Puerto Rico: ‘Sin energía solar, quizás se hubiera muerto’: el poder de las microrredes energéticas
Las
microrredes están llevando electricidad a quienes antes vivían con el
temor de los cortes de energía y las olas de calor en América Latina:
Desde hace casi una década, en Adjuntas, un pueblo en Puerto Rico de 18
mil habitantes, una red de microrredes solares mantiene encendidos
hogares, negocios y equipos médicos incluso durante los apagones más
frecuentes por el calor extremo: Antes de los paneles solares, Olga
Hernández, de 82 años, vivía pendiente de cada corte de luz. Asmática y
con diabetes, dependía del hielo para conservar sus medicinas y de un
generador a diésel que la enfermaba más por los gases tóxicos que
liberaba. “No era vida”, asegura a Dialogue Earth. Pero desde hace casi
una década, una red de microrredes solares —sistemas eléctricos a
pequeña escala capaces de generar y almacenar su propia energía— ha
mantenido en funcionamiento hogares y negocios, incluso durante los
frecuentes apagones que se producen en Adjuntas.
“Con la energía solar dejé de sentir los apagones”, dice Hernández.
Sally Jabiel
Detrás de esa autonomía energética está Casa Pueblo, una organización comunitaria que pone la energía en manos de la gente.
Las
microrredes pueden funcionar conectadas a la red principal o aislarse
de ella durante los cortes de energía para suministrar electricidad a un
hospital, una comunidad o incluso a toda una ciudad. También pueden
mantener en funcionamiento los equipos médicos, lo que puede salvar
vidas cuando las temperaturas se disparan en una localidad como
Adjuntas.
La electricidad significa vida
Los
cortes de energía son una realidad difícil para los puertorriqueños.
Los residentes sufrieron un promedio de 73 horas de apagones en 2024,
según estadísticas oficiales. Cuarenta y tres de ellos se atribuyeron a
“fenómenos importantes”, como huracanes. Sin tener en cuenta los
fenómenos meteorológicos extremos, la frecuencia media de las
interrupciones del suministro energético ha aumentado desde 2021.
En
2017, el huracán María destapó la fragilidad del sistema eléctrico de
Puerto Rico: infraestructura obsoleta, mala gestión y denuncias de
corrupción. Casi tres mil personas murieron en el apagón más largo de la
historia de la isla, muchas por interrupciones en la atención médica y
tratamientos de soporte vital.
Siete
años después, el calor excesivo empuja al límite a la red eléctrica. En
junio de 2024, una ola de calor, que superó los 48°C en algunas zonas,
dejó sin electricidad a más de 340 mil personas en la capital y
alrededores.
“Después de María, aprendimos que los apagones matan. No
imaginábamos cuántas personas dependían de la electricidad para
sobrevivir”, comenta a Dialogue Earth Arturo Massol-Deyá, director de
Casa Pueblo.
Los paneles solares se instalaron por primera vez a
través del proyecto Casa Pueblo en 1999. Durante y después del huracán
de 2017, se convirtió en un oasis energético, suministrando energía a
equipos de diálisis y máquinas de oxígeno y apnea del sueño. Mientras
tanto, algunas partes de Adjuntas se quedaron sin electricidad durante
seis meses. Después del huracán, estos sistemas solares se convirtieron
en microrredes que llevan funcionando casi una década.
Desde
entonces, la organización ha instalado más de tres mil paneles
fotovoltaicos en 400 proyectos solares, entre ellos Adjuntas Pueblo
Solar, la primera microrred urbana del país. Abastece a farmacias,
barberías, pizzerías y otros negocios, y mantiene frescos los
medicamentos de Olga Hernández. Cuando Puerto Rico se vio afectado por
el huracán Fiona en 2022, la electricidad se mantuvo en Adjuntas durante
nueve días, mientras que otras partes de la isla sufrieron apagones.
“No
hablamos de la independencia energética de una casa, sino de todo el
país. Puerto Rico puede generar toda su energía con el sol”, sostiene
Massol-Deyá.
El auge de las microrredes
El
calor excesivo está llevando al límite las redes eléctricas en toda
América Latina y el Caribe, donde millones de personas dependen de la
electricidad para conservar medicamentos, operar equipos médicos y hacer
frente a las altas temperaturas. La sequía puede afectar a la
generación de electricidad que depende de la energía hidroeléctrica.
Además, la demanda puede dispararse debido al aumento del uso de
ventiladores y aires acondicionados, lo que sobrecarga el suministro.
Las microrredes tienen “el potencial de salvar vidas”, según el Banco Mundial.
Un
manual de 2022 publicado por el Banco Mundial incluye estimaciones
según las cuales sería necesario implantar 217 mil microrredes para 2030
a fin de sustituir los sistemas y aparatos que generan energía a partir
del diésel y el queroseno. Afirma que esto proporcionaría acceso
universal a la energía limpia y evitaría 1.200 millones de toneladas de
emisiones de CO2 para 2030.
Estos sistemas ya están ganando adeptos en muchos países.
Según
un análisis, el mercado mundial de microrredes superó los 44 mil
millones de dólares en 2025. América del Norte representó la mayor
cuota, mientras que Asia Pacífico registra el crecimiento más acelerado.
En
América Latina y el Caribe, su despliegue sigue siendo incipiente y ha
estado históricamente vinculado a cerrar brechas de acceso a energía en
comunidades donde la red nunca llegó o funciona de forma intermitente.
En
2023, el mercado regional generó alrededor de 6.500 millones de
dólares, con Brasil a la cabeza. Las proyecciones apuntan a que podría
triplicarse hacia 2030, con un interés particular en países como Chile y
Perú, donde electrificar zonas remotas es prioridad.
En
Haití, Honduras y otros países, las redes de microrredes ya suministran
energía a comunidades que se encuentran fuera de la red eléctrica. El
Banco Mundial proyecta que, para 2030, más de seis millones de personas
en América Latina estarán conectadas a través de una red de 1.800
microrredes.
Cuando la electricidad llega al desierto
Las líneas
de transmisión eléctrica del sur de Perú no han logrado llegar hasta
Laguna Grande, un pueblo pesquero situado en la Reserva Nacional de
Paracas.
“Era imposible que llegara la electricidad por la lejanía y
porque es un área protegida”, explica Esther Saravia, pescadora y
presidenta del comité de electrificación de la comunidad, a Dialogue
Earth.
La electricidad llegó en 2016 mediante una microrred solar y
eólica, financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo y luego por
el Ministerio de Producción. Este sistema genera entre 25 y 35 kWh
diarios y ofrece una “fiabilidad operativa” del 97%, según el gobierno
nacional.
Laguna
Grande es un ejemplo clásico de cómo las microrredes pueden ser más
rentables que ampliar la red eléctrica en los países en desarrollo. Así
lo afirma Franco Canziani Amico, fundador de la empresa Waira Energía
que dirigió el proyecto: “Son la mejor alternativa cuando la red
eléctrica no llega y, aun cuando pudiera llegar, suelen ser más
competitivas para proveer energía limpia y local”.
En Laguna Grande,
la energía cuesta 0.30 dólares por kWh, mientras que un grupo
electrógeno va de 0,37 a 0,74 dólares, según Canziani Amico. Ese sistema
funciona a prepago y ese dinero asegura el mantenimiento.
Aunque no
hay hospitales en Laguna Grande, el impacto en la salud ha sido
inmediato. Antes, sin refrigeración, el pescado se perdía. “Traíamos
hielo todos los días”, dice Saravia, quien ahora conserva alimentos en
una congeladora. “Nos ha cambiado la vida”, sentencia.
Para Renato
Errea, de Socios en Salud, organización que ha instalado microrredes en
centros médicos de la Amazonía peruana, el acceso a energía es
determinante para la salud, sobre todo para menores de cinco años y
adultos mayores. “La electricidad permite refrigerar alimentos y evitar
enfermedades, como intoxicaciones y diarreas, además de sopesar las olas
de calor”, sostiene a Dialogue Earth.
Varios estudios también
relacionan las microrredes con la reducción de la pobreza y la
desigualdad, ya que ofrecen electricidad más barata y confiable. Esto
también puede aportar beneficios adicionales para la salud, ya que la
pobreza suele ser un factor que influye en la mala salud.
Preparándose para el calentamiento global
Es
probable que el calentamiento global empeore los problemas de energía
eléctrica para las personas que no cuentan con sistemas resilientes en
los que confiar. Se prevé que las olas de calor sean más frecuentes,
intensas y prolongadas en toda América Latina.
En México, donde la
cobertura eléctrica supera el 99%, las olas de calor han puesto la red
al límite. En 2024 y 2025, varios estados sufrieron apagones cuando la
demanda energética se disparó.
Hay dos fuerzas que se están juntando: urgencia y oportunidad. Y esa combinación puede acelerar el despliegue de las microrredes
Alejandro Solís Tenorio, experto en energías renovables de la Universidad Autónoma de Guadalajara
“Nunca
había visto una crisis de transmisión y de generación ocurriendo al
mismo tiempo en México”, explica a Dialogue Earth Alejandro Solís
Tenorio, experto en energías renovables y director de la Escuela de
posgrados en ciencia de datos e inteligencia artificial de la
Universidad Autónoma de Guadalajara.
En ese escenario, las
microrredes pueden prevenir interrupciones críticas. “Hospitales,
cadenas de frío y servicios esenciales no pueden darse el lujo de
apagarse en una ola de calor”, afirma Solís Tenorio. Por ejemplo, al
norte del país, en Mexicali, donde las temperaturas superan los 50 °C en
verano con apagones constantes, se planea instalar paneles solares para
cubrir 150.000 viviendas en 2030, además de microrredes en comunidades
aisladas. Las empresas de Mexicali también están impulsando las
microrredes.
“Hay dos fuerzas que se están juntando: urgencia y
oportunidad. Y esa combinación puede acelerar el despliegue de las
microrredes”, concluye Solís Tenorio.
En Puerto Rico, más de 48 mil
personas sobreviven con equipos médicos que necesitan energía. A ellas
se les llama electrodependientes, y una de ellas es Iluminada Vélez, de
93 años, cuya máquina de oxígeno ahora funciona sin interrupciones por
la energía solar.
“Sin energía solar, quizás se hubiera muerto”, cuenta su yerno Jaime.
Esta
historia forma parte del trabajo de Dialogue Earth en el proyecto
Community Adaptations to City Heat (CATCH), en colaboración con la
Universidad de Boston. El proyecto está financiado por Wellcome. Todo el
contenido de Dialogue Earth es editorialmente independiente.
Fuente: https://dialogue.earth/es/energia/sin-energia-solar-se-hubiera-muerto-microrredes-energeticas/



