La última crisis tóxica por dioxinas en Alemania.




Carlos de Prada.[1]

Un aceite destinado a uso industrial volvió a acabar en la cadena alimentaria humana. Como otras veces, se espera que la conciencia de la presencia de tóxicos en los productos de consumo lleve a cierto incremento del consumo de productos con más garantías sanitarias como los ecológicos. De hecho, se está viendo que eso es precisamente lo que está sucediendo en los países afectados. Ésa es la clave positiva de la noticia.
Estos casos al menos tienen el privilegio de aparecer en los medios de comunicación de masas y son un aldabonazo en la conciencia de los consumidores. Y entidades como el Fondo de Salud Ambiental debe aprovecharlos para concienciar acerca de la verdadera dimensión de los problemas generados por sustancias como las dioxinas, y que, lamentablemente, va mucho más allá de las crisis de piensos contaminados que de cuando en cuando salpican los telediarios.
Se han usado grasas industriales contaminadas con dioxinas (que deberían usarse para producir combustibles) para la obtención de piensos que acabaron siendo ingeridos por gallinas, cerdos y pavos de miles de granjas.
El tema de los piensos contaminados con dioxinas es solo la punta de un iceberg enorme, pero sumergido (invisible) para una buena parte de la población. La contaminación por dioxinas es algo mucho más general de lo que una parte de la población piensa.
En este tema pasa como en el de la contaminación de los mares por hidrocarburos. La gente se sobrecoge por los grandes vertidos desde petroleros o plataformas, pero estos no son sino tan solo un 10% de los vertidos de ése tipo de hidrocarburos que cada año recibe el mar (y no digamos de la contaminación química global que reciben).
Muchas personas solo creen que existe un problema con tóxicos como las dioxinas cuando hay un caso como este de Alemania. Y se equivocan. Creen que la contaminación por dioxinas es algo excepcional. Pero el tema está lejos de ser excepción. Es, más bien, norma. La contaminación por dioxinas -como con otras muchas sustancias- es cotidiana. Las dioxinas son emitidas constantemente desde instalaciones tales como plantas de incineración de residuos y dada su capacidad de persistir en el entorno y de acumularse en los seres vivos, llegan a nosotros constantemente a través de la dieta. Buena parte de nosotros tenemos dioxinas en nuestros cuerpos.

Y como casi siempre, las autoridades sanitarias, en un ejercicio de irresponsabilidad inaudito, dicen, sin ninguna base científica, que las dioxinas detectadas “no representan un riesgo para la salud”. ¿Si es así por qué la alarma? ¿Por qué las restricciones a los productos contaminados? ¿En qué estudios se basan para hacer tal tipo de afirmaciones?

Las dioxinas, a cualquier concentración, incluso por debajo de los límites tomados como “legales”, sí pueden representar un riesgo. Por ello resulta llamativo que entidades europeas o de alguno de los países involucrados, hayan tenido el mismo tipo de usuales declaraciones. En el Reino Unido, la agencia encargada del tema ha llegado a sostener que "la mezcla de huevos diluye los niveles de dioxinas y no se cree que estos presenten un riesgo para la salud". No deja de sorprender tamaña ignorancia acerca del riesgo real de esta contaminación aparentemente “difusa” y que se relaciona con hechos como que estos contaminantes son activos a niveles bajísimos de concentración o con cosas como creer en falacias anti-científicas como el mito de la "dilución" de los contaminantes, que tantos estragos está propiciando en la salud Occidental.

Las autoridades sanitarias alemanas han detectado, en el caso que ahora nos ocupa, concentraciones de dioxinas varias veces más altas a las permitidas en gallinas ponedoras. No entraremos aquí en si lo permitido es lo seguro, porque sobre ello puede decirse mucho.

Han sido cerradas miles de granjas avícolas y porcinas en Alemania y los productos contaminados habrían llegado a otros países como el Reino Unido, Holanda o Eslovaquia.

La Unión Europea ha advertido que huevos procedentes de granjas que han usado piensos contaminados han sido empleados en productos procesados para la alimentación humana, tales como mayonesa o galletas, en el Reino Unido.
Todavía se está evaluando el alcance de este nuevo caso de contaminación por dioxinas. Pero lo más importante de esta noticia no es alcance del suceso puntual, por importante que sea, sino cobrar conciencia del alcance y consecuencias de la contaminación global por dioxinas, cuyos efectos sobre la salud, aún con frecuencia a niveles muy bajos de concentración, pueden ser notables.

Fuente: http://carlosdeprada.wordpress.com/2011/01/11/la-crisis-de-las-dioxinas-en-alemania-puede-generar-cierto-incremento-del-consumo-ecologico/
[1] Periodista especializado en ecología. Experto en cuestiones ambientales.

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