¿Qué democracia?




La pregunta es ambigua : puede referirse a la democracia que tenemos o a la democracia que queremos. Pero son las dos peguntas las que deben contestarse. Esto quiere decir que a un mismo significante le damos dos significados. El significante tiene en sí un peso y es este peso el que mantiene los dos significados enlazados. De otra manera no tendría sentido mantener una misma palabra.
En todo caso democracia se refiere tanto a discursos como a prácticas. Es decir que democracia puede ser algo que decimos y algo que hacemos. Cuando queremos precisar quien dice y quien hace el tema se vuelve aún más complejo. Porque podemos hablar del poder o de movimientos contra el poder. El poder ha elaborado un discurso sobre la democracia que funciona como ideología, ya que esta palabra ha adquirido un prestigio en el imaginario colectivo, cosa que no comienza sino a partir del siglo XIX. Una ideología para justificar un Estado que es oligárquico, aunque pueda contener elementos democráticos. No vivimos en el Reino de España ( ni en la mayoría de estados europeos) en un Estado de excepción permanente ni tampoco en una Dictadura, ni en un fascismo postmoderno. Vivimos en un Estado oligárquico ( manda el poder económico y el burocrático)con elementos democráticos ( libertades políticas, aunque sean limitadas), sufragio universal, igualdad jurídica. Aunque haya un claro retroceso en lo que es democrático y un refuerzo de lo que es oligárquico. Esto es lo que hay y lo digo dando a la palabra democracia el significado que le da sentido : autogobierno de los ciudadanos autónomos y garantía universal de derechos.
Democracia real sería entonces la que queremos y la que se adecua a este uso. Es entonces un discurso emancipador que se refiere tanto a movimientos sociales como a formas de poder alternativas. Jacques Rancière no explica muy bien el primer sentido : movimientos por la igualdad política de los que no aceptan la exclusión total o parcial al que le somete el orden establecido. El movimiento de los indignados y el 15-M serían una buena y actual expresión de lo que hablamos. Es también una propuesta política, cuyo mejor teórico ha sido Cornelius Castoriadis. Ciudadanos formados y autónomos que deciden sobre las leyes que defienden su libertad y sus derechos, un bien común construido entre todos. Democracia más directa ( referendums decisorios , asamblea de ciudadanos, tribunales populares, comisiones de ciudadanos elegidos al azar para elaborar propuestas...); políticos no profesionales y de mandato limitado; listas abiertas y representantes con libertad de voto...); poder político decisorio sobre el económico ( con una banca pública, por ejemplo). Entre todos hemos de pensar como podemos desarrollar esta transformación de la democracia que tenemos a la democracia que tenemos. 

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El sí de cada no
La superstición de la paloma


En la película Mr. Nobody, de Jaco Van Dormael, asistimos a un experimento conocido. Una paloma acciona una palanca y por un pequeño ventanuco se le suministran semillas para comer. Como la mayoría de los seres vivos, la paloma asocia enseguida el accionar la palanca con la recompensa. Pero a continuación un temporizador suelta la comida de forma automática cada 20 segundos. La paloma se pregunta: “¿Qué he hecho para que me la den?”. Si en ese momento estaba aleteando, continuará aleteando, convencida de que sus actos tienen una influencia decisiva en lo que ocurre. Lo llamamos superstición de la paloma.
Ha venido la crisis, el temporizador ya no proporciona comida sino hambre, pero seguimos aleteando, como si en cualquier momento eso fuera a traernos de vuelta el plato de semillas. Aún hoy se recuerda a las palomas que dijeron: quien pone el plato de comida no es libre de ponerlo cuando quiere ni cuando la paloma mueve las alas. El sustento de millones de trabajadores y trabajadoras no depende de que algunos se reúnan y fijen un precio y una tasa de ganancia. Su sustento depende de un mecanismo –capitalismo– que obliga a destinar una parte cada vez mayor de la plusvalía al capital fijo, con la interesada mediación del capital financiero, de manera que cada cierto tiempo la retribución de la clase trabajadora se quiebra y surge la sobreproducción. Entonces caen palomas; entonces, con violencia, se amplía el número de lugares y plazas donde ir a apresarlas y también se vuelven a extraer recursos del planeta que va quedando exhausto.
Algunas palomas vuelven a obtener un plato de comida pero muchas caen, la comida empeora y lleva ya su parte de veneno. No se trata de aletear, se trata de derribar las jaulas y organizar la manutención, porque “los capitalistas no son libres (Brecht) para fabricar tantos trajes como sean necesarios. Sólo pueden fabricar tantos trajes como admite el mercado”. Sólo son libres cuando eligen y refuerzan el sistema que obliga a enloquecer palomas. Dejemos, por tanto, el discurso de la codicia y la falta de responsabilidad y la estupidez del temporizador. Los temporizadores no razonan. Podemos apagarlos, dejarlos atrás. Llamamos a esto: revolución.

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