La indignación salió a las calles de todo el mundo el 15 de octubre




Se ha conseguido. Y se ha hecho historia. El 15 de octubre, personas de 951 ciudades de 82 países del mundo han conseguido unir sus voces y salir a la calle en un único grito: “Unid@s por un cambio global”. Internet y las redes sociales lo han hecho posible. El cambio que se reclama al unísono es una solución a la crisis económica global que estamos viviendo, los derechos sociales de los ciudadanos y ciudadanas, o una economía más demócrática, entre otras.

La calle de Alcalá, repleta el 15-O. 
En España se han convocado marchas y actividades en más de 80 ciudades para el 15 de octubre. Cientos de miles de personas han expresado su indignación en manifestaciones celebradas por la tarde y que según han difundido diferentes colectivos del 15-M en sus respectivas cuentas de Twitter, han congregado a unas 350.000 personas en Barcelona, 500.000 personas en Madrid, en Zaragoza se habla de unas 150.000, en Sevilla 60.000 personas, 3.000 personas en Coruña…
Emocionante grito indignado en Madrid
En Madrid han partido cinco columnas en diferentes horarios desde Plaza de Castilla (norte), Templo de Debod (oeste), Leganés central (sur), Alto del Arenal (sureste), Parque Paraíso y Parque de Santa María (noreste). Antes de llegar a la plaza de Cibeles, lugar en el que tenían que confluir las columnas a las 18:00 horas, la calle de Alcalá en dirección a Sol ya estaba colapsada de gente, así como el paseo de Recoletos.
La manifestación ha discurrido de forma pacífica y sobre todo, muy animada por los cánticos, proclamas y grupos de batucada. Hemos escuchado una versión de “En la calle de Alcalá” de la asamblea de  Guindalera (Por la calle de Alcalá, gritan muerte al capital…) y del popular tema italiano “Bella Ciao”, que ha cantado la asamblea de Malasaña (Oh crisis ciao, ciao, ciao. Oye becario, vente conmigo…).
Las pancartas han sido numerosísimas, artísticos carteles que nos han hecho recapacitar a todos y todas y recordar por qué hemos salido a la calle: “Contra el capital, revuelta social”, “15-O, el cambio está en ti”, “Porque la banca siempre gana. Porque siempre pagan los mismos”, “Queremos votar cada ley”, “Bildelberg siempre gana las elecciones antes de que votemos”, “Islandia es el camino”, “Human rights for everybody”.
Ha sido imposible para muchos de los manifestantes poder acceder a la puerta del Sol, que estaba ya repleta. A las 20:30 horas se ha hecho una performance con todos los asistentes, que han simulado la muerte por culpa del sistema asfixiante actual, para dar paso a la resurrección a través del cambio.
Después, el grito mudo que el grupo Solfónica ha roto con el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven y que ha bailado el Grupo Danza Sol. Después, la emoción de toda la plaza con las manos levantadas y la sonrisa en la cara de todos los manifestantes.
Sol abarrotada a las 20.30 horas. 
Tras los actos lúdicos, se ha leído el manifiesto global de 15october.net, y se ha celebrado una asamblea para debatir los siguientes puntos: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo iniciar el cambio global? ¿Cómo evolucionar después del 15-O?
Protestas del 15-O en el resto del mundo
En Europa, han salido a la calle ciudadanos y ciudadanas desde Islandia hasta Turquía pasando por Francia, Finlandia, Alemania, Grecia, Croacia… y una larga lista. En Bruselas, por ejemplo, unas 6.000 personas han lanzado sus zapatos contra la bolsa. En Berlín han protestado 10.000 personas.
Más extenso todavía es el listado de ciudades del resto del mundo que están protestando. Los primeros fueron los japoneses, y a lo largo del día hemos visto en el streaming de Globalrevolution cómo muchas otras capitales se han sumado a las manifestaciones del #15-O, como Argentina, Chile, Colombia o cientos de ciudades en EE.UU. en América; Egipto, Marruecos o Kenia en África; Indonesia, Malasia o India, en Asia; Australia o Nueva Zelanda en Oceanía.
En el caso de Roma la protesta se ha iniciado por la mañana y ha reunido a 200.000 manifestantes. Un grupo de personas violentas ha provocado altercados. Según ha podido saber Internacional de Sol, tras más de cinco horas de batalla campal, los manifestantes del 15-O han rechazado la violencia y han intentado reducir a los violentos. Después se han desplazado a un parque y estaban considerando la posibilidad de acampar.
En Atenas unos cinco mil “indignados” se reunieron en la plaza Sintagma, frente al Parlamento, para sumarse a la convocatoria planetaria bajo el lema “Unidos por el cambio global”. La concentración se centró principalmente en criticar la brutal política de recortes sociales que aplica el Gobierno para tratar de evitar la bancarrota.
Un grupo de indignados portaba una gran horca y la establecieron frente al Parlamento ante la mirada indiferente de la policía. De la misma colgaban varias sogas y se podía leer la palabra “Traidores”, en referencia a los diputados que están aprobando todas las medidas antisociales.
Otro grupo de jóvenes desplegó una pancarta en las escaleras que conducen al Parlamento en la que se podía leer “Pueblos del mundo levantaos”, tras haber realizado una performance sobre la opresión a la que somete el capitalismo a todos los ciudadanos.
La concentración contó además con actuaciones musicales e intervenciones, y toda la protesta se desarrolló en un ambiente festivo y pacífico.
Los periodistas de los canales y emisoras estatales griegos, así como la pública Agencia de Noticias Griega (ANA), que se encuentran en huelga desde el pasado jueves, anunciaron que trasmitirían un informativo sobre la concentración.
Las protestas también se extendieron a las principales localidades griegas, destacando la de la segunda ciudad, Salónica.
Los “indignados” griegos permanecieron acampados en la plaza Sintagma durante más de tres meses, en los que reclamaron la salida del actual Ejecutivo, que gestiona la mayor crisis económica del país de los últimos 70 años.
Acampadas en el mundo
Las protestas han ido más allá en algunas ciudades. Según han confirmado contactos de la Comisión de Internacional de Acampada Sol, en Berlín, la capital de Alemania, se ha establecido una acampada ante el Parlamento germano. En Sidney, ciudad de Australia, unas 2.000 personas han acampado. En Bruselas se ha permitido una acampada de una noche.

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Miles de indignados por todo el planeta

A lo largo del trayecto por la capital belga, cada vez que los 7000 manifestantes pasaban por un banco o cualquier otra institución financiera un coro de silbidos y gritos en todos los idiomas rompía el consenso festivo de la marcha.
 Por Eduardo Febbro
Desde Bruselas
“La Bolsa o la vida.” La pancarta colgada en la fachada del edificio de la Bolsa de Bruselas sirvió de hilo conductor de la jornada Unidos para un Cambio Global, que congregó a decenas de miles de personas en todo el planeta. A lo largo del trayecto por la capital belga, cada vez que los 7000 manifestantes pasaban por un banco o cualquier otra institución financiera un coro de silbidos y gritos en todos los idiomas posibles rompía el consenso festivo de la marcha. Al igual que en otras capitales del mundo, la impune industria bancaria fue el blanco principal del encono popular. “Culpables, ladrones, cabrones”, gritaba un apuesto señor belga de unos 50 años a quien un indignado español le había enseñado a decir esas palabras en castellano. Cuando la marcha llegó a la sede de la Bolsa, el griterío se volvió un slogan común: “¡Puaj, Culpables!”. Acto seguido, los indignados venidos de varios países de Europa arrojaron una lluvia de zapatos contra el edificio de la Bolsa ante el mirada atónita y llena de incomprensión de los periodistas belgas que cubrían el evento. Un inmenso foso sigue separando a las círculos oficiales de los medios y a los miles de jóvenes y no tanto que salieron a expresar su hartazgo y la repugnancia frente a un sistema mundial que protege y subvenciona a los ladrones y castiga a las víctimas con todo el peso de la irresponsabilidad y la indolencia.
A lo largo del recorrido, los indignados pegaron decenas de cartelitos en los distribuidores automáticos de billetes, hicieron una sentada en la plaza de Burckère, lanzaron profusos insultos ante la sede del banco Euroclear –la institución se dispone a despedir a 500 personas– sin cansarse jamás de cantar el himno mundial de las marchas: “We are the 99%”, es decir, el 99 por ciento de la humanidad víctima de la barbarie social perpetrada sin piedad por esos señoritos con corbata, salarios de reyes y cuentas de banco con dinero que no les pertenece, según explicaba André, un joven belga con un diploma de ingeniero en redes, pero sin trabajo. A medida que iba pasando el tiempo y las cifras de la participación en otras ciudades del mundo iban llegando a sus oídos, los indignados celebraban y aplaudían el éxito y la visibilidad planetaria del movimiento. “No somos ni marionetas, ni mercadería del liberalismo, somos gente con conciencia y aquí estamos para que nos vean”, decía Antonio, un indignado español que se expresaba con orgullo y en un tono bien subido de voz. Jon Aguirre Such, uno de los miembros del grupo Democracia Ya que impulsó el movimiento del 15-M, resumió muy bien la situación cuando explicó que el alcance y la extensión de las protestas “demuestran que no se trata de un tema que atañe únicamente a los españoles, sino al mundo entero. La crisis es mundial, los mercados actúan a escala global, la respuesta es entonces mundial”. Hasta los más aguerridos militantes contra el sistema financiero mundial observan azorados la forma en que, paulatinamente, la bronca financiera, el repudio a la forma en que se empañó la democracia van ganando las capitales del mundo. En este sentido, el economista Thomas Coutrot, copresidente del movimiento Attac, señalaba que “lo que está ocurriendo es un fenómeno muy prometedor. Los ciudadanos ya no quieren delegar las decisiones en los hombres políticos y los partidos. Hoy quieren influenciar. Es una suerte de retorno a las fuentes de la democracia”.
“Los países de la Zona Euro pusieron 160 mil millones de euros para salvar a Grecia sin consultar con nadie, y eso en momentos en que los sistemas sociales de Europa se están hundiendo bajo el peso de los recortes. Eso no es democracia”, dice colérico Jean, otro joven indignado belga. Al lado de él, en la concentración ante la Bolsa, Javier, un indignado español que vino a Bruselas hace una semana a participar en los talleres sociales organizados desde el domingo pasado, completa el panorama con cifras más concretas: “Si hacemos un balance, da escalofríos: los Estados europeos entregaron 5,3 billones de dólares para rescatar a los bancos de la crisis. Ningún Estado consultó con la población, es decir, con quienes votamos a los que están en el poder. Esa suma equivale a 16 veces la deuda de Grecia y es más del cuatrocientos por ciento de lo que todos los países de la Unión Europea gastan juntos en educación o salud pública. ¡Pues nos están tomando por tontos o por dormidos!”. Los argumentos de estos indignados dejan en una posición excéntrica al puñado de contramanifestantes que se habían congregado al principio de la marcha para protestar contra los indignados. Era un grupito de dandies, vestidos a propósito como tales, a quienes un indignado les dijo: “Si ustedes no nos dejan decidir, no los vamos a dejar dormir”. Con algunos incidentes, vidrios rotos pero sin choques fuertes con la policía, la marcha belga se congregó para el acto final en el Parque del Centenario.
El 15-0 levantó a buena parte del planeta, con mayor o mejor éxito según los lugares. En Roma, la protesta sobrepasó las intenciones de los indignados (ver aparte). Bajo una enorme pancarta que decía “Gente de Europa, de pie”, decenas de miles de italianos llenaron las calles de la capital italiana expresando su indignación. Estudiantes, hombres políticos y representantes de las asociaciones civiles recorrieron Roma con globos y carteles en lo que fue una caminata pacífica hasta que un grupito de violentos sembró el caos en el centro de la ciudad. Los incidentes estallaron cerca de la estación de trenes Roma Termini, en la Via Merulana. No caben dudas de que los disturbios fueron provocados por lo que se conoce como “profesionales de la provocación urbana”. Los 200 violentos quemaron autos, rompieron cajeros automáticos, saquearon vitrinas e incendiaron un anexo del Ministerio de Defensa. Los disturbios dejaron un saldo de 70 heridos. Nada de ello ocurrió en Londres. La marcha londinense se inició en un clima festivo, pero con episodios graciosos debido a la carrera de gato contra ratón entre la policía y los manifestantes. Scotland Yard protegió con un muro de policías el objetivo final de los manifestantes, es decir, la London Stock Echange, o sea, la Bolsa de Londres. A fuerza de dar vueltas por el recinto, los manifestantes consiguieron rodear la Bolsa, pero sin mayores incidentes. Ante la sorpresa general, Julian Assange, el fundador de Wikileaks demorado en Gran Bretaña a la espera de una decisión, una medida judicial sobre su extradición a Suecia, se sumó a los manifestantes. Assange dijo a la multitud que había venido “por solidaridad con los movimientos que se desarrollan en el mundo entero” y porque “todos queremos que haya un poco de justicia en el sistema financiero mundial”.
Madrid y Barcelona también fueron escenario de movilizaciones impresionantes. En Madrid, los indignados llenaron la plaza Cibeles y volvieron a copar la Puerta del Sol, ya símbolo histórico de las protestas del 15-M. Los indignados de la capital española pusieron en escena un “escudo antimercados”. Cada manifestante levantó el amuleto que tenía en la mano para ahuyentar “la magia negra” de los mercados. En Barcelona, decenas de miles de personas se concentraron en la Plaza de Cataluña con el mismo propósito que el resto del planeta. La única diferencia radica en una cifra: el de-sempleo de los jóvenes alcanza en España el 20,89 por ciento.
Curiosamente, en Francia, el país de Stéphane Hessel, el autor del libro Indígnense que le dio el nombre al movimiento a través del mundo, las marchas tuvieron un impacto limitado. En París hubo varios grupos de manifestantes que luego convergieron ante la sede de la Municipalidad, donde celebraron una asamblea popular. Los indignados se congregaron también en una decena de ciudades del país, pero sin alcanzar jamás la intensidad de otras ciudades del mundo. Los analistas explican la escasa movilización por el hecho de que el desempleo de la juventud es menor y que, globalmente, la situación es más sana que en España o Italia. Sin embargo, el sistema financiero goza de los mismos privilegios y la misma impunidad que en Londres, Madrid o Nueva York. El 15-0 demostró ayer que el espíritu de la revuelta y del hartazgo sembrado hace siete meses en la Plaza del Sol irradia hoy en todo el planeta mientras las clases políticas concernidas guardan un silencio de muertos ante el desfile de las decenas de miles de seres vivos que marchan con la misma consigna: “¡Basta, ladrones!”.

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