Un tsunami de votos censura las políticas de Trump
El Partido Demócrata ha logrado el control del Senado y la Cámara en unas elecciones de medio mandato históricas en las que se han elegido a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los senadores, además de a los gobernadores de 36 estados y cientos de cargos estatales y locales. Las urnas abrieron el martes para más de 250 millones de convocados y la previsión apuntaba a que la participación podría superar los 120 millones de personas, en unas elecciones marcadas por el voto anticipado. A falta de conocer el recuento definitivo, se espera que el margen de victoria demócrata en la Cámara sea de aproximadamente 13 puntos porcentuales, según una proyección realizada por The New York Times, lo que supondría el mayor margen que cualquiera de los dopartidos ha logrado en una elección de medio mandato desde al menos 1976.
Sebastiaan Faber
Para Trump, implica una derrota sin paliativos. Por el momento ya se han producido victorias casi inéditas hasta la fecha como la de Gina Hinojosa, que se ha convertido en la primera gobernadora hispana en Texas, uno de los grandes bastiones republicanos. En Míchigan, el demócrata Abdul El-Sayed ha ganado las elecciones al Senado y se ha convertido en el primer musulmán en la Cámara alta. Repasamos a continuación algunas de las claves de la abrumadora victoria demócrata.
La sanidad universal puede más que la islamofobia. “Si votáis a este jihadista chiflado que os quiere destruir, estáis locos”, gritaba Trump a días de las elecciones, refiriéndose a Abdul El-Sayed, el candidato demócrata para el Senado por Michigan, que sería el primer senador musulmán de la historia del país. También dijo que, si fuera elegido, tendría que pasar por un detector de metales antes de entrar al Congreso, desde donde permitiría la entrada al país de “miles de yihadistas”. Para más inri, la candidata demócrata a la que El Sayed derrotó en las primarias, Haley Stevens, decidió, en un momento de aparente inestabilidad mental a dos días de las elecciones, apoyar al candidato republicano.
No sirvió de nada: El-Sayed será el senador de Michigan. Aunque no fue uno de los candidatos apoyados por los Demócratas Socialistas de América (DSA) de Mamdani, Sanders y Ocasio-Cortez, no cabe duda de que El Sayed, profesional de la salud pública, pertenece al ala izquierdista del partido; en su campaña ha abogado, entre otros temas, por un sistema de sanidad universal y por una reforma del sistema de financiación de las campañas políticas.
En estas elecciones se han gastado unos 12.000 millones de dólares, según estima OpenSecrets
El dinero no siempre habla. Pero sí corrompe. En estas elecciones se han gastado unos 12.000 millones de dólares, según estima OpenSecrets. Es un récord absoluto: nunca una elección en Estados Unidos, ni siquiera presidencial, había costado tanto. Los republicanos recibieron mucho más dinero “de fuera” –aprovechándose del fallo del Tribunal Supremo en Citizens United de 2010– que los demócratas. Elon Musk personalmente gastó más de 450 millones para apoyar a candidatos de la (ultra)derecha. Pero los candidatos demócratas tuvieron más éxito en la recaudación de fondos directos. Mientras tanto, los medios leían el patrón del gasto de parte de los partidos como una especie de mercado de predicción –si un partido deja de invertir en una campaña, la da por ganada o, más probablemente, por perdida–.
Desde hace años, la pelea política entre los dos partidos se ha convertido en una carrera por el dinero parecida a la carrera nuclear de la Guerra Fría. Pero en verdad está cada vez menos claro cuánto peso tiene la inyección de cantidades ingentes de dinero en el balance electoral. Puestos a pensar, es de sentido común que hay un punto de saturación, y que una sobredosis de anuncios y folletos resulta contraproducente.
El hecho de que, a pesar de ello, se siga gastando cada vez más, se explica porque hay muchas empresas e individuos que se aprovechan de la carrera. Todo lo que tiene que ver con la consultoría política, por ejemplo, es un gran negocio –en ambos partidos–. “El Partido Demócrata está siendo devorado por un ecosistema de asesores”, escribían dos periodistas hace poco en The New Republic. “Las firmas, los asesores y los estrategas”, que “cobran millones de dólares de campañas demócratas para recaudar dinero, colocar anuncios y definir la estrategia”, conforman una “clase extractiva” que “saquea las reservas del partido” al mismo tiempo que propone estrategias que sirven a los intereses de los propios asesores, pero “dañan la salud a largo plazo del partido”.
A los republicanos mañosos, el tiro les ha salido por la culata. Aprovechándose de sus mayorías en los congresos estatales y azuzados por la Casa Blanca, los republicanos emprendieron varias iniciativas agresivas de rediseño de distritos electorales –el famoso gerrymandering– con el fin de mitigar las pérdidas que preveían en la Cámara de Representantes. Tanto es así que el estado de California, gobernado por el Partido Demócrata, adoptó una medida de rediseño ad hoc solo para contrarrestar los efectos probables de una iniciativa similar en Texas.
Pero, como explicábamos el otro día, dado que el gerrymandering implica diluir mayorías seguras, siempre supone un riesgo. Si se produce un tsunami, los efectos pueden ser contraproducentes. Y esto es exactamente lo que ha acabado de ocurrir en varios estados republicanos, incluidos Florida y Texas, donde un factor decisivo ha sido el regreso masivo del voto latino al seno del Partido Demócrata.
A día de hoy, Trump y MAGA –incluida su crueldad performativa, su malismo– son un cáncer para el Partido Republicano
Si los demócratas le hubieran pagado a Trump para trabajar a su favor, el presidente no lo podría haber hecho mejor. “Creo que tendré un gran efecto sobre los resultados de esta noche”, dijo Trump en una entrevista en televisión el martes por la mañana. Razón no le faltaba, pero en un sentido contrario al que le gustaría creer. No solo porque sus políticas –desde la introducción de aranceles hasta la guerra contra Irán– crearon una ola de descontento entre el electorado, sino porque en varios estados, incluido Texas, impuso a candidatos francamente impresentables. A día de hoy, Trump y MAGA –incluida su crueldad performativa, su malismo– son un cáncer para el Partido Republicano.
Ante las maniobras de la derecha, el electorado se ha curado en salud. A la vista de las trabas que intentaban poner los gobiernos estatales y el federal, más de la mitad del electorado –casi 58 millones de personas– votó antes del martes, por correo o en persona. En las últimas midterms, las de 2022, esa cifra rondaba los 46 millones.
Los tribunales, incluido el Supremo, han salvado la integridad del proceso electoral –por ahora–. Desde hace meses, la Casa Blanca y el Departamento de Justicia han intentado interferir en los procesos electorales –cuyo control es competencia de las autoridades estatales– y sembrar dudas continuas sobre su integridad, alegando fraudes inexistentes. Ante estos intentos, inauditos y abiertamente anticonstitucionales, el poder judicial ha demostrado ser un crucial dique de contención. Incluso el Tribunal Supremo rechazó de forma fulminante, a días de las elecciones, una petición del gobierno de Trump, que exigía poner en cuarentena unos 20.000 votos californianos supuestamente fraudulentos. A las y los jueces parece que se les ha acabado la paciencia con los tejemanejes del poder ejecutivo. Su actitud inspira confianza de cara a posibles desafíos legales en las semanas que vienen.
Los demócratas se han reforzado a nivel estatal. El tsunami demócrata no solo ha producido mayorías cómodas en el Senado y la Cámara de Representantes. También ha tenido importantes efectos a nivel estatal, donde los demócratas han conseguido resultados excelentes en los senados y cámaras, secretarías del Estado y elecciones a gobernador. Estas ganancias serán cruciales de cara a las elecciones presidenciales de 2028, dado que son los gobiernos estatales los que determinan no solo quién vota, sino dónde, cuándo y cómo.
Fuente: https://ctxt.es/es/20261101/Politica/55685/tsunami-democrata-midterms-sebastiaan-faber-claves-trump-castigo-elecciones.htm - Imagen de portada: Barack Obama, Abdul El-Sayed, y Jocelyn Benson durante un acto de campaña el pasado 1 de noviembre. / Partido Demócrata
