Centrales nucleares, el sistema más peligroso de hervir el agua








Bernard Laponche
Libération.fr.


El carácter misterioso de la energía nuclear y el aura científica que la rodea enmascaran mucho la realidad de su utilización en las centrales nucleares: se trata de calentar el agua bajo una presión suficiente o hacerla hervir con el fin de producir el vapor que a su vez produce la electricidad gracias a un turboalternador, como en una caldera de carbón. Un reactor nuclear es una caldera en la que el calor, en vez de producirse por la combustión del carbón, por ejemplo, se produce por la fisión de núcleos de uranio 235 contenidos en el combustible (las «barras» de uranio o de óxido de uranio).
La fisión consiste en una especie de explosión del núcleo del uranio, provocada por su encuentro con un neutrón que da lugar a los productos de fisión, orígenes del núcleo inicial, y a algunos neutrones que, a su vez, provocarán fisiones en los núcleos vecinos: es la reacción en cadena.
Los productos de fisión son propulsados a gran velocidad por esa explosión, provocando la subida de la temperatura del combustible. Dichos productos son inestables, por lo tanto fuertemente radiactivos, y emiten las radiaciones que producen a su vez un calentamiento del combustible. El mantenimiento de la reacción en cadena en el reactor permite calentar el agua o hacerla hervir bajo una presión suficiente para producir el vapor que a continuación produce la electricidad. En los reactores del tipo de los que hay en casi todas las centrales nucleares del mundo, el calor del combustible es evacuado por el agua (reactores de agua a presión) o por el vapor producido por la ebullición del agua (reactores de agua hirviendo).
Así pues, el objetivo de un reactor nuclear es producir ese calor. El inconveniente es que dicha producción de calor va acompañada de la producción de materias radiactivas extremadamente peligrosas, y el objetivo de la seguridad nuclear es impedir que esas materias radiactivas se escapen del reactor debido a un accidente que destruiría las protecciones del medio que contiene los combustibles y en el que se produce la reacción en cadena, el «corazón» del reactor.
En situación normal, por ejemplo para reemplazar los combustibles usados por combustibles nuevos, o en situación de alerta por la posibilidad de un accidente por una causa externa o interna, se detiene la reacción en cadena gracias a las barras de control cuyo material absorbe los neutrones. Pero debido al calor que continúan produciendo los productos de fisión radiactivos, es absolutamente necesario seguir refrigerando los combustibles y por lo tanto hacer que circule el agua de refrigeración.
El accidente más temible es la pérdida de la refrigeración, bien sea por fallos técnicos en el funcionamiento de los sistemas de seguridad (como en el accidente de Three Mile Island en Estados Unidos en 1979), o debido a la pérdida de la alimentación eléctrica de las bombas (fallo de la red, falta de funcionamiento de los combustibles de emergencia, por ejemplo debido a una inundación o a la destrucción de la sala de máquinas, como en el accidente de Fukushima, en Japón). Si el corazón del reactor no se refrigera, el calor residual, que sigue siendo considerable, conducirá al deterioro del combustible que puede incluso llegar a fundirse parcial o totalmente. Debido al encadenamiento de la falta de funcionamiento de ciertos dispositivos técnicos, a la producción de hidrógeno o a fugas eventuales, se llega no sólo a la destrucción interna del reactor, sino también a la proyección al exterior de cantidades más o menos considerables de gas y materias radiactivas.
Qué diferencia espantosa entre el drama de Fukushima y el propósito de esos reactores ahora en peligro: hervir el agua.
Existen múltiples sistemas para calentar o hervir el agua y producir vapor a 300º (agua-vapor en un reactor de agua hirviendo) o agua bajo presión a 320º (agua en un reactor de agua presurizada), temperaturas relativamente bajas, de ahí el mal rendimiento de las centrales nucleares. Por la combustión de carbón (poco recomendada debido a las emisiones de CO2) o de gas natural (mejor desde ese punto de vista debido a la doble generación de calor y electricidad o al ciclo combinado, de alto rendimiento en la producción de electricidad), y además la madera, residuos vegetales y biogás. También se puede captar la radiación solar, concentrándola en placas, para producir electricidad (solar termodinámica).
También existen numerosos medios de producir electricidad sin hervir el agua: hidráulica (presas, corrientes de agua), eólica, solar fotovoltaica, solar termodinámica (concentración de los rayos solares en placas para llegar a temperaturas suficientemente altas), geotérmica a alta temperatura, energías marinas (mareomotriz, energía de las olas, turbinas que utilizan las corrientes, energía térmica de los mares). Es cierto que todas esas técnicas no están desarrolladas industrialmente y algunas siguen siendo más apreciadas que las centrales térmicas, pero ninguna ha recibido los enormes apoyos públicos que han acompañado desde el principio a la energía nuclear. Todas pueden presentar ciertos riesgos pero ninguna presenta el peligro terrorífico, extendido en el tiempo y en el espacio, de la catástrofe nuclear.
No pueden hacernos creer que el ingenio humano que supo controlar el fuego hace 400.000 años y desde entonces ha inventado y desarrollado las máquinas más inteligentes (la bicicleta y el tren entre las más notables), no es capaz de desarrollar rápidamente y a gran escala la utilización de todas esas energía renovables. Y que por lo tanto se puede prescindir de la energía nuclear sin privarnos de la electricidad.
Además, en Francia en particular, la prioridad que se impone, tanto por razones de seguridad energética como de riesgo climático, de reducir el consumo de energía por medio de la sobriedad y la eficacia energéticas se impone también para la electricidad: Se puede, y es necesario, reducir el consumo en los países más ricos y por parte de las poblaciones más ricas.
Hace unos días, en un importante periódico francés, cuatro fervientes partidarios de las centrales nucleares escribieron esta frase terrible que condena en sí misma su propia causa: «Existirán siempre, y por todas partes, escenarios en los que podrán producirse catástrofes como la de Fukushima». Una frase para el futuro y sin el condicional. Por lo tanto la humanidad tendrá que acostumbrarse a que ocurran este tipo de catástrofes «de vez en cuando» (¿Cada diez años?), unas veces en un país y otras en otro; ¿y la frecuencia de los incidentes probablemente crecerá con el aumento del número de países que optarán por construir centrales nucleares?
¡No! Un futuro así es inaceptable. Preferimos construir y vivir un futuro energético más simple, más sobrio y más luminoso.

Bernard Laponche es doctor en ciencias físicas de reactores nucleares y experto en políticas energéticas y en control de la energía.
Fuente: http://www.liberation.fr/monde/01012327368-nucleaire-le-moyen-le-plus-dangereux-de-faire-bouillir-de-l-eau Traducido para Rebelión por Caty R.

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La Soberbia de los expertos: “Tener energía nuclear no es jugar a la ruleta rusa”

Por: DANIEL VITTAR

En el mundo existen actualmente unas 450 plantas nucleares. Decenas más están en construcción o, por lo menos, en los planes futuros de varios países, incluyendo a la Argentina y Brasil. Esto lleva a afirmar al doctor Rafael Grossi, director General Adjunto de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) que “ la energía nuclear es una realidad , más allá de las cuestiones filosóficas o ideológicas”.
El especialista argentino, que llegó a ese alto cargo en la AIEA (el organismo dedicado a controlar la energía nuclear en mundo) hace un año, defiende con tacto y prudencia –tiene una larga carrera diplomática– el uso de la energía nuclear y le hace frente a las críticas de los ecologistas. En ese sentido, sus frases son categóricas. “Plantear la desaparición de la energía nuclear es utópico”, asegura.
¿Qué responde ante las críticas que surgieron a la energía nuclear? Toda actividad industrial genera riesgos. La cuestión es qué se hace al respecto. La industria nuclear es una realidad en el mundo, independientemente de la posición filosófica que se tenga al respecto. Si analizamos lo que sucede en el mundo, aporta aproximadamente el 20 por ciento de la energía total. En algunos países no aporta nada y en otros muchísimo. De modo tal que es una realidad que no podemos negar. Plantear la desaparición de la energía nuclear es utópico, pero es lógico que cuando se produce un episodio como el de (la planta nuclear de) Fukushima o Chernobyl mucha gente diga que representa un riesgo. La industria nuclear no implica más o menos riesgos que otras industrias.
¿Cuáles diría que son los beneficios frente a otras fuentes de energía? La energía nuclear es estable, otorga un nivel de previsibilidad importantísimo. No depende ni del viento, ni del sol, ni de las nubes, sólo de que la planta funcione bien. Segundo, es limpia, de las más limpias que existen. Un país industrializado que dejase de tener energía nuclear multiplicaría el factor de emisión de gases de carbono a la atmósfera. La energía nuclear, curiosamente, es muy ecológica.
¿Y en cuanto a la seguridad? Sí, es una industria que requiere una alta dosis de seguridad. Y ahí está el debate. La industria tiene que ser segura y después cada país elegirá. Pero, evidentemente, tener energía nuclear no es jugar a la ruleta rusa. Implica tener un alto nivel de seguridad.
¿Por qué cree que es tan cuestionada? Lo que sucede es que cuando uno tiene una posición ideológica o filosófica determinada, siempre lo va a ver de otra manera, y va a ver en un accidente la confirmación de sus temores, de sus prejuicios. Además, lo nuclear siempre tiene esa imagen vinculada al armamento prohibido. Por eso es un tema tan complejo.
¿Qué cree que sucederá tras esta crisis en Japón? Yo creo que a raíz de todo este accidente va a haber una fuerte tendencia a reforzar la seguridad nuclear en todas las plantas. Y llevará a que las medidas que se tomen sean aún más estrictas de lo que son actualmente. En este punto, probablemente la Agencia Internacional de Energía Atómica adquiera poderes más relevantes. Ahora sólo podemos asesorar o monitorear, pero nada más.

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ALERTA NUCLEAR | Considera que los acontecimientos son 'imprevisibles'
Naoto Kan admite que la situación en Fukushima aún es de 'alerta máxima'

el primer ministro japonés, Naoto Kan, ha asegurado este martes que su Gobierno sigue "en estado de alerta máxima" por los problemas de Fukushima, al tiempo que consideró que los acontecimientos en la central son "imprevisibles", informa France Presse.
El Gobierno pidió que se analicen también los alrededores de la central de Fukushima Daiichi para determinar si el terreno contiene plutonio, después de que se detectaran pequeñas cantidades de este material en la planta.
El plutonio es altamente tóxico y es mucho más peligroso para la salud humana que los isótopos radiactivos del yodo y el cesio encontrados hasta ahora.
Aumento de la vigilancia
El portavoz del Gobierno japonés dijo en rueda de prensa que la presencia de plutonio supone un reto para los trabajadores de la central, por lo que será necesario aumentar la vigilancia sobre la planta de Fukushima, que tiene serios problemas en cuatro de sus seis reactores.
La alta toxicidad del plutonio, un material presente en el reactor 3, que usa una mezcla de ese elemento con uranio, dificultará el trabajo de los operarios de la central, después de que ayer se detectara agua altamente radiactiva en un conducto en el exterior de unidad número 2 .
Edano dijo que la prioridad sigue siendo enfriar los reactores y las piscinas de combustible, aunque ahora se deben drenar las zonas de los edificios de turbinas de las unidades inundadas con agua radiactiva para evitar la extensión de la contaminación y la salida de líquido al exterior.
"La refrigeración es prioritaria, pero tenemos que evitar que se acumule agua en los conductos de los reactores con salida al exterior", indicó Edano.

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DESAPARECIDO | Crisis de Fukushima

¿Dónde está Masataka Shimizu, presidente de Tepco?
ELMUNDO.es | Madrid


Masataka Shimizu lleva sin ser visto desde el 13 de marzo, dos días después del terremoto. El presidente de Tokyo Electric Power Company (Tepco), la empresa dueña de los reactores nucleares de Fukushima, no ha dado la cara en público esta semana, ni tampoco ha sido visto en su apartamento de lujo en Tokio, lo que ha disparado los rumores sobre él.
¿Se ha suicidado? ¿Está hospitalizado? ¿Ha huido del país? ¿Se ha escondido en su casa? Portavoces de la compañía aseguraron esta semana que su jefe sufrió una "pequeña enfermedad", no concretada, por el agotamiento sufrido tras el colapso de su central nuclear, informa 'The Washington Post'.
Ryo Shimitsu, uno de los portavoces de la empresa, aseguró que Shimizu, de 66 años, volvió tras su enfermedad al centro de mando situado en la segunda planta de la sede central de Tepco. Sin embargo, si se les pregunta dónde está, sólo dan respuestas vagas y declinan dar más detalles. "Voy a ir a comprobarlo", dice Shimitsu.
Terremoto en el trabajo de toda una vida
Shimizu lleva toda su vida en Tepco, donde entró a trabajar a los 23 años, pocas semanas después de graduarse en la elitista universidad de Keio. No obstante, tras tanta dedicación su sueldo sería relativamente bajo comparado con el de otras empresas europeas. Aunque la eléctrica no lo concreta, él y otros 20 directores se repartieron 6,3 millones de euros en 2009, unos 315.000 euros por cabeza.
Desaparecer durante los momentos de crisis es una costumbre en Japón, como ya pasó con la directiva de Toyota el pasado año. Sin embargo, la catástrofe nuclear de Fukushima ha podido con todo.
"No es tan extraño como inexcusable", afirma Takeo Nishioka, presidente de la Cámara Alta del Parlamento japonés. "Es un misterio" el rechazo de Shimizu a la propuesta de unirse a la cabeza de la agencia de seguridad nuclear, dijo en el Parlamento. "No puedo entenderlo", añadió.
Lo primero que aparece en la página web de Tepco es un comunicado escrito de Shimizu en el que muestra las "más sinceras condolencias" de la empresa por las víctimas del terremoto sucedido en 11 de marzo. Después vienen "nuestras más profundas disculpas por las preocupaciones e inconveniencias causadas por el incidente la central nuclear de Fukushima Daiichi y la filtración de sustancias radioactivas".
Sin embargo, el gobernador de Fukushima, Yuhei Sato, no perdona. La sociedad japonesa "no está en posición de aceptar las disculpas porque su ira y su ansiedad son extremas", dijo a la televisión.
"Personalmente, le recomendaría hablar en público lo más pronto posible", afirmó Toko Kanoh, ex vicepresidente de Tepco. Su silencio ha encrispado al mismísimo primer ministro japonés, Naoto Kan, quien gritó "¿qué diablos está pasando?" cuando Tepco retiró a gran parte de los empleados de la lucha para salvar la planta nuclear.

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