Bolivia: ¿Por qué está en peligro la Reserva de Sama?

    •    El sobrepastoreo y la construcción de una carretera, sumados a las intensas y prolongadas sequías, generan un impacto significativo en el frágil ecosistema del altiplano de Sama.
    •    El agua es el recurso más afectado pese a ser un área protegida y un humedal de importancia internacional.
Tarija podría perder una de sus principales fuentes de agua y quienes lo dicen no exageran. La Reserva Biológica de la Cordillera de Sama, que abarca más de 108 000 hectáreas y que está situada al sur de Bolivia, está amenazada por la presión que ejercen la ganadería y la construcción de vías no fiscalizadas, así como por el fenómeno global del cambio climático. Esta área protegida provee de agua a la ciudad de Tarija y el valle central que la rodea.


por Irina Quiroga

Se trata de una reserva diversa que presenta distintos climas, paisajes y ecosistemas, que le aportan posibilidades productivas. Y estas características están determinadas por su variación altitudinal que va desde los 2020 msnm y que asciende hasta los 4706, el punto más elevado de la cordillera
Alba Gareca, monitora ambiental del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), cuenta que por estas particularidades ecosistémicas se decidió crear la reserva, aunque señala que el objetivo principal era conservar las fuentes de agua porque “la cordillera alimenta de agua a toda la cordillera y al valle central”.
Basta observar las 20 lagunas que alberga la reserva, dos permanentes y 18 estacionales, para entender la importancia de su conservación. Y a esto se suma que la  cuenca de Tajzara, que forma parte de la reserva, fue declarada como sitio Ramsar hace 18 años, es decir, es un humedal de importancia internacional.
Pero, como lo dijimos al inicio del texto, existen tres razones por las que esta área protegida podría dejar de proveer de agua y otros servicios ecosistémicos a la ciudad de Tarija.
Clima violento
El calentamiento global se ha convertido en uno de sus principales enemigos y esto lo confirman autoridades y expertos en esta problemática ambiental.
Mientras Alba Gareca conversa con Mongabay Latam sostiene entre sus manos un Plan de Manejo para la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama, a ejecutarse entre el 2017 y 2026, en el que los pronósticos de los efectos del cambio climático en la reserva se plantean como “desalentadores”.
Según el documento de trabajo,  las variaciones en el clima se perciben hoy con mayor intensidad en la zona más alta de Sama, allí donde el frío, la lluvia y el viento se reportan cada vez más extremos. “Antes lo normal era que las lluvias comenzaran en octubre y se extendieran hasta marzo o abril, en cambio hoy comienzan en diciembre, a veces en enero. Además de ser periodos cortos,  las lluvias son más agresivas, son tormentas, lluvias que causan riadas y luego les siguen períodos largos de sequía”,  explica Claudia Oller, responsable de áreas protegidas de la organización medioambiental Prometa.
El viento extremo que solía impactar la reserva durante dos meses del año, hoy puede aparecer en cualquier momento, narra Oller, que es cuando se reportan “fuertes ventarrones”. Y agrega que lo mismo ocurre con las heladas, “ahora pueden ser en cualquier época y afectar el ciclo, el calendario agrícola y la producción”.
El cambio climático lo perciben claramente los comuneros de la zona quienes aseguran que hoy es muy difícil predecir los resultados de una siembra.
Las fuentes de agua de Sama abastecen a la población de Tarija, ciudad ubicada al sur de Bolivia. Foto: Sernap

“La helada es lo peor que nos pasa en esta zona donde producimos haba, papa, cebada, cebolla. Por ahora todo está bien, todavía no ha helado este año, yo creo que va a haber cosecha, esperemos que no pase nada”, comenta esperanzado Juvenal Galeán, habitante de Vicuñayo, comunidad de la cuenca de Tajzara.
Galeán hizo estas declaraciones a fines de febrero y a mediados de marzo, tan solo dos semanas después, se reportaron heladas que afectaron la producción de al menos 1000 familias en la zona alta de Tarija, esto cuando aún no termina el verano.
“Este año ya hubo una granizada y  eso nos ha arruinado el ajo, ya no sirve para nada porque ha destrozado la planta y lo hemos sacado sin madurar, ya no se puede vender”, comenta Hilda, una comunera de Pasajes quien asegura que las granizadas y heladas son fenómenos cada vez más frecuentes en la región.
Pero si hay un evento ambiental en el que se hace evidente el cambio brusco en el clima, es la sequía.
Las autoridades sostienen que esta es cada vez más recurrente y prolongada. Y que, más allá de la pérdida de cosechas y animales, provoca un desequilibrio medioambiental que puede ser irreversible.
En 2017, las lagunas de Tajzara se secaron, principalmente la laguna grande, una de las dos lagunas permanentes que conforman los humedales. Las autoridades encargadas de velar por la reserva de Sama culparon al cambio climático.
“Existe un desequilibrio vinculado al calentamiento global, hay un efecto que se ve en el clima que está muy variable —explica la monitora ambiental del Sernap, Alba Gareca— . Esto ha hecho que suban las temperaturas y además de que las temperaturas son altas, las precipitaciones son menores y el tiempo de sequía es más largo”.
Estas lagunas son parte fundamental del ecosistema de la Reserva Biológica de Sama por lo que ha causado un importante impacto ambiental el hecho de que se secaran, sostiene la experta.
Fauna en peligro
La mortandad de aves cuando se secaron las lagunas se hizo evidente sobre todo en aquellas especies que no podían migrar como la soca cornuta (Fulica Cornuta), un tipo de pato. “La Fulica vive aquí y anida aquí. Cuando se secaron las lagunas no había totora, que es un tipo de alga con la que las aves hacen sus nidos y también se alimentan, lo que provocó la mortandad de una gran cantidad de aves, unas cuatrocientas que murieron en 2017”.
Al no haber alimento en la laguna, las aves se acercaban a los terrenos de cultivo y ahí se producía un conflicto con los pobladores. Al margen de ello, el comer alimentos no apropiados les producía desnutrición y deshidratación.
También hubo mortandad provocada por la búsqueda de agua que llevaba a las aves a acercarse a la carretera, en donde los espejos de agua las atraían y en muchos casos morían atropelladas.
La soca cornuta figura en estado de Amenaza en el libro rojo —explica Gareca— y agrega que se espera que se recupere la población de esta especie ahora que se ha recuperado el agua en la laguna y ya se observa el crecimiento de totora.
La sequía también afectó al ganado de los campesinos. Las vacas y las ovejas morían de sed o buscando agua. “Yo tenía seis vacas y me he quedado con una nomás que tiene su ternerito. Mis ovejas también se han ido muriendo, iban a buscar agua a la laguna y se quedaban metidas en el pantano, ya no podían salir y se morían ahí”, cuenta doña Hilda, comunera de Pasajes.
El clima en la región genera un impacto importante en la reserva, sin embargo, existen otros factores relacionados con la acción del hombre que están incidiendo y agravando el problema.
Ganadería sin límites
La cría de ovejas, llamas y vacas nació como una salida para enfrentar la pobreza en las zonas más altas, pero en el camino el sobrepastoreo, como lo explica Alba Gareca del Sernap, se convirtió en una amenaza para el equilibrio medioambiental de la reserva de Sama.
“Tenemos varias actividades identificadas en la zona, una de ellas es el sobrepastoreo porque no se produce forraje suficiente para los animales y por eso hay menos cobertura vegetal”, señala.
De acuerdo al biólogo Gonzalo Torrez, los animales han comenzado a comer más de lo que la reserva puede generar como alimento y al ser un ecosistema frágil se genera un desequilibrio.
“En la zona alta se ha incentivado la cría de llamas para la producción de la lana y no se ha calculado que no puedes introducir fauna que se comerá lo poco que hay de flora —aclara Torrez—. Las vacas comen todo y arrancan más de una especie a la vez, la oveja come lo que le gusta y va homogeneizando las especies de fauna porque deja lo que no le gusta, y eso va generando ciertos desequilibrios”.
Cuando empezó el programa de cría de llamas en el 2001, lo que buscaba Prometa era contrarrestar otra actividad productiva que afectaba a la reserva: la crianza de burros, explica la responsable de áreas protegidas de la institución, Claudia Oller. Estos animales, antes de la construcción de carreteras y caminos, eran fundamentales para el transporte de carga, pero cuando dejaron de ser útiles siguieron reproduciéndose indiscriminadamente.
“Antes había gran cantidad de burros y ovejas, y la sobrepoblación de burros era lo que más preocupaba porque el burro come día y noche, y estaba afectando las zonas de pastoreo”, señala Oller. Lo mismo ocurría con las ovejas debido a la forma de alimentación de estos animales.
Por eso es que deciden introducir llamas, porque “la llama no arranca de raíz las plantas sino que come solo las hojas”, explica la experta de Prometa.
Pero ahora deben enfrentar el problema del sobrepastoreo. Alba Gareca del Servicio Nacional de Áreas Protegidas menciona como una salida la introducción de forraje altoandino, sin embargo, reconoce que por ahora no hay proyectos y que debería priorizarse la construcción de infraestructura de riego tecnificado, para dejar de desperdiciar agua y optimizar el uso de este recurso.
Gonzalo Torrez menciona que no hay que pasar por alto otro efecto de la crianza de ganado: la capacidad que tienen de compactar la tierra quitándole oxígeno. “Lo dejan liso y sin protección, sin vegetación, lo que posteriormente favorece la erosión”,  al entorpecer la infiltración del agua que es vital para el ecosistema de la cuenca de Tajzara.
Todos estos aspectos tienen un efecto sinérgico, explica Torrez. “Cuando los juntas a la sequía pueden tener un gran impacto y tener algo que ver con los cambios que se van observando”. Por ello, considera que es importante que en la implementación de los proyectos haya conocimiento técnico de lo que se va haciendo.
La carretera que atraviesa la reserva
Además del cambio climático y las actividades productivas, la construcción de carreteras ha tenido un impacto ambiental importante en la reserva de Sama y de acuerdo a lo que explica Gareca, tiene que ver fundamentalmente con trabajos que no han contemplado de manera estricta lo que indican las normas ambientales para una reserva biológica.
Armando Condori, comunero de Copacabana, se refiere a los cambios que se han producido en el paisaje de la zona a partir de la construcción de la carretera. “Antes cuando no había la carretera podíamos ver a las vicuñas que siempre andaban por aquí en tropitas, pero ahora no se las ve, a donde se habrán ido, han tardado en hacer el camino y ya se han acostumbrado a otros lugares”.
Se refiere a la carretera doble vía Copacabana–Iscayachi–Yunchará que atraviesa la cuenca de Tajzara, en la que no se han hecho las obras necesarias para preservar el ecosistema y no se ha realizado el cierre ambiental que corresponde, según explica Alba Gareca, y eso ha afectado la hidrología de la zona, lo que ha contribuido también a que las lagunas se hayan secado.
“No se ha terminado la carretera y mucho menos se ha hecho el cierre ambiental que consiste en la reconformación del terreno. Para hacer un camino a veces se hacen caminos paralelos para que sigan transitando vehículos, se saca tierra de algunos lugares o se amontona tierra en un sector y luego se debe hacer la limpieza para reconformar el terreno para que sea como era antes del proyecto y eso no se ha hecho”.
Además, para construir la carretera se ha elevado la plataforma para evitar que el camino se inunde y si no se han hechos las obras complementarias se ha afectado también a la fauna de la zona, principalmente a la vicuña que transitaba por este corredor biológico.
“Esta carretera tiene un corte considerable a la altura de Chorcoya y eso ha afectado también el corredor de la fauna”, explica Gareca.
La vicuña es un animal silvestre que habita naturalmente en la reserva de Sama. Antes de la creación de la reserva en 1991, tanto las vicuñas como los venados y cóndores eran especies amenazadas. “A partir de la creación de la reserva se les hizo un seguimiento para ver cómo evolucionan, se prohibió la caza y la vicuña ha tenido un crecimiento exponencial”.
Sin embargo, explica Gareca, desde hace algunos años la población de vicuñas se mantiene sin cambios debido a que no hay las condiciones que le permitan crecer poblacionalmente porque los caminos, los cultivos, los puentes y otras modificaciones van reduciendo su hábitat.
Venados registrados dentro del área protegida. Foto: Sernap.

“La vicuña antes de la carretera transitaba por este corredor de fauna cuando era camino de tierra y al mismo nivel, ahora este camino tiene un corte profundo que le impide a las vicuñas cruzarlo y tendrían que ir a dar la vuelta acercándose a las casas pero esto no lo van a hacer y por otro lado su hábitat que era extenso se ha cortado en dos”, sostiene.
Según explica la monitora ambiental del Sernap, se trata de una negligencia por parte de las empresas que hacen las obras de construcción y también la falta de vigilancia de las autoridades. Señala que en muchos casos las empresas no toman en cuenta lo que indica la licencia ambiental que les otorga el Ministerio de Medio Ambiente y simplemente prefieren pagar lo que corresponda luego de un proceso administrativo.
“El problema es cuando no cumplen las medidas ambientales, la licencia ambiental tiene carácter de declaración jurada pero no hay cumplimiento efectivo durante la construcción, y ahí se inicia un proceso y este proyecto tiene varios procesos administrativos,  hay muchos proyectos que tienen procesos que han tenido que pagar o han tenido que subsanar”.
El Sernap está gestionando reuniones con el Gobernador que es el representante legal de la obra para que se haga el cierre ambiental de este proyecto que se inició en la anterior gestión de gobierno departamental y no se ha concluido hasta el momento.
“El representante legal del proyecto es el Gobernador, aunque se haya iniciado el proyecto en una anterior gestión. La deuda se hereda a la siguiente autoridad y los delitos ambientales no prescriben”, explica Gareca, quien asegura que es de vital importancia para la reserva que se haga este cierre ambiental aunque reconoce que no será pronto porque es todo un nuevo proyecto que implica mucho trabajo y recursos económicos para lograr que la zona vuelva a tener sus características originales.
Sobre el tema se consultó al director de Servicio de Gestión Integral del Agua de la Gobernación, Alfonso Blanco López, quien mantuvo conversaciones con los funcionarios del Servicio Nacional de Áreas Protegidas en fechas pasadas, de acuerdo a la monitora ambiental del Sernap. Blanco explicó que la Gobernación por ahora se encuentra analizando la problemática de la carretera Yunchará-Iscayachi-Copacabana y el cierre ambiental necesario para esta obra que además está inconclusa. De acuerdo a Blanco, no se tiene una fecha definida, por el momento, para responder a las inquietudes del Sernap.
Mientras tanto, la obra afecta el corredor que utiliza la fauna y a esta panorama hay que sumarle las sequías.
“La sequía ahora ya es todos los años y qué vamos a hacer, los animales se mueren, la cosecha se pierde y la gente se va”, comenta resignadamente Juvenal Galeán, mientras participa de la jornada de siembra de plantines en la comunidad de Vicuñayo, ubicada en la cuenca de Tajzara. Este proyecto que es impulsado por el Ministerio de Medio Ambiente en coordinación con el Sernap y otras instituciones, busca crear un bosque con árboles nativos como la quewiña (Polilepis) y la kiswara (Buddleja), cuyas raíces permiten retener el agua que alimenta las lagunas en la época seca.
Aunque Galeán considera que tener un bosque en su comunidad, en la que solo crecen pequeños arbustos y pastizales, es desde todo punto de vista positivo y un gran anhelo, sabe que no será fácil para los comuneros conseguir que los plantines prosperen y se conviertan en árboles.
La siembra de especies nativas y la reforestación para recuperar las más de 10 000 hectáreas de bosque y pastizales afectados por el incendio de 2017, forman parte de las estrategias que las autoridades están implementando como medida inicial para reducir los efectos del cambio climático.
“Este es un proyecto que queremos replicar también en otras comunidades de la reserva para tener bosques nativos y que ayude a conservar el agua, el suelo”, explica Gladys Alarcón, alcaldesa del municipio de Yunchará.
Un pequeño grano de arena en la compleja problemática del manejo de la Reserva de Sama. Las instituciones de gobierno tienen hoy el reto de encontrar un equilibrio entre la implementación de iniciativas sostenibles que mejoren las condiciones de vida de la gente y que no signifiquen un impacto para el área protegida. Más aún tratándose de 100 000 hectáreas que son protegidas por siete guardaparques.


Fuente: https://es.mongabay.com/2018/04/bolivia-carretera-reserva-de-sama/?utm_source=Latam&utm_campaign=98e10985ab-EMAIL_CAMPAIGN_2018_04_09&utm_medium=email&utm_term=0_e3bbd0521d-98e10985ab-71089191- 
Foto de portada: La cuenca de Tajzara: Sernap.

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