¿Quién gana realmente en la puja de EEUU por los minerales críticos?

África suministra los minerales para el auge tecnológico, pero no obtiene sus ganancias: La carrera global por la supremacía tecnológica depende hoy del cobalto, el litio, las tierras raras y el coltán: los minerales que hacen posible desde las baterías de vehículos eléctricos hasta los semiconductores y los sistemas de inteligencia artificial (IA). Las tierras raras, un grupo de 17 metales esenciales para la electrónica y las tecnologías de defensa, y el coltán, el mineral utilizado para producir tantalio para teléfonos inteligentes y componentes aeroespaciales, se han convertido en los pilares del poder del siglo XXI. Quien controle su suministro, controla la infraestructura de nuestra era digital.

Lyla Latif

China entendió esto hace décadas y construyó un cuasimonopolio, dominando alrededor del 70% de la minería mundial de tierras raras y aproximadamente el 90% de la capacidad de procesamiento que convierte el mineral en material utilizable. Estados Unidos y sus aliados ahora luchan por ponerse al día. Sin embargo, un detalle que suele omitirse en la cobertura de esta competencia es que la mayor parte de esos recursos estratégicos se encuentran en suelo africano.

La República Democrática del Congo (RDC) por sí sola posee cerca del 70% de las reservas mundiales de cobalto, además de vastos yacimientos de coltán y cobre. Zambia, Zimbabue, Tanzania y Mozambique cuentan con importantes reservas de grafito, litio y níquel. África no ocupa un lugar periférico en la economía tecnológica; es su piedra angular. Pese a ello, sus productores siguen atrapados en el eslabón de menor valor en la cadena de suministro, exportando minerales en bruto y cediendo el refinamiento, la fabricación y los márgenes de ganancia a otros países.
Fue en este contexto que el 4 de febrero de 2026 Estados Unidos celebró su primera reunión ministerial sobre minerales críticos. Más de 50 países se reunieron en el Departamento de Estado para anunciar un bloque comercial preferencial – en la práctica, un club que ofrece condiciones comerciales favorables entre sus miembros – junto con precios mínimos coordinados, diseñados para estabilizar los mercados minerales. También se presentó una nueva alianza, FORGE, así como el Proyecto Vault, una reserva estratégica de 12.000 millones de dólares destinada a proteger a la industria estadounidense frente a interrupciones en el suministro.
El vicepresidente JD Vance habló de poner fin a la dependencia de proveedores extranjeros. El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que las cadenas de suministro habían sido "instrumentalizadas". Se prometieron cientos de miles de millones de dólares en inversiones mineras. La narrativa visible era la de una coordinación occidental destinada a contrarrestar el dominio chino. La menos visible – y más determinante para África – comenzó antes.
De los conflictos a los contratos
En febrero de 2025, mientras los rebeldes del M23 que operan en el este de la RDC– con el respaldo de Ruanda – ocupaban las ciudades de Goma y Bukavu y desplazaban a millones de personas, el presidente Félix Tshisekedi le ofreció a su homólogo estadounidense Donald Trump acceso a los minerales críticos de su país a cambio de apoyo en seguridad. Cuatro meses después, los Acuerdos de Washington impusieron la paz entre la RDC y Ruanda y allanaron el camino para tratos bilaterales que otorgaron a las empresas estadounidenses acceso preferencial a los minerales congoleños. Para diciembre de 2025, el arreglo se formalizó en una ceremonia de firma donde Trump declaró que "todo el mundo va a ganar mucho dinero".
Respaldado por Estados Unidos, el día anterior a la reunión ministerial de este año, el consorcio Orion Critical Mineral firmó un memorando de entendimiento – un acuerdo comercial preliminar – con la suiza Glencore para adquirir una participación del 40% en dos de las mayores operaciones de cobre y cobalto que Glencore tiene en la RDC – Mutanda Mining y Kamoto Copper Company –, en una transacción de 9.000 millones de dólares. El consorcio obtuvo el derecho de venta directa a compradores designados. Glencore mantuvo el control operativo. Los intereses estratégicos estadounidenses aseguraron la producción.

Un joven tamiza piedras en una mina de cobalto y cobre en Kolwezi, RDC, 2025 | Michel Lunanga/Getty Images

Las implicaciones inmediatas son contundentes. Un país que negociaba bajo una intensa presión militar canjeó el acceso a sus activos geológicos más valiosos por una paz que sigue siendo frágil. Los combates continúan en el este de la RDC.

La RDC entró en estos acuerdos con una profunda vulnerabilidad, y el desequilibrio en el poder de negociación definió el resultado. Las implicaciones más profundas son estructurales. La arquitectura que Washington está construyendo no está diseñada para transformar a los países productores en economías industrializadas. Está diseñada para redirigir el flujo de materias primas lejos de las plantas de procesamiento chinas y hacia las occidentales.
Los precios mínimos coordinados pueden proteger a los inversores mineros de la volatilidad del mercado, incluida la presión a la baja de precios ejercida por compradores dominantes. No garantizan que los países productores capten mayores rentas fiscales – es decir, ingresos estatales derivados de los recursos naturales –.
Tampoco los acuerdos bilaterales firmados a toda prisa parecen ampliar el margen de maniobra política de los gobiernos africanos para imponer gravámenes a las exportaciones, exigir procesamiento local o establecer requisitos que prioricen mano de obra y proveedores nacionales. Históricamente, tales herramientas han sido fundamentales para que las economías ricas en recursos asciendan en la cadena de valor.

Lo que permanece en gran medida invisible en este régimen mineral emergente son las desigualdades que podría consolidar.

La primera es el precio. Estabilizar los precios de los minerales protege los cálculos de inversión en las capitales occidentales. No se traduce automáticamente en ingresos públicos estables o mejorados en Kinshasa, Lusaka o Harare. No existe un mecanismo claro que garantice que la empresa minera estatal de la RDC, Gécamines, o el tesoro congoleño se beneficien directamente de estos nuevos acuerdos. Los precios mínimos sin garantías de ingresos aseguran rendimientos para los inversionistas mientras dejan a los estados productores dependiendo de contratos negociados bajo presión.
La segunda es la gobernanza. Muchos arreglos bilaterales sobre minerales incluyen disposiciones de protección de inversiones y resolución de disputas que permiten a los inversores extranjeros impugnar cambios regulatorios mediante arbitraje internacional en lugar de tribunales locales. El Acuerdo de Asociación Estratégica Estados Unidos y la RDC exige entornos regulatorios "claros, predecibles y transparentes", un lenguaje que transmite estabilidad a los inversores, pero que puede limitar a los gobiernos que buscan revisar códigos mineros o introducir mandatos de procesamiento nacional a medida que reevalúan el valor de sus recursos.
La tercera desigualdad es industrial. La estructura del bloque comercial supone una división del trabajo conocida: los países africanos extraen; las economías occidentales refinan. Hay poco en FORGE o en el Proyecto Vault que sugiera inversiones a gran escala en capacidad de procesamiento de minerales en el continente africano. Sin ella, la generación de empleo, el aprendizaje tecnológico y el desarrollo industrial seguirán acumulándose en otros lugares.
La cuarta es geopolítica. A medida que los compromisos de suministro se aseguran con compradores designados y se acumulan protecciones a la inversión, el margen de maniobra se reduce. La capacidad de los estados africanos para alternar entre socios – ya sea China, India, los estados del Golfo o las potencias occidentales – disminuye a medida que quedan integrados en una arquitectura de cadenas de suministro centrada en Estados Unidos. Salir de tales acuerdos puede calificarse como inestabilidad o incumplimiento, elevando el costo político de la autonomía.
La economía tecnológica del siglo XXI, al igual que la economía industrial del XIX, se está construyendo sobre materias primas africanas extraídas bajo condiciones definidas en gran medida en otros lugares. El vocabulario ha cambiado. "Asociación estratégica" ha sustituido "concesión". "Resiliencia de la cadena de suministro" ha reemplazado a "preferencia imperial". Sin embargo, el patrón subyacente – insumos geológicos provenientes de África, valor capturado en Washington, Bruselas, Tokio y Beijing – sigue siendo notablemente familiar.
Hasta que los estados africanos productores de minerales cuenten con instituciones fiscales más sólidas, capacidad interna de procesamiento y poder de negociación colectivo para definir las condiciones de extracción, la revolución de los minerales críticos puede alimentar los sistemas de IA y la transición verde del mundo, mientras deja a las comunidades que viven sobre estos yacimientos con paisajes degradados y pocos beneficios.

Fuente: https://www.opendemocracy.net/es/estados-unidos-minerales-criticos-boom-tecnologico-ia-africa-beneficios/ - Imagen de portada: Sitio de minería de cobalto y cobre en Kolwezi, RDC 2025 | Michel Lunanga/Getty Images

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