"Indignados del mundo, únanse"




Pablo Ramasco 

La movilización internacional contra el capital.


El 15 de octubre, centenares de miles de manifestantes en más de mil ciudades en 82 países de todo el mundo respondieron al llamado de los “indignados” españoles y se unieron en una manifestación casi sin precedentes.

Desde las movilizaciones contra la invasión norteamericana a Irak en 2003, es la primera vez que un llamamiento para una acción internacional coordinada tiene tanto éxito. Las manifestaciones más grandes se realizaron en el Estado español, donde casi un millón de personas marcharon en 80 ciudades (en Madrid, alrededor de medio millón). Las cifras de asistencia han superado a las mayores movilizaciones realizadas hasta ahora y la protesta ya incluye la toma de edificios destinados a la especulación inmobiliaria. Doscientas mil personas marcharon en Roma, también lo hicieron decenas de miles en Portugal. En Estados Unidos, el movimiento demostró su fortaleza y popularidad al sumar el apoyo de miles de personas, organizaciones sindicales y políticas y expandiéndose por todo el país, incluso en estados y ciudades que no suelen estar a la vanguardia -como Las Vegas, en Nevada y varias de Florida y Texas.

Los trabajadores

Además de la masividad y expansión del movimiento, los analistas destacan la creciente intervención de los trabajadores en las movilizaciones indignadas. El metabolismo entre las clases explotadas se acelera con la crisis mundial: la manifestación española había sido precedida por una huelga de profesores que contó con demostraciones masivas junto con los padres y estudiantes en defensa de la educación pública. En Italia, el 7 de octubre, 100 mil estudiantes se movilizaron contra los recortes en el presupuesto educativo, como parte de una huelga general. Al día siguiente, hicieron lo mismo 20 mil estatales. En Grecia, los trabajadores vienen enfrentando el plan de ajuste gubernamental: el martes 18 marcharon 100 mil personas y, en el momento de escribir estas líneas, comienza una nueva huelga general. Las centrales sindicales de Portugal hicieron su propio anuncio en estos días. De España a Estados Unidos, la novedad es la participación abierta de los trabajadores en las movilizaciones: no sólo de individuos sueltos, sino de sus organizaciones -en muchos casos presionadas por las bases. Este apoyo comienza a ser recíproco: activistas de Occupy Wall Street hicieron piquetes conjuntos frente a la casa central de Verizon y en otras empresas con sus trabajadores. Un anticipo de todo esto ocurrió en febrero y marzo, cuando en el estado de Wisconsin se llegó a ocupar la legislatura estadual para impedir que se votaran leyes antisindicales y de recortes. La huelga educativa de esta semana en Chile se realiza en conjunto con la central obrera.

Lejos parecen los días en que el movimiento de los indignados, iniciado en España, se limitaba a criticar la política corrupta o la “crisis de representación”. Las movilizaciones van identificando al enemigo en forma más clara: se denuncia el rescate a los banqueros, se repudian los planes de ajuste, las reformas laborales, la precarización social de la juventud y se llama a resistir los desalojos de viviendas. “Cría bancos y te comerás sus crisis”, corean los indignados norteamericanos. “Esta crisis no es nuestra y nosotros no la pagamos”, dicen las marchas educativas italianas.

La marcha de la crisis social

Las causas que han dado origen a estas movilizaciones no hacen más que aumentar. Los indignados norteamericanos denuncian que un trabajador gana alrededor de 450 veces menos que un empresario mediano promedio, y el abismo entre ricos y pobres -récord- sigue aumentando; que abundan la tercerización y precarización laboral y que los bancos no pagan impuestos. El desempleo real está por encima del 16%. La renta media familiar ha caído unos 3.600 dólares en la pasada década y 46 millones de norteamericanos, cifra inédita, viven en la pobreza.

Según estadísticas oficiales, en la Unión Europea la tasa de desempleo entre los solicitantes de 15 a 24 años de edad es del 20,3%. En Grecia, la vanguardia de la lucha continental, se han reducido los ingresos de los trabajadores en hasta un 40% en los últimos veinte meses.

Al estrechar los márgenes de maniobra de todas las tendencias políticas, el derrumbe capitalista acelera la experiencia política de las masas. Desde la revolución árabe a los indignados de Europa y Estados Unidos, desde las huelgas obreras chinas a la lucha estudiantil chilena, el hilo conductor es el mismo: la respuesta al agotamiento del régimen social y político del capital.

La tendencia a la rebelión de la juventud y de las masas recorre el mundo, y llegó para quedarse.

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¿Por qué estar indignados?

 
“Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es algo precioso. Cuando algo nos indigna, como a mí me indignó el nazismo, nos volvemos militantes, fuertes y comprometidos.”
“El pensamiento productivista, sostenido por Occidente, ha metido al mundo en una crisis de la que hay que salir rompiendo radicalmente con la huída hacia adelante del “siempre más”, tanto en el dominio financiero como en el dominio de las ciencias y de la técnica. Ya es hora de que la preocupación por la ética, la justicia y la estabilidad duradera sea lo que prevalezca. Pues nos amenazan los riesgos más graves; riesgos que pueden poner fin a la aventura humana sobre un planeta que puede volverse inhabitable.”
El motivo de la resistencia es la indignación, pero ¿cómo dar forma a la frustración, contra qué, contra quién indignarse, cómo ir a la raíz de las injusticias sociales?.
Se tiene la osadía de decirnos que el Estado no puede asegurar los costes de la Seguridad Social, la Educación, la Salud, la Preservación del Medio Ambiente. Pero ¿cómo puede faltar dinero para mantener y prolongar estas conquistas, cuando la producción de la riqueza ha aumentado considerablemente, si no es porque el poder del dinero no ha sido nunca tan grande, tan insolente y tan egoísta con sus propios servidores, incluso en las más altas esferas del Estado?.
Es verdad que las razones para indignarse pueden parecer poco claras, o el mundo demasiado complejo. ¿Quién manda, quién decide? No siempre es fácil distinguir entre todas las corrientes que nos gobiernan. Ya no tenemos que vérnoslas con una pequeña élite, cuyo modo de actuar conocemos con claridad. Este es un vasto mundo de cuya interdependencia nos percatamos claramente. Vivimos con una interconectividad como jamás ha existido. Poco se sabe y mucho se oculta sobre los verdaderos dueños de las multinacionales, sobre los titiriteros de los gobernantes de turno. El sistema económico financiero ha sido esbozado para mantener en el anonimato a los principales culpables de las atrocidades de la modernidad.
En este mundo hay demasiadas cosas que resultan insoportables para quien quiera tomar conciencia de su existencia. Como la gran brecha que existe entre los muy ricos, los que vomitan dinero y los muy pobres, con sus estómagos colmados del dolor del hambre, una brecha que no deja de crecer. Como el constante avasallamiento de los derechos del Hombre y de todo ser vivo, y la destrucción sistematizada de la madre naturaleza.
Sólo es necesario abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor, para encontrar temas que justifiquen estar indignados. Ante esto, la indiferencia es la peor de las actitudes que podemos tomar.

Hemos tomado aquí algunos párrafos e ideas del panfleto ¡Indignaos! de Stéphane Hessel. Recomendamos su lectura. Puede obtenerse en
http://www.attacmadrid.org/wp/wp-content/uploads/Indignaos.pdf .

Ricardo Natalichio, Director de EcoPortal.net

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