El Everest enfrenta su peor temporada de contaminación: más de 12 toneladas de heces humanas
Toneladas de residuos, cuerpos congelados y heces humanas convierten al Monte Everest en un símbolo del turismo sin control en 2025: El Monte Everest, la montaña más alta del mundo, se ha convertido en algo más que un símbolo de aventura: hoy es el escenario de una crisis ambiental sin precedentes. Entre carpas abandonadas, cilindros de oxígeno vacíos y más de 12.000 kilos de heces humanas, esta maravilla natural está al borde del colapso ecológico. Aunque las autoridades nepalíes han tomado medidas, la situación sigue agravándose año tras año. El turismo no regulado, lejos de impulsar solo desarrollo, está dejando una huella que ni el hielo no puede esconder.
por Carolina Gutiérrez Argüelles
El Everest, bajo toneladas de basura
En 2025, el Everest arrastra consigo un récord del que nadie quiere hablar: más de 40 toneladas de basura acumuladas entre el campamento base y los puntos más altos. Lo que comenzó como un sueño de conquista para muchos, se ha transformado en una pesadilla ecológica. Y el panorama es brutal: latas oxidadas, sogas, tiendas rasgadas, restos de comida y 12 toneladas de excremento humano por temporada. A esta lista se suman casi 300 cuerpos de alpinistas que, congelados en las alturas, no pueden ser recuperados por las condiciones extremas.
El gobierno de Nepal ha intentado frenar esta marea. Desde 2014, cada escalador debe pagar un depósito de 4.000 dólares, que se reembolsa solo si baja al menos 8 kilos de residuos. Además, desde 2024 es obligatorio el uso de bolsas biodegradables antiolor para las heces en los campamentos altos. Aun así, muchos expedicionarios no cumplen, y las sanciones rara vez se aplican con rigor.
Turismo sin control: la otra cara del éxito
El Everest es una mina de oro turística para Nepal: más de 150.000 visitantes llegan cada año al Parque Nacional Sagarmatha. Los permisos para escalar el pico más alto pueden costar hasta 15.000 dólares, sin contar guías, sherpas y logística. Pero ese éxito económico trae consecuencias. Solo durante la temporada alta se generan más de 4 toneladas diarias de residuos sólidos, muchos de los cuales terminan dispersos en el paisaje o enterrados bajo la nieve.
Mientras tanto, los sherpas y porteadores (los verdaderos héroes silenciosos del Himalaya) son quienes asumen la mayor parte del trabajo de limpieza. Algunos han descendido con decenas de kilos de basura a sus espaldas, en jornadas agotadoras que exigen más que fuerza física: exigen conciencia. Y aunque las zonas visibles del campamento base parecen estar más limpias que antes, la basura se ha trasladado a rutas secundarias del Himalaya, aún más difíciles de controlar.
Innovaciones y acciones varias
No todo es desastre. En los últimos años, se han sumado propuestas que combinan tecnología y sostenibilidad para frenar esta crisis. En 2024, Nepal incorporó drones de carga FlyCart 30 capaces de transportar basura desde el Campamento 1 hasta el base, acortando los tiempos y reduciendo riesgos humanos. También existen proyectos como Mount Everest Biogas, que pretende transformar heces humanas en energía mediante biodigestores en Gorak Shep, a más de 5.000 metros de altitud.
Además, organizaciones como Sagarmatha Next buscan convertir la basura en arte reciclado y conciencia ambiental, creando centros de gestión de residuos que también sean espacios culturales. Son pequeños pasos que intentan darle una segunda vida a los restos de una conquista mal gestionada.
Una cima legendaria que necesita ser cuidada
Escalar el Everest ya no es solo una prueba de resistencia física: es también un desafío moral. Las nuevas reglas de Nepal exigen que solo quienes hayan alcanzado previamente una cima de más de 7.000 metros puedan solicitar el permiso. También se prohíben las expediciones en solitario y se exige un seguro obligatorio, además de la contratación de guías locales. Todo esto busca reducir accidentes, pero también el impacto ambiental.
El Everest representa uno de los grandes logros del espíritu humano. Pero también simboliza ahora los peligros del turismo desmedido en ecosistemas frágiles. Si no se actúa con urgencia y visión a largo plazo, el techo del mundo podría quedar sepultado bajo su propia basura. La verdadera cima por conquistar no está a 8.848 metros de altura, sino en la conciencia de quienes lo visitan.
Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/monte-everest-toneladas-basura/





