Estuvo oculto durante 4 millones de años: descubren el ajolote más antiguo de México
Los ajolotes parecen pertenecer a otro tiempo. Con sus branquias que semejan pequeñas ramas rojas y su extraordinaria capacidad para regenerar partes del cuerpo, estos anfibios han inspirado mitos, investigaciones científicas y esfuerzos de conservación. Ahora, un descubrimiento realizado en Hidalgo permite mirar aún más atrás en su historia: hacia un mundo desaparecido donde un antiguo ajolote nadaba en las aguas tranquilas de un lago que ya no existe.
por Carolina Gutiérrez Argüelles
El fósil de ajolote más antiguo de México emerge desde el Plioceno
Investigadores mexicanos describieron una nueva especie fósil llamada Ambystoma quetzalcoatli, considerada el registro más antiguo conocido del género Ambystoma en México. Los restos tienen una antigüedad de entre 4.2 y 4.6 millones de años, lo que los sitúa en el Plioceno tardío, una época en la que el planeta experimentaba profundas transformaciones climáticas y ecológicas.
El hallazgo marca un acontecimiento relevante para la paleontología nacional. No solo amplía la historia conocida de los ajolotes, sino que también representa la primera salamandra fósil nombrada formalmente en México, una pieza clave para reconstruir la evolución de uno de los grupos animales más singulares del país.
Un lago desaparecido conservó una cápsula del tiempo
Los fósiles fueron encontrados en Sanctorum, cerca de Santa María Amajac, Hidalgo. Hoy, la región muestra un paisaje muy distinto, pero hace millones de años era un extenso ambiente lacustre rodeado de vegetación y abundante vida silvestre. Donde ahora predominan condiciones más secas, alguna vez existió un ecosistema acuático capaz de sostener peces, insectos, anfibios, reptiles y una gran diversidad de plantas.
Los sedimentos de aquel antiguo lago conservaron una memoria geológica extraordinaria. Entre sus capas permanecieron ocultos esqueletos casi completos de salamandras, algo excepcional debido a la fragilidad de sus huesos. Cada vértebra, cada fragmento de cráneo recuperado por los investigadores funciona como una ventana hacia un ecosistema perdido que permaneció en silencio durante millones de años.
Ambystoma quetzalcoatli, un habitante ancestral de las aguas mexicanas
Los análisis anatómicos revelaron que esta especie compartía una característica fascinante con el ajolote moderno: la neotenia. En otras palabras, alcanzaba la madurez sexual sin abandonar rasgos juveniles, permaneciendo durante toda su vida ligada al medio acuático.
Los científicos identificaron además diferencias importantes en la estructura del cráneo, suficientes para reconocer una especie desconocida hasta ahora. El nombre quetzalcoatli rinde homenaje a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada asociada al conocimiento, el viento y la transformación. No es una elección casual: el fósil une la historia natural del territorio con el legado cultural que ha acompañado a los pueblos de México durante siglos.
Una historia evolutiva más antigua de lo que imaginábamos
Hasta ahora, la mayoría de los fósiles relacionados con ajolotes en México procedían de épocas mucho más recientes. El descubrimiento de Ambystoma quetzalcoatli retrocede varios millones de años la presencia documentada de este linaje en el país y ofrece nuevas pistas sobre cómo evolucionaron las especies que actualmente habitan lagos y cuerpos de agua del centro de México.
El hallazgo también confirma que la extraordinaria biodiversidad mexicana posee raíces profundas. Mucho antes de la existencia de las ciudades, de los campos agrícolas o incluso de los seres humanos, los antepasados de los ajolotes ya formaban parte de ecosistemas complejos que evolucionaban entre montañas, lagos y volcanes.
El mensaje oculto en un fósil de 4 millones de años
Existe algo profundamente simbólico en este descubrimiento. Mientras los ajolotes actuales enfrentan amenazas como la contaminación, la pérdida de hábitat y la introducción de especies invasoras, un fósil encontrado en Hidalgo recuerda que su historia comenzó mucho antes de nuestra presencia y que forma parte de un legado biológico excepcional.
Ambystoma quetzalcoatli no es únicamente una nueva especie fósil. Es el testimonio de un paisaje desaparecido, de un ecosistema que floreció y se extinguió con el paso del tiempo, y de una línea evolutiva que logró sobrevivir durante millones de años. En sus delicados huesos se conserva la memoria de un México antiguo, un territorio donde naturaleza, tiempo y transformación han estado entrelazados desde mucho antes de que existiera cualquier registro humano. ¿Cuántas historias semejantes permanecen todavía ocultas bajo la tierra, esperando ser descubiertas?
Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/fosil-ajolote-mas-antiguo/





