Estilos de vida

Ivana Belén Ruiz Estramil

En la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro en 1992, George Bush padre dijo que “el estilo de vida norteamericano no es cuestionable”, poniendo así de manifiesto los puntos sobre los que ni tan siquiera habría diálogo, ¿Qué se puede sacar de aquellos? En primer lugar, que se trata de una afirmación que no permitirá ningún tipo de negociación, pero aun así asiste a un foro donde se intentará sacar en claro un mínimo de diagnóstico y compromiso, ¿no sería entonces esto una especie de estar diciendo –decidid lo que queráis que yo seguiré por mi camino–? Por otro lado, siendo el estandarte de Occidente, ¿No le está diciendo al resto de países –¡Emuladme! –?
Lo peor que ese incuestionamiento de su estilo de vida, es que afecta directamente al de los demás (también al de ellos en realidad). El precisamente la lógica de individualización, aunque sea de todo un Estado, lo que hará que el resto sea valioso solo en cuanto a que sea funcional a sus intereses. Se está mandando un mensaje muy claro al mundo y este dice que hay algunos territorios que se colocan por encima del bien y del mal, y que al mismo tiempo, se concederán con total legitimidad para decidir sobre el resto de modos de vida, ya que aunque su intervención no sea directa, que en la mayoría de los casos lo es, la necesidad de abastecimiento inhibe los proyectos de los otros que ven supeditados todo su día a día a las necesidades de este gigante. El modelo de vida norteamericano pasa a establecerse como paradigma a seguir y todo lo que se aleje, pero sobre todo, aquello que vaya en contra de sus intereses u objetivos, será catalogado de enemigo.
Yéndonos a un plano global y haciendo hincapié también en los modos de vida, hay dos vertientes que son ilustrativas de esa doble postura hacia la diferencia de los mismos. Por un lado, los que se presentan como totalmente intolerantes a la diferencia, como si ésta estuviera sujeto a un futuro proceso de “civilización”, y por otro lado, los que hacen de la diferencia el exotismo, esa necesidad prácticamente voyeurista que se pone de manifiesto con la imagen de ese aficionado turista, que no viajero, que solo sale de su lujoso hotel para sacarse fotos en esa otra realidad que se le presenta tan excéntricamente cautivadora, pero siempre si es bajo la certeza de que volverá al hotel.
Esa visión etnocéntrica de la globalización sobre lo que se espera encontrar en otros, como nos dice Toynbee, termina exaltando ciertas condiciones de vida solo en tanto en cuanto no tengamos que vivirla nosotros. Lo último: la FAO reconoce que comer insectos es muy sano y aleja todo riesgo de colesterol. Asociación inmediata: ¡que suerte esas familias que no tienen más sustento que los insectos, ellos no tienen riesgo de colesterol! Se convierte en un esnobismo el comer insectos, empleados en las cocinas más caras y se aleja el debate sobre las injustas condiciones de vida. Que en su cultura también está el comer insectos, claro, no lo estoy negando, y me parece fantástico y algo que debe ser respetado e incluso por las propiedades que tiene puede bien compartirse esa sabiduría. Ahora, cuando parte de una necesidad económica, no lo pintemos como si fuera la mejor de las situaciones.
No se puede hacer apología de la penuria mientras se predica cómodamente recostado en un sofá. No se puede obligar a ser diferente, “exótico” solo para alimentar nuestra sensación de “tolerancia”, la verdadera tolerancia reside en respetar ese otro modo de vida, aun cuando decida ser cambiado, eso sí, que ese cambio no sea impuesto, ni promovido con falsas verdades. El respeto a la diferencia en un marco de igualdad ha de ser la base: “Un mundo en el que seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”  (Rosa Luxemburgo)

Fuente: Rebelión -Imagenes: artween.com - http://tejiendoelmundo.files.wordpress.com/2010/05/imagenes.jpg

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