El herbicida más polémico del mundo vuelve a cubrir bosques de EE.UU.
El glifosato volvió al centro del debate ambiental tras los reportes sobre su expansión en montañas y bosques de Estados Unidos durante la administración Trump. Lo que durante décadas fue visto como una herramienta agrícola para controlar malezas, hoy aparece ligado a una discusión mucho más profunda sobre salud pública, biodiversidad y el futuro de los ecosistemas forestales. Mientras el gobierno estadounidense defiende su uso como una estrategia necesaria para la productividad y la recuperación de áreas incendiadas, científicos y organizaciones ambientales alertan sobre los efectos acumulativos de un químico que ya está presente en suelos, agua y alimentos alrededor del mundo.
por Carolina Gutiérrez Argüelles
El glifosato: el herbicida más utilizado del planeta
El glifosato es un herbicida de amplio espectro desarrollado en los años setenta y comercializado masivamente por Monsanto bajo el nombre Roundup. Su función consiste en bloquear una enzima esencial para el crecimiento de las plantas, provocando que mueran en pocos días. Gracias a su eficacia y bajo costo, se convirtió rápidamente en el químico más utilizado en la agricultura moderna.
Su popularidad aumentó todavía más con la aparición de cultivos transgénicos resistentes al glifosato, especialmente maíz, soya y algodón. Esto permitió fumigar enormes extensiones agrícolas sin afectar la cosecha principal. Actualmente se aplican millones de toneladas al año en distintos países, y su presencia se extiende mucho más allá de los campos de cultivo: carreteras, jardines, áreas forestales y montañas forman parte de los nuevos territorios donde este químico se utiliza de manera intensiva.
Montañas, incendios y herbicidas: el nuevo escenario ambiental
En 2026, la administración Trump impulsó nuevas medidas para proteger e incrementar la producción doméstica de glifosato en Estados Unidos. Una orden ejecutiva firmada en febrero declaró este herbicida como un asunto relacionado con la “seguridad nacional”, argumentando que resulta esencial para garantizar estabilidad agrícola y mantener la productividad de cultivos estratégicos.
Paralelamente, el Servicio Forestal de Estados Unidos expandió programas de aplicación de herbicidas en montañas y bosques nacionales, especialmente en zonas afectadas por incendios forestales o destinadas a explotación maderera. El objetivo oficial es acelerar el crecimiento de especies comerciales eliminando vegetación considerada competidora. Sin embargo, organizaciones ambientales advierten que estas fumigaciones podrían alterar ecosistemas completos y aumentar la contaminación en agua, suelos y hábitats silvestres.
La pregunta que sigue sin respuesta: ¿qué provoca realmente el glifosato?
La gran controversia alrededor del glifosato comenzó en 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), perteneciente a la OMS, lo clasificó como “probablemente cancerígeno para humanos”. La evaluación se basó principalmente en estudios relacionados con linfoma no Hodgkin, además de evidencia de daño genético y estrés oxidativo.
Aun así, agencias regulatorias como la EPA de Estados Unidos y la EFSA de Europa sostienen que el glifosato presenta un riesgo bajo cuando se utiliza bajo las condiciones autorizadas. Esta diferencia de posturas mantiene abierta una discusión científica que sigue generando tensión entre investigadores independientes, gobiernos y empresas químicas. Lo que más preocupa actualmente son las exposiciones prolongadas en trabajadores agrícolas, habitantes cercanos a zonas fumigadas y ecosistemas expuestos de manera constante durante años.
Lo que desaparece cuando el glifosato cae sobre un bosque
Más allá del debate sobre salud humana, el impacto ambiental del glifosato preocupa cada vez más a especialistas. Aunque el químico se degrada relativamente rápido en ciertas condiciones, puede llegar a ríos y lagos mediante escorrentía o dispersión aérea. Cuando esto ocurre, afecta microorganismos, insectos, anfibios y especies vegetales fundamentales para el equilibrio ecológico.
Los bosques representan uno de los escenarios más delicados porque funcionan como redes vivas donde plantas, hongos, bacterias y animales mantienen relaciones invisibles entre sí. Cuando grandes áreas son fumigadas, no solo desaparecen malezas: también se altera la biodiversidad que sostiene esos ecosistemas. Algunos estudios incluso señalan que el uso intensivo del glifosato ha favorecido la aparición de “super malezas” resistentes, obligando a utilizar dosis mayores o combinar nuevos herbicidas.
La guerra química contra lo que crece libre
El regreso del glifosato a los titulares refleja algo más profundo que una discusión agrícola. Habla de una forma de entender la naturaleza como un territorio que puede modificarse, corregirse o controlarse químicamente para responder a necesidades económicas y productivas. Pero los ecosistemas rara vez reaccionan de forma simple: cada intervención deja efectos visibles e invisibles que pueden permanecer durante décadas.
Mientras el glifosato continúa expandiéndose sobre montañas y bosques estadounidenses, la discusión sigue creciendo entre quienes defienden su utilidad y quienes observan con preocupación el impacto acumulativo sobre el planeta. En un mundo marcado por incendios forestales, pérdida de biodiversidad y crisis climática, la pregunta ya no parece ser únicamente si este herbicida funciona, sino cuánto está cambiando silenciosamente el equilibrio natural que sostiene la vida.
Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/glifosato-herbicida-trump/




