CHILE: PRIVATIZACIÓN DE LA PESCA, UN BOCADO PARA PIRAÑAS Y TIBURONES







Al cumplirse una década de la imposición del sistema de CITs, los resultados son desastrosos. Casi el 50% de las pesquerías comerciales se encuentran sobreexplotadas y otro 18 % esta siendo explotado por sobre sus límites máximos de captura. Para Eduardo Tarifeño, biólogo marino de la Universidad de Chile y vicepresidente de la Sociedad Chilena de Ciencias del Mar, “en la mayoría de los recursos, especialmente los pelágicos y bentónicos, la situación es de crisis total, con signos de irreversible. Lo que estamos viendo actualmente en las pesquerías nacionales es el resultado de la aplicación de acciones del mal llamado “manejo pesquero” que ha favorecido una explotación comercial excesiva a partir de decisiones de cuotas de pesca, donde han pesado más los aspectos económicos, sociales y políticos, por sobre las recomendaciones científicas".

Expropiando el mar chileno
La privatización de la pesquería en 2002 requirió una previa negociación con la oposición de la época, medida que debería ser revisada diez años después. Se impuso el sistema de cuotas individuales transferibles de pesca (CITs), cuyo nombre de fantasía en Chile es “Límite Máximo de Captura por Armador” (LMCA). La discusión de los temas más “complicados”, tales como la licitación de las cuotas de pesca, extensión del sistema de cuotas individuales y la evaluación de la privatización en la conservación de los recursos marinos y generación de empleos estables y de calidad en el sector, se postergaron para el 2012.

Al cumplirse una década de la imposición del sistema de CITs, los resultados son desastrosos. Casi el 50% de las pesquerías comerciales se encuentran sobreexplotadas y otro 18 % esta siendo explotado por sobre sus límites máximos de captura. Para Eduardo Tarifeño, biólogo marino de la Universidad de Chile y vicepresidente de la Sociedad Chilena de Ciencias del Mar, “en la mayoría de los recursos, especialmente los pelágicos y bentónicos, la situación es de crisis total, con signos de irreversible. Lo que estamos viendo actualmente en las pesquerías nacionales es el resultado de la aplicación de acciones del mal llamado “manejo pesquero” que ha favorecido una explotación comercial excesiva a partir de decisiones de cuotas de pesca, donde han pesado más los aspectos económicos, sociales y políticos, por sobre las recomendaciones científicas de los volúmenes apropiados de extracción para no afectar la conservación de las poblaciones bajo explotación y asegurar la sustentabilidad de la pesquería”. 

Ejemplo claro es la excesiva asignación de la cuota anual de pesca fijada para la merluza de cola y la anchoveta durante los últimos diez años, la que superó en 193% y 78,5%, respectivamente, a aquella recomendada por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) para el año 2011. El 2009 se aprobó una cuota para el jurel 87% superior a la recomendada por IFOP.

Juan Carlos Cárdenas asegura que “desde la sola perspectiva de eficiencia económica y de justicia distributiva, no existe justificación alguna para que el Estado siga regalando a seis grandes conglomerados las rentas que derivan de producciones pesqueras que ascienden a más de 1.800 millones de dólares anuales. Esto constituye un premio a quienes son a su vez, los responsables de la lamentable situación que presentan las principales pesquerías chilenas. Por ello, los recursos marinos deben volver a propiedad del Estado, y darnos una nueva política e institucionalidad pesquera democrática, sustentable y equitativa al servicio de la defensa de la biodiversidad acuática, la alimentación nacional, la generación de empleo digno, el fortalecimiento de los derechos de las comunidades costeras y de los pueblos originarios”.

Frente a esto, Patricio Melillanca, del Grupo de Trabajo por los Derechos Colectivos de los Pueblos indígenas, vinculado a MapuExpress y a varias organizaciones y comunidades mapuches, afirmó que “el ministro de Economía, Pablo Longueira, y los presidentes del Parlamento, Guido Girardi y Patricio Melero, deben informar a las comunidades indígenas y consultarle respecto a la administración de los recursos marinos. Como pueblos indígenas, y especialmente como pueblo mapuche, reclamamos participación en la elaboración del proyecto de ley de pesca, y por supuesto en el proceso legislativo.

Consideramos que la visión productivista, extractivista y mercantil no da cuenta de los derechos ciudadanos de la sociedad chilena, ni menos del pueblo mapuche. Alertamos que el patrimonio marino, que son en este caso los peces, no se puede privatizar, o entregar de manera gratuita y a perpetuidad a empresarios, los que luego los pueden vender, transar, heredar o negociar en la Bolsa. El derecho consuetudinario y el derecho Internacional dan razón a la participación de los pueblos indígenas en este debate. Por tanto exigimos que el gobierno y el Parlamento consulten e informen a las comunidades y rechazamos esta negociación excluyente y casi secreta, la cual ha sido aceptada por sectores de la pesca artesanal y los empresarios nacionales y multinacionales”, denunció Melillanca.
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(*) Familia Angelini: Controla las empresas Corpesca y South Pacific Korp.
Familia Yaconi-Santa Cruz: Pesquera El Golfo.
Familia Stengel, dueña de Pesquera Bio-Bio. Se asoció a Francisco Cifuentes y José Fernandez de Pesquera Camanchaca. 
Izquierdo Menéndez, propietario de la Pesquera  Alimar.
Familia Del Río: Pesquera Frio Sur, controla la pesca en las regiones de Aysén y Magallanes
Familia Sarquis: Pesquera Itata, controla pesca de reducción en las regiones VIII
Hay que agregar a Pesca Chile que es subsidiaria de PescaNova, mayor empresa pesquera española , propiedad de la Familia Fernández de Galicia; Nippon Suissan Kaisha (Japón), dueña de la compañía EMDEPES.


Por: Isabel Díaz Medina  Tomado de Revista Punto Final Edición Nº744 del viernes 14 de octubre 2011 / Fuente: ecoceanos.cl

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La privatización pesquera y el verdadero valor de los alimentos

Desde aquí, hace algunos años, se exportó el pescado que se consumió en Europa, en Asia y en Norteamérica. Los mejores peces, los más nutritivos y deliciosos, el mejor fruto del mar fue extraído desde estas aguas, frente a las costas chilenas, en el Pacífico Sudamericano. Pero junto con los peces, los consumidores internacionales también comieron grandes y heroicas historias de gente de mar, una cultura milenaria heredada de los pueblos indígenas, un sistema de distribución de las ganancias único
en el mundo y que va desapareciendo, y por supuesto las penas y el sufrimiento que muchas veces genera la actividad de los pescadores artesanales, en un océano, que a pesar de su nombre, no es nada de Pacífico. El pescado hasta ahora ha sido obtenido por hombres libres, no por empleados ni patrones.
El alimento no es solo una colación, un bocado para el estómago. El alimento tiene secretos universales, tiene huellas de tiempo y geografía, tiene espiritualidad. No es una mercancía, no vale lo que dice la cuenta del restaurante, ni del supermercado. El alimento tiene otra forma de cálculo, otros costos, otros precios, que la nueva economía no contempla, otros valores que se activan cuando, además del paladar, el olfato o la visión, las personas despiertan los otros sentidos, la memoria y la historia.
Pero esos otros valores, hace dos decadas han comenzado a desaparecer. Hacia el mar, desaparecen los peces y hacia la tierra desaparecen los pescadores, ahora por los temporales neoliberales de la economía en constante crecimiento y en permanente aumento de la producción. En los gráficos de productividad, que siempre están al alza, en estas nuevas leyes económicas, en las excluyentes negociaciones entre pequeños pero poderosos grupitos de familias empresariales aliadas a corruptos sectores de gobiernos, parlamentarios y dirigentes, naufragan las comunidades de pescadores de pequeña escala.
Esto se aprecia en la mayoría de las comunidades costeras de Sur América. Quizás por eso, algunos poetas, artistas, y los mismos pescadores más lúcidos, llaman a que “volvamos al mar”, como una forma de defender la Tierra, defender el planeta, defender la Vida. Y por supuesto, volver al mar no significa ir corriendo a vivir a la costa, o hacerse marinero, o comprar un yate, sino que recuperar el valor universal de los alimentos, el valor real y mágico de los peces y los frutos del mar, pero también respetar que las pesquerías son patrimonio de la humanidad, de los pueblos, de la ciudadanía, no de los empresarios ni de organizaciones comerciales.

PRIVATIZACIÓN DE LOS PECES
Pero aquí en Chile ocurrió en 2002 un hecho crucial que debilitó con fuerza la cultura y soberanía alimentaria de los pescadores artesanales. En ese momento los dirigentes de ese entonces realizaron una lucha histórica por defender la fuente de vida, la cultura, la soberanía alimentaria y la economía de las comunidades costeras. Porque lo mismo que ocurrió hace siglos en “tierra firme”, la parcelación y la asignación de derechos de propiedad privada sobre los territorios, comenzó a ocurrir a fines del siglo 20 con el mar y sus recursos. Se le llamó la “Privatización de los Peces”.

Entonces, través del sistema de asignación de Cuotas Individuales Transferibles, cierta cantidad de peces para ese año, y para el 2010 y para el 2050, serían de propiedad de tal empresa o persona. La Ley impulsada por Ricardo Lagos, presidente del segundo gobierno socialista de la historia chilena, después de Salvador Allende, fue apoyada por los grandes empresarios nacionales y multinacionales, por los cuestionados sindicatos de trabajadores de la industria extractiva, y por un cuestionado sector de dirigentes de los pescadores artesanales. En medio de todo esto, el gobierno prometió y concretó nueva infraestructura portuaria a diferentes caletas pesqueras y programas de capacitación orientados a la exportación de las producciones pesqueras. Divide para reinar fue la consigna, pero además también el Estado impuso la estrategia del “garrote y la zanahoria”, donde muchas organizaciones “picaron” y mordieron el anzuelo gubernamental y empresarial.
Pero hubo oposición y la Ley solo pudo aprobarse por 10 años y este 2011 nuevamente comienza la discusión acerca de “si los peces tienen dueño”. La disputa ocurre mientras Chile ya no es lo que fue: el quinto y en su momento el tercer país productor y exportador de pescado a nivel mundial durante toda la década de los ’90. Las producciones han caído en el caso del jurel, principal pesquería chilena, de 4,5 millones de toneladas anuales en 1995, a 1,5 millones en 2002 y cerca de 300 mil estimadas para este 2011. Y donde solo el 5 por ciento de esta producción es para los pescadores artesanales y el resto es para la gran industria que orienta esta pesca a la fabricación de harina y aceite de pescado para alimentar a salmones, aves y cerdos.
Así, las políticas, leyes y cifras, impactaron con fuerza a las comunidades costeras. Más de 60 mil pescadores y más de 10 mil mujeres pescadoras, más sus familias y otros trabajadores asociados, ahora miran con inquietud el mar, pero con enorme desconfianza y una especie de bronca hacia la tierra, donde funcionan las instituciones, las empresas y la economía global.
Sin embargo, también en la discusión actual en este 2011, sectores de dirigentes de la pesca artesanal, están avalando la privatización de los peces, donde los favorecidos siguen siendo los grandes empresarios. La presidenta de la Conapach afirmó al diario Aqua.cl que "en el último consejo nacional de la Conapach, todos quienes estaban presentes votaron en contra de la licitación. No lo habíamos querido transmitir hasta que finalice la mesa pesquera y ahora estamos en condiciones de hacerlo".
El diario Aqua.cl afirma además que la dirigente aseguró que “muchos pescadores tenían temor a que con una subasta pudiesen perder recursos, en vez de obtener mayores beneficios”.
La pregunta es entonces ¿La privatización y no licitación de los peces para el sector industrial fue una imposición que por miedo los pescadores debieron aceptar?
Este acuerdo impulsado por el ministro de Economía Pablo Longueira, en su momento fue avalado por los gobiernos de Ricardo lagos y Michelle Bachelet, y es una más de las tantas medidas propuestas en tiempos de la dictadura de Pinochet.
Toda esta nueva discusión además ocurre cuando ya sectores empresariales están exigiendo que se elimine la categoría legal de pescador artesanal, tal como lo ha señalado la editorial del diario La Tercera el 1 de octubre. Frente a este desafío es importante saber cómo se consideran los propios pescadores artesanales y sus dirigentes. ¿Cuántos siguen pensando y actúan como tales?, ¿Cuántos están contentos con ser considerados como "empresarios pesqueros " o "emprendedores"?. Y ¿Cuántos están felices de ser considerados como trabajadores, obreros o empleados?
La pesca artesanal está viviendo momentos de definiciones brutales y decisivas. ¿Seguirán siendo comunidades o avanzarán a ser asociaciones empresariales?

HOMBRES Y MUJERES LIBRES O EMPLEADOS
En medio de toda esta discusión sobre privatización de los peces, la sobreexplotación y el saqueo de las pesquerías continúan. ¿Cómo fue posible que el pescado, considerado en su tiempo la “proteína de los pobres” comenzara a ser una “delicatesen” para los sectores más adinerados? ¿Cómo es posible que millones y millones de toneladas de peces fueran transformados en harina de pescado para que en una relación de 5 a 1, es decir 5 kilos de jurel sean necesarios para lograr 1 kilo de salmón? ¿Cómo es posible que los peces tengan dueño y que si los herederos de las artes de pesca, los responsables del abastecimiento para la ciudadanía nacional, los pescadores artesanales ahora sean considerados hasta ladrones si van a pescar sin cuota asignada? ¿Cómo revertir esta situación?
Estas son algunas de las preguntas que rondan, penan, pero hacen que la derrota no se sienta como eterna y se transforme en el desafío de revertir este abuso de poder generado por un pequeño pero poderoso grupo de familias empresariales aliados a políticos corruptos y cuestionados dirigentes.
En las caletas chilenas el viento fuerte del mar sopla preguntando una y otra vez. Atizando la mente de los pescadores y pescadoras. Las reuniones sindicales siguen sucediendo en encuentros cada vez más angustiosos. Las faenas son lentas e inciertas. Los santos siguen mirando al mar, pero tratando de hacerse hombres para caminar, para marchar, para protestar contra quienes siguen presionando para privatizar los peces, esta vez ya de manera indefinida, para siempre.
Las injustas leyes y el dinero se enfrentan a la identidad cultural en las costas chilenas. Los pescadores tejen redes, reparan sus embarcaciones y conversan buscando fórmulas para, a pesar de todos los esfuerzos de privatización pesquera y de ser expulsados de sus territorios, se mantengan visibles y de pie. Porque su lucha es para que cuando uno consuma pescado, vea que ahí están las manos de las mujeres encarnadoras que preparan y limpian los espineles y las redes de los hombres de mar. La lucha es para que además de mirar el alimento en el plato, se vea que en la costa hay comunidades solidarias. Para que cuando uno consuma productos del mar, extraídos desde el Pacífico Suramericano, sepa que este alimento fue generado por hombres y mujeres libres, no por empleados o empresarios, que paradojalmente sus padres fueron pescadores artesanales libres.
La lucha es por la vida, por el intercambio en vez del abusivo comercio, por la solidaridad, en vez de los derechos de propiedad. La lucha es por “volver al mar”.

Fuente: Radio del Mar

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