martes, 12 de julio de 2016

Chile: Santiago me mata

           Los peligrosos y más desconocidos efectos de la contaminación atmosférica
 
No se trata solo de pataletas por preemergencia, consultorios repletos de niños o personas que apenas pueden respirar. Según datos recogidos del análisis general del impacto económico y social del anteproyecto del nuevo plan de prevención y descontaminación de la Región Metropolitana, al año hay también 1.553 muertes por enfermedades cardiovasculares asociadas a material particulado fino (PM 2,5) y 29 por distintas causas relacionadas con el material particulado grueso (PM 10). Esto pasa en una de las ciudades más contaminadas del mundo cuando –además de otros factores– la fiscalización no asusta a las industrias, el parque automotriz crece sin control o, sin consciencia, alguien enciende una chimenea.
En abril de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) puso a Chile en un ranking donde nadie quisiera ser bicampeón. En un catastro basado en los resultados ambientales anuales de generación de emisiones contaminantes de 1.600 ciudades –entre los años 2008 y 2012–, Santiago (12) y Temuco (11) aparecieron mencionadas entre las primeras 20 más contaminadas.
El estudio midió PM 2,5. Es decir, aquellas partículas de diámetro inferior o igual a los 2.5 micrómetros, que por su tamaño son 100% respirables. Las partículas finas pueden llegar hasta los pulmones y depositarse ahí.
La contaminación de Santiago y la amenaza de las pequeñas partículas no solo convierten a la capital de Chile en un baile de preemergencias y episodios críticos en invierno, sino que también en un enfermo crónico. “Deberíamos disponer de un logo que señalara, en alguna parte, que habitar hoy en la capital es nocivo”, señalaba hace pocas semanas el especialista en enfermedades respiratorias de la Universidad de Santiago, doctor Pedro Aguilar.
Partículas que enferman
Según datos recogidos del análisis general del impacto económico y social del anteproyecto plan de prevención y descontaminación de la Región Metropolitana, al año hay 1.553 muertes por enfermedades cardiovasculares asociadas a material particulado fino (PM 2,5) y 29 por distintas causas relacionadas con el material particulado grueso (PM 10).
Pablo Ruiz, doctor en Salud Ambiental de Harvard e investigador de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, señala que está muy estudiado internacionalmente el impacto de la contaminación en enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Estos efectos son tanto de corto como de largo plazo y pueden involucrar impactos tan severos como infartos, hospitalizaciones o aumento de mortalidad.
“A los salubristas nos preocupan sobre todo los impactos de largo plazo, como aumento de mortalidad crónica e impactos cardiovasculares, pues representan la carga de enfermedad más alta. Las guías de calidad de aire de la OMS del 2005 argumentan que los impactos de corto plazo (esto es, 1 día contaminado) en mortalidad son importantes, pero los de largo plazo (vivir en una ciudad crónicamente contaminada) son muchísimo mayores. Finalmente, evidencia nueva está encontrando impactos de la contaminación sobre el embarazo y desarrollo fetal y también sobre enfermedades del sistema nervioso central, como el Parkinson”, explica Ruiz.
En 2013 se dio a conocer unos de los papers más importantes en la relación de enfermedades cardiovasculares y contaminación. Después de una investigación que duró más de 10 años, los investigadores dirigidos por Sara Adar, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, y Joel Kaufman, de la Universidad de Washington (EE.UU.), publicaron el “Estudio Multitécnico de Ateroesclerosis y Contaminación Atmosférica”.
Encontraron que las concentraciones más altas de contaminación atmosférica por PM 2,5 estaban vinculadas a un engrosamiento rápido de las dos capas internas de la arteria carótida común, un vaso sanguíneo que proporciona sangre a la cabeza, el cuello y el cerebro.
“La conexión de estos hallazgos con los demás resultados de la misma población sugiere que las personas que viven en una zona más contaminada de la ciudad pueden tener un 2 por ciento más de riesgo de accidente cerebrovascular en comparación con las personas en una zona menos contaminada de la misma área metropolitana”, dijo Sara Adar a los medios de prensa en ese momento. Los resultados fueron más fuertes para las partículas finas y los gases contaminantes relacionados con el tráfico.
En Chile, según explica Viviana Aguirre, neumóloga pediatra de la Universidad de Santiago, la contaminación ambiental –especialmente aquella que se refiere a material particulado pequeño– produce irritación e inflamación de la vía aérea y predispone a enfermedades más frecuentes y más graves del aparato respiratorio.
“Si a esto le sumamos que los episodios de mayor contaminación ambiental se producen en los meses fríos, coincidiendo con el aumento en la circulación de virus respiratorios, se produce una mala mezcla para la salud respiratoria de niños y adultos. La mayoría de las personas creen que la contaminación ambiental solo afecta el aparato respiratorio y es importante considerar que un aumento en los índices de contaminación ambiental van seguidos de un aumento en las muertes por enfermedad cardiovascular”, señala la especialista.
De acuerdo a datos recogidos del análisis general del impacto económico y social del anteproyecto de Plan de Prevención y Descontaminación de la Región Metropolitana, al año hay 1.553 muertes por enfermedades cardiovasculares asociadas a material particulado fino (PM 2,5), y 29 por distintas causas relacionadas con el material particulado grueso (PM 10).
Sobre la base de cálculos realizados por el especialista en calidad del aire y contaminación atmosférica, Héctor Jorquera, “aproximadamente entre un 15% a un 20% de la mortalidad actual no accidental de la población de Santiago se debe a la contaminación atmosférica”.
Sobre la base de cálculos realizados por el especialista en calidad del aire y contaminación atmosférica, Héctor Jorquera, “aproximadamente entre un 15% a un 20% de la mortalidad actual no accidental de la población de Santiago se debe a la contaminación atmosférica”. El profesor titular de Ingeniería Química y Bioprocesos de la Universidad Católica, explica que esta cifra la ha calculado varias veces en el curso de Contaminación Atmosférica que imparte en la PUC, a partir de un estudio a largo plazo de Estados Unidos titulado “The Harvard Six Cities Study”. En Chile, pese a los altos índices de contaminación atmosférica, no se ha hecho ningún estudio a largo plazo, solo a corto plazo.
El profesor titular de Ingeniería Química y Bioprocesos de la Universidad Católica, explica que esta cifra la ha calculado varias veces en el curso de Contaminación Atmosférica que imparte en la PUC, a partir de un estudio a largo plazo de Estados Unidos titulado “The Harvard Six Cities Study”. En Chile, pese a los altos índices de contaminación atmosférica, no se ha hecho ningún estudio a largo plazo, solo a corto plazo.
“De toda la gente que fallece en Santiago, la gran mayoría son adultos mayores. Si ves las tasas de mortalidad, son casi todas para personas sobre los 65 años, y eso te indica que de esa gente –que ya tienen problemas de salud casi todos–, de cada 100 que se mueran, 20 tienen que ver con la contaminación”, detalla.
Medidas estructurales
Una de las quejas más importantes de los expertos en contaminación es que los episodios críticos y medidas excepcionales no debieran ser solo en días especiales de emergencias ambientales. Se deben potenciar las medidas que disminuyan la contaminación durante todo el año.
Pablo Ruiz dice que, en ese sentido, respecto al tráfico vehicular, las medidas debieran ser para disminuir los viajes y/o la duración y distancias de estos, por ejemplo, fomentando medios de transporte no contaminantes y saludables, como la caminata y la bicicleta. Un segundo aspecto es potenciar el transporte público, de buena calidad, y menos contaminantes respecto al uso de vehículo particular.
Quizás el aspecto más importante sería pensar en el diseño de ciudad que permita disminuir los viajes.
“Tenemos cientos de miles de personas realizando viajes enormemente largos del hogar al trabajo cada día, y la pregunta es si esto se soluciona con transporte limpio, cuando la pregunta es cómo podemos hacer que la gente viva más cerca de su trabajo. De modo que no solamente generar viajes no contaminantes sino que las personas ganen 1 a 2 horas al día con su familia o amigos. En ese sentido, hay que repensar la segregación que tenemos en Santiago y la idea de tener comunas dormitorio muy alejadas de los centros de trabajo, educación y servicios”, manifiesta Ruiz.
Con respecto a las industrias, Ruiz suma otra tesis: “Pasa por tener procesos más limpios, instalar equipos de abatimientos de emisiones constantes y/o cambiar matriz productiva o energética a procesos o fuentes generadoras más limpias. Por ejemplo, todo el esfuerzo por incrementar nuestra matriz solar puede ayudar enormemente a descontaminar las fuentes fijas de termoeléctricas. Finalmente, en Santiago hay un aporte importante de quema de leña que puede ser reducido sustancialmente si se incorporan tecnologías de calefacción más limpias”.
Según estadísticas entregadas por el subsecretario de Medio Ambiente, Marcelo Mena, en invierno las mayores fuentes contaminantes en Santiago son las residenciales: leña (35%) y el transporte (31%), seguido de la industria (23%) y maquinarias de construcción (11%). El ingeniero civil bioquímico, explica que el nuevo plan de descontaminación atmosférica –que estará vigente a partir del próximo año–, conocido como Santiago Respira y que aborda una serie de medidas que afecta directamente a estos sectores contaminantes, “es súper estructural y lo estamos haciendo porque está en juego la salud de las personas”.
Si el tema es la leña, Mena apunta que, en cuanto a emisiones primarias –las que salen directamente como material particulado desde la chimenea– es importante, pero en la formación secundaria de este mismo material, su rol no es tan alto. “Pero lo que respiramos en Santiago es una mezcla entre lo que es primario y secundario. Lo secundario es lo que se forma en la atmósfera y ahí las principales son fuentes móviles. Es por eso que en invierno suman porcentajes similares transporte y la leña”, confirma Mena.
Cabe señalar que la mitad de estas emisiones están en Santiago, pero la otra mitad en comunas como Buin, Melipilla y Colina. Aunque las comunas que se disparan en el consumo son Lo Barnechea y Las Condes.
Las proyecciones del análisis del anteproyecto del plan de descontaminación de Santiago, publicado en el sitio SantiagoRespira, apuntan a que se podrían evitar 10.426 muertes en un plazo de 10 años –entre 2016 y 2026–.
El documento también calcula el costo versus los beneficios en salud de impulsar todas las medidas del anteproyecto, que estará listo en septiembre, tras lo cual debe ser visado por el consejo de ministros. En total, el plan Santiago Respira requiere un total de US$ 1.686 millones, versus beneficios en torno a US$ 7.707 millones. Es decir, según explica Mena, “una relación costo beneficio de 4.6”.
Transporte –donde, entre otros puntos, se propone una restricción vehicular permanente para vehículos con sello verde para todo el período invernal– es el sector que aportaría los mayores beneficios. No solo por reducción de la contaminación sino también por los ahorros en combustible derivados de las medidas, con lo que alcanza el 53% de los beneficios. A su vez, es el sector con mayores costos, alcanzando el 78% del plan.
La autoridad ambiental asegura que “por mucho tiempo se abordó la contaminación atmosférica como un problema de emergencia frente a problemas que eran estructurales, pero para para poder reducir la contaminación las medidas tienen que ser permanentes. Hoy día solo estamos haciendo gestión de episodios críticos con el PM 2,5. En la práctica el Plan Santiago Respira, para el próximo invierno, va a aplicar medidas de preemergencia todos los días, como la prohibición de los calefactores a leña”.
Asimismo, será la primera vez que se impulse un plan de descontaminación que apunta directamente a reducir las emisiones de material particular fino con las concentraciones estándares de la norma que es más exigente, la cual entró en vigencia en 2012 y que fue adoptada con el Gobierno de Michelle Bachelet en 2014.
En todo caso, Mena asegura que “este año es probablemente el aire más limpio que ha tenido Santiago desde que se mide”, ya que el aumento de episodios críticos está asociado a un cambio en el estándar de medición. Por ejemplo, antes una preemergencia se dictaba con 240 microgramos de PM10 y hoy con 110 microgramos de PM 2,5.
“Sin embargo, los niveles son inaceptables y es por eso que estamos haciendo un nuevo plan de descontaminación, porque, de lo contrario, si estuviéramos conformes estaríamos simplemente aplicando el estándar antiguo. Nosotros quisimos visibilizar un problema que se ignoró y, por lo tanto, actuando porque el aire en Santiago no es aceptable en sus condiciones actuales”, puntualiza Mena.

Fuente: El Mostrador -IMagenes:
www.veoverde.com - www.crhoy.com