuela o lo que metes en el frigorífico tiene una potencialidad política enorme y de transformación, sirve también para tejer comunidad, para tejer lazos, para no sentirnos tan solas y solos y por tanto no tener miedo. Creo que sabe que ese trabajo lo podemos hacer.

Yo creo que además es un buen momento pues son muchísimas las personas, sobretodo las que tienen cierta edad, que son conscientes de que las cosas cada vez saben a menos, de que el se pierden un montón de elementos que están relacionados con tu historia, con tu infancia, con lo que has aprendido. Y por tanto creo que ahí hay puntos de enganche, que hay flecos, hay lazos con los que podemos ir haciendo ese trabajo paciente, que es un trabajo de transformación social, que al menos en mi experiencia, la sensación que tengo es que poco a poco y no al ritmo que nos gustaría, desde luego, o que necesitamos, pero se va extendiendo.
Poco a poco lo estamos también intentando por aquí, por nuestra parte. Muchísima gracias por atendernos, por aportar toda tu sabiduría y esperemos que algún día, cuando todo esto pase, te pases a vernos.
 Claro. Estoy deseando. Gracias a vosotros y a vosotras por el trabajo. Desde mi punto de vista, el salto de pasar de las cooperativas de consumo a un supermercado cooperativo es un salto fundamental. Es importantísimo. Permite escalar a otras personas, permite sacarlo de los ámbitos de confort de personas estrictamente militantes y tener una apertura grande. Así que muy agradecida por el trabajo que hacen por muy trabajador y también muy válido.


Fuente: https://www.elsaltodiario.com/mecambio/debemos-adoptar-consumos-y-estilos-de-vida-que-sean-lo-menos-consumidores-en-energia-posibles - Imagen de portada: Steve Cutts - Foto de Yayo Herrero, en el barrio de Malasaña, Madrid. Álvaro Minguito - La Osa - Supermercado Cooperativo de Madrid

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