miércoles, 17 de febrero de 2016

La desesperación de Monsanto


Por Carmelo Ruiz Marrero*

La corporación estadounidense Monsanto, mayor semillera y compañía de biotecnología agrícola del mundo, está en una situación desesperante. Terminó el 2015 botando a la calle a unos 2,600 empleados, y en enero de 2016 anunció que botaría a mil más. Esto equivale a 16% de su fuerza laboral. Según el International Business Times, esta drástica reducción de personal obedece a una reestructuración que aspira a ahorrarle a la compañía $500 millones para el fin del año fiscal 2018. (1)

Fundada en 1901 originalmente como una compañía dedicada a la química, Monsanto comenzó a apostarle en grande a la biotecnología transgénica y al negocio de las semillas a fines del siglo XX. En los años 80 y 90 devoró numerosas compañías agrícolas y de genética como Asgrow, Calgene, Dekalb y Holden, y en 2000 se reorganizó, redefiniéndose como una empresa de “ciencias de la vida”. En 2005 se convirtió en la semillera número uno del mundo al comprar el conglomerado mexicano Seminis.
La mayor parte de sus semillas transgénicas son genéticamente modificadas para tolerar su propio herbicida basado en glifosato, el Roundup, haciendo posible así vender la semilla y el agroquímico como un paquete tecnológico integrado. Estos cultivos transgénicos de Monsanto se conocen como Roundup Ready. La combinación de semillas transgénicas y herbicida ha resultado ser una de las historias de éxito empresarial más impresionantes de la historia reciente de la agricultura, pero ésta va en vertiginosa zozobra, poniendo en jaque el futuro de la compañía.
El derrumbe del modelo de negocios Roundup Ready se debe a varios factores. En primer lugar, el glifosato se está convirtiendo en un agroquímico inútil debido al surgimiento de malezas resistentes. “Tras dos décadas de guerra continua basada en Roundup , ‘supermalezas’ resistentes al glifosato se están proliferando y cultivos Roundup Ready se están sofocando en campos infestados de hierbas”, dice el Grupo ETC, organización no gubernamental con sede en Canadá. “En Estados Unidos, granjeros ahora enfrentan casi 100 millones de acres de hierbas resistentes a herbicida en 36 estados. A nivel mundial, al menos 24 especies de maleza ya son resistentes al glifosato.” (2)
Según un editorial de la revista científica Nature publicado en junio de 2014:
“La hierba de puerco (Amaranthus palmeri) no es una maleza que uno pueda tomar a la ligera. Puede llegar a más de dos metros y medio de altura, crecer más de seis centímetros por día, producir 600 mil semillas, y tiene un tallo duro y maderoso que puede arruinar equipo agrícola que trate de arrancarla. También se está haciendo más y más resistente al popular herbicida glifosato. La primera población resistente fue confirmada en 2005 en un campo de algodón en Georgia, y la planta ahora atormenta a granjeros en al menos 23 estados de EEUU. Hay un amplio acuerdo en cuanto a que la proliferación de estas plantas resistentes tiene sus raíces en la amplia aceptación de cultivos modificados para ser resistentes a glifosato.”
“Para 2012, hierbas resistentes a glifosato habían infestado 25 millones de hectáreas de tierras agrícolas en Estados Unidos. También han aparecido en otros países que han dado la bienvenida a cultivos tolerantes al glifosato, incluyendo Australia, Brasil y Argentina. El arropar cultivos año tras año con el mismo herbicida es la manera perfecta de fomentar hierbas resistentes.” (3)
Además, la supuesta inocuidad del herbicida está siendo cuestionada cada vez más. En 2015 la Organización Mundial de la Salud declaró que el glifosato es un probable carcinógeno humano, y además informaciones recientes sugieren que los estudios que validan el glifosato no aguantan escrutinio crítico. Según un informe de la organización británica GM Watch publicado en noviembre de 2015:
“Monsanto ha sabido por cuatro décadas que el glifosato causa cáncer, según un nuevo documento publicado por los investigadores Anthony Samsel y Stephanie Seneff. Samsel es el primer investigador independiente en examinar los estudios secretos de toxicología de Monsanto sobre el glifosato. Obtuvo los estudios, que se le habían negado a otros investigadores, mediante una petición a su senador. Revisó los datos de Monsanto con su co-investigadora, la doctora Stephanie Seneff del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Samsel y Seneff concluyeron que ‘se encontró evidencia significativa de tumores’ durante sus investigaciones.” (4)
Ese mismo mes, otro informe científico revisado por los pares expuso a la luz pública la dudosa ciencia utilizada en estudios de inocuidad sobre glifosato patrocinados por la propia Monsanto cuando la empresa buscaba la aprobación de las autoridades de EEUU:
“El doctor Marek Cuhra ha llevado a cabo un cuidadoso estudio de todas las evaluaciones hechas sobre la toxicidad del glifosato a organismos acuáticos- y en particular la mosca de agua Daphnia magna. Descubrió que el estudio patrocinado por la industria llevado a cabo por McAllister y Forbis en 1978 para ABC Laboratories (que nunca fue publicado) pretendía demostrar que el glifosato era 300 veces menos tóxico que lo que estudios subsecuentes determinaron. Y sin embargo ese estudio con profundas fallas fue usado en la evaluación de toxicidad del glifosato por la agencia estadounidense EPA y por otros reguladores en el mundo, bajo la suposición de que era completamente confiable. El estudio pretendía demostrar que el glifosato era efectivamente inofensivo, y eso fue aceptado como ‘hecho’ científico.” (5)
Además de estos dos estudios, también tenemos información sobre la toxicidad del glifosato gracias al fallecido científico argentino Andrés Carrasco (6) y al equipo francés dirigido por el valeroso Gilles-Eric Seralini. (7)
La gerencia de Monsanto entiende que la supervivencia de la compañía depende de comprar más competidores y adquirir así nuevas líneas de productos agrotóxicos y cultivos transgénicos resistentes a éstos. Pero el paisaje de negocios ha cambiado en las últimas tres décadas, hoy no hay tantas opciones como antes. En la década de los 80 había miles de compañías semilleras, mientras que hoy día el negocio de semillas comerciales y venenos agrícolas es controlado por un cartel de sólo seis compañías- Monsanto y cinco competidores. Y lo que es peor, de estos cinco competidores, dos se están fusionando: Las norteamericanas Dupont-Pioneer y Dow Agrosciences. Entre ambas le pueden dar una buena patada a Monsanto.
La única opción que ven los estrategas de Monsanto es comprar a la europea Syngenta, la mayor compañía de pesticidas del mundo. Ya en 2015 le presentó dos ofertas de compra, la segunda de $45 mil millones, y comenzó el 2016 con una tercera oferta, la cual Syngenta está estudiando y considerando en estos momentos.
Otro beneficio de tal fusión sería un alivio a su carga contributiva, ya que la megacorporación resultante probablemente se incorporará fuera del territorio de Estados Unidos. Según un informe citado por el Grupo ETC, Monsanto podría ahorrarse $500 millones al año en impuestos si se muda a otro país.
Si contrae matrimonio con Syngenta, Monsanto seguramente aprovechará la ocasión para cambiarse de nombre. Para millones de personas en el mundo entero el nombre de Monsanto es sinónimo de maldad, escándalo, controversia y contaminación tóxica, así que no estaría mal retirarlo y cambiarlo por otro. ¿Para qué mantener el nombre de todos modos? Hoy día Monsanto parece tener poca o ninguna relación con la familia Monsanto, con la cual se casó el fundador de la compañía, John Francis Queeny, al final del siglo XIX. Un cambio de nombre no sería una maniobra inusual. Otras corporaciones lo han hecho, como Andersen Consulting, Blackwater, Kentucky Fried Chicken, KPMG, Philip Morris y Vivendi.
Desgraciadamente para Monsanto, la fusión con Syngenta, aunque probable, no es inevitable. Las compañías alemanas BASF y Bayer Cropscience, ambas integrantes del cartel de las “Big Six”, también han presentado ofertas a Syngenta, al igual que la estatal china ChemChina. (8)
¿Y si Syngenta le dice no a Monsanto? La compañía podría acabar aplastada entre dos gigantes, Dow-Dupont por un lado y Syngenta-ChemChina por el otro. Según el Grupo ETC, “No importa qué fusiones lleguen a ocurrir (en 2016), hay poca duda de que el infame nombre de Monsanto pronto será historia.”

*Carmelo Ruiz Marrero es periodista, educador ambiental y autor de El gran juego de ajedrez botánico: Escritos sobre biotecnología y agroecología (Editorial Tiempo Nuevo 2015). Desde 2004 dirige el Blog de Bioseguridad (http://bioseguridad.blogspot.com/search/label/es). Su más reciente proyecto bloguístico es El Mundo Según Carmelo (http://carmeloruiz.tumblr.com/tagged/esp) y su cuenta en Twitter es @carmelorui
NOTAS:
1) http://www.ibtimes.com/monsanto-layoffs-seed-maker-just-said-its-going-cut-lot-more-jobs-2252250
2) ETC Group. “Breaking Bad: Big Ag Mega-Mergers in Play” 15 de diciembre 2015. http://www.etcgroup.org/content/breaking-bad-big-ag-mega-mergers-play
3) Nature. “A growing problem”. 11 de junio 2014. http://www.nature.com/news/a-growing-problem-1.15382?WT.ec_id=NATURE-20140612
4) GM Watch. “Monsanto’s secret studies reveal glyphosate link to cancer” 6 de noviembre 2015. http://www.gmwatch.org/news/latest-news/16515-monsanto-s-secret-studies-reveal-glyphosate-link-to-cancer
5) GM-Free Cymru. “More Monsanto scientific fraud in early glyphosate ‘safety studies’” http://www.gmfreecymru.org/news/Press_Notice07Nov2015.html
6) http://bioseguridad.blogspot.com/search/label/Carrasco
7) http://bioseguridad.blogspot.com/search/label/Seralini
8) Carmelo Ruiz. “Syngenta and the Chinese factor” Counterpunch, 28 de enero 2016. http://www.counterpunch.org/2016/01/28/syngenta-and-the-chinese-factor/
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