Viva la hibris, carajo!

Entre decretos que desafían leyes y el silencio ante los sectores más vulnerables, Esther Díaz desarma la red de complicidades de la justicia actual. Una reflexión urgente sobre cómo la desmesura de los magistrados erosiona la Constitución y el destino de la patria: El término griego hýbris denota desmesura, insolencia, arrogancia, creerse superior. Quien se deja poseer por la hibris se convence de que puede transgredir las leyes según su conveniencia personal y, si se trata de justicia positiva; en lugar de ser neutral es errabunda. He aquí una posible definición de la actual Corte Suprema. La eticidad moral del grupúsculo es discutible. Haber aceptado semejante cargo a dedo dice mucho de ellos y de quienes ofrecen prebendas por debajo de la mesa sin mencionar siquiera la carencia de supremas mujeres, entre otras discriminaciones.

Por Esther Díaz

La Constitución se marchita por el mal uso de sectores de los poderes que, a veces, se prostituyen como taxi boy. ¡A propósito! los jueces, ¿no saben que un decreto no tiene legitimidad para anular una ley? Sí, obvio que lo saben, pero, como Ícaro, están poseídos por la hibris de la soberbia y los intereses.
Dédalo, según lo relata el poeta Ovidio en sus Metamorfosis, le advirtió a su hijo que no volara demasiado alto. Las alas eran de cera. Dédalo las había construido para huir de Creta. Pero Ícaro voló y voló. Se acercó demasiado al sol y a su final. El calor -lento al principio enardecido después- comenzó a derretir alas hechas por humanas, demasiado humanas criaturas. Ícaro se incineró.
Nuestros supremos están volando alto. Solo la intensidad de su hibris puede explicar su premura por habilitar que la patria sea vendida, o su silencio cuando se les quita derechos a los grupos vulnerables. ¿Por qué no son tan expeditivos cuando peligran los derechos de las mujeres, ancianidades, discapacidades y demás condenades de la tierra?
Las Moiras


En versión romana las Moiras son Parcas: Nona, Décima y Morta. Son las que tejen el destino humano. Por esos entramados de las Parcas, uno de nuestro trio cortesano -muy del bracete con su mujer- disfrutaba la vista de un magnífico San Martín de los Andes (hoy puesto en venta gracias al dictamen cipayo). El magistrado se “defiende” ante una vecina que le pide explicaciones por su increíble dictamen. Le contesta que ellos -los tres millonarios judiciales- lo único que hicieron fue rechazar la legalidad de los excombatientes. ¿Y qué legalidad tiene esta corte flojita de solidez electiva comparada con quienes arriesgaron su vida por la soberanía?
¿Quién juzga a quienes nos juzgan?
El pueblo les paga a los jueces, no son nuestros amos. Deberían ser reguladores imparciales de la ley. Nada más. Cobran mensualmente lo que no alcanzaría a cobrar un trabajador toda su vida. Privilegios mil. A pesar de todo, no juzgan con perspectiva de nación. En lugar de defender a su país, le habilitan la posibilidad de ser vendido a extranjeros. Curioso, ¿no?
Y resulta que estos supremos surgidos de roscas de poder y reunidos en paisajes paradisíacos (que le roban al pueblo) y con antiguos casos por resolver, eligen el de vender la patria, que es reciente. Raro, ¿no? 

La hibris presidencial
De modo intempestivo, Milei acusa a la oposición de haberle infringido siete golpes de Estado. Claro, quien nunca leyó la Constitución, no sabe que los pedidos de juicios políticos son legales y no derrotan gobiernos ni mucho menos. Y, volando casi tan alto como Ícaro, el creador del desarrollo económico con o sin dinero dice que expulsó del país treinta mil terroristas. ¿No será mucho? Hibris en estado puro y la cifra, además de falsa, es capciosamente significativa.
La hibris moviliza la antipatria que se dispone como mamushkas. La abarcadora es la mamushka ejecutiva, contiene a la mamushka judicial que, a su vez, engloba a la mamushka legislativa. Si bien existen legisladoras y legisladores que defienden la patria con honestidad. Pero a nivel general la división de poderes brilla por su ausencia.
Aporta a la confusión una variable tangencial pero que nos interpela. Me refiero a los laberintos del lenguaje. Palabras que eran vulgaridades tiempo atrás, pasan a significar fortaleza, otras inaceptables en ámbitos respetables, de pronto se repiten sin pudor.
¿Qué argentino exclamó por primera vez: “¡Viva la libertad, carajo!”? Un verdadero libertario. Un anarquista comprometido con la justicia social, la soberanía nacional y la lucha contra el capitalismo. Me refiero al historiador Osvaldo Bayer, autor del libro Los vengadores de la Patagonia trágica (1972), cuyo monumento en Río Gallegos ordenaron destrozar oscuros libertarios. Bayer, en un programa de Canal Encuentro, emitido en 1977, repite varias veces “¡Viva la libertad, carajo!”, expresión de resistencia epocal como “¡Viva Perón, carajo!”. Consignas emitidas contra quienes creyeron -erróneamente- que “muerto el perro se acabó la rabia”. Pero la rabia popular se acrecentó. La rabia era (para los reaccionarios) la ideología popular y progresista. Y esta nueva versión de personas aspiracionales defensoras de ricos y corruptos, ¿creen que nos olvidamos del 3%?, ¿o de la chabacanería millonarias de Adorni? ¿Y la puesta en venta del país que desgobiernan?
* * *
Nada disimula la carencia de formación y la abundancia de ambición del libertario, su ausencia de rigor académico, sus discutibles ética y política, su desvergonzada misoginia y homofobia, sus despilfarros en viajes para recibir premios pagados no se sabe por quién, o la inocultable crueldad con ancianidades, mujeres, discapacidades, jubiladas/os, niñeces autistas. No, no tapan el caos libertario. Al contrario, enardecen pasiones. Hay una línea de fuga. Hoy, las juventudes comenzaron a comprometerse con lo político. Fenómeno incipiente, pero se están involucrando. Se juntan en clubes, campañas solidarias, mantenimiento de la memoria. Corren tras sus proyectos originarios, refuerzan la idea de comunidad y -lo más alentador- ante el peligro de perder los derechos, militan por la educación, la salud y el bienestar general. Sin hibris, pero con firmeza. Pues -a diferencia de lo que dicen los supremos para justificar su sentencia “inmobiliaria”- la Constitución Nacional reconoce la soberanía popular y, en la práctica, siguiendo la lucha de los excombatientes de Malvinas, se impone la obligación de defender la soberanía total, no solo la del “mapita”.

Fuente:  https://www.pagina12.com.ar/2026/10/09/viva-la-hibris-carajo/ - Imagen de portada: Esther Díaz Sebastian Freire 

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