Represas hidroeléctricas, fábricas de metano sin fin. Lejos de ser "energía limpia”

Por Anastasia Gubin

Estudios demuestran que las cifras de contaminación de las represas son significativas en dióxido de carbono y en metano que es un gas de efecto invernadero mucho más potente.
El profesor Philip M. Fearnside, doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de Michigan, sostiene que es un error llamar a las hidroeléctricas como energía verde o energía limpia, ya que “por desgracia las represas especialmente en las zonas tropicales emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero”.
“No fui el primero en descubrir que las represas emiten gases de efecto invernadero”, comenta Fearnside, quien es actualmente profesor en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (INPA) en Manaus, Amazonas, Brasil. Un artículo con su análisis fue publicado por la Universidad de Harvard.
Cuando un grupo de Canadá publicó un artículo en 1993, con los registros de las emisiones de los embalses en el país, Fearnside explica que "dos años más tarde, les mostré que algunas represas amazónicas, como Balbina emiten más gases de efecto invernadero; ese documento fue lo que enfureció a la industria hidroeléctrica”. Las hidroeléctricas cambiaron finalmente su posición de total rechazo, a admitir que las presas emiten algunos gases de efecto invernadero, "pero sólo una cantidad insignificante".
“Por desgracia, las cantidades no son insignificantes, especialmente si se cuantifican sin omitir importantes fuentes de emisión”.
Fearnside destaca que en primer lugar los árboles que se dejan en reposo fuera del agua donde se desintegran a cielo abierto, liberan su carbono como dióxido de carbono. Por otra parte aunque la madera se descompone bajo el agua muy lentamente, ese no es el caso para la vegetación blanda, tal como hojas y carbono en el suelo, lo que significa mayor liberación de CO2.
Además, el agua en un embalse tiene una capa superficial más caliente y menos densa que está en contacto con el aire y contiene oxígeno, la cual mide unos dos a diez metros de profundidad. Esta capa está separada sin mezclarse con otra inferior, más fría, y más densa. Esta separación recibe el nombre de termoclina.
“El agua de las dos capas no se mezcla, y el oxígeno en la capa inferior se agota rápidamente, dejando esta capa con casi nada de oxígeno”, dice el Dr. Fearnside, sosteniendo que en esta área inferior del embalse se termina de producir el metano (CH4) en lugar del dióxido de carbono (CO2), puesto que esta capa carece de oxígeno para formar CO2.
“A pesar de que está presente en concentraciones mucho más pequeñas en la atmósfera, el metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono”, señala el análisis.
“Parte del metano es liberado a través de la superficie del embalse en forma de burbujas o por medio de la difusión, que tendría lugar en un lago formado naturalmente”.
En el caso de las emisiones de energía de una hidroeléctrica, el agua se extrae de la parte inferior del embalse muy por debajo de la zona de división del agua con y sin oxígeno, o termoclina.
“El agua liberada por debajo de la presa se carga con metano. Dado que la solubilidad de los gases en el agua es proporcional a la presión (Ley de Henry en química), el metano forma burbujas y éstas escapan cuando la presión se libera de repente, como cuando el agua emerge de las turbinas. Este es el mismo fenómeno que es evidente cuando se abre una botella de Coca Cola: los gases forman burbujas cuando se libera la presión mediante la eliminación de la tapa. La presión bajo el peso de agua en la parte inferior de un depósito es mucho mayor que en el interior de una botella de refresco, y, en consecuencia, la liberación del gas es mayor cuando se libera la presión”, destaca el científico.
“Muchas de las estimaciones de las emisiones de hidrocarburos que se han usado para afirmar que las emisiones son pequeñas han subestimado o ignorado las principales fuentes de emisiones”. Las emisiones de las turbinas y vertederos a menudo se han ignorado por completo, destaca el profesor, quien ya había denunciado este fenómeno en junio de 2012, en un estudio junto a Salvador Pueyo, publicado en la revista Nature
La mayor parte del metano se emite cuando el agua sale de las turbinas y el resto se libera incluso dentro de las turbinas, sostiene el análisis.
La única forma práctica de evitar subestimar las emisiones, según el científico, es calcular la diferencia de la concentración de metano en el agua por encima de la represa, en el nivel de las turbinas, y por debajo de la represa.
De acuerdo a su estudio, en las hidroeléctricas se producen grandes emisiones en los primeros años, después que el embalse se inunda, por las hojas de los árboles y la liberación del carbono del suelo. Luego disminuyen a niveles más bajos, pero no desaparecen.
La característica que denota la formación de metano es durante la elevación y el descenso del nivel de agua cada año. Cuando el agua se extrae para generar energía en la estación seca, una gran marisma se expone en el borde del depósito. “Aquí las malas hierbas crecen rápidamente, y cuando el agua se levanta de nuevo, esta vegetación suave se descompone en la parte inferior del embalse donde el agua está sin oxígeno”.
Por la maleza, el carbono elimina de la atmósfera CO2 mediante la fotosíntesis, pero lo devuelve en forma de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente. Debido a que este es un proceso continuo, el embalse actúa como una "fábrica de metano" sin fin.
“Lamentablemente, no tenemos mucho tiempo para empezar a hacer algo sobre el calentamiento global”, advierte el profesor. El plan 2011-2020 de Expansión de Energía de Brasil llama a la construcción de 30 grandes represas en la Amazonía, una presa cada cuatro meses, justo en el período en que hay que evitar la liberación de gases efecto invernadero.
La Gran Época http://www.lagranepoca.com

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